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El terremoto de la guerra

Mapa con la situación de la guerra en Ucrania el 28 de abril de 2022 (Estado a las 11:00 horas)

Mapa con la situación de la guerra en Ucrania el 28 de abril de 2022 (Estado a las 11:00 horas) / Europa Press

A diario estamos viendo imágenes en televisión de ciudades completamente destruidas por la devastación de la guerra, imágenes que nos son mucho más cercanas que las de otros conflictos del lejano Oriente o Asia central. Nos recuerdan imágenes de la Segunda Guerra Mundial en el corazón de Europa. La televisión nos ha insensibilizado a las imágenes de personas fallecidas, hogares destruidos y grandes áreas arrasadas por bombardeos destructivos. En esta nueva guerra vemos edificios y construcciones que reconocemos como si fuera nuestra ciudad, como si fuera Alicante. El video del impacto de un misil hipersónico ruso sobre un Leroy Merlin en Kiev acercó mucho más esta guerra a nuestra realidad, podría haber sido perfectamente aquí en Alicante: Una estructura moderna de hormigón armado queda completamente destruida tras el impacto de este misil que alcanza una velocidad de más de 2.000 km/h en el impacto, generando una fuerza absolutamente demoledora.

Al ver estas imágenes podemos plantearnos que ocurriría en nuestra ciudad, en los edificios modernos de hormigón armado, edificios que están diseñados incluso para resistir terremotos. La realidad es que, en la actualidad los códigos estructurales no contemplan de modo general la capacidad de las construcciones para resistir este tipo de impactos, tan solo en el caso de edificios de aparcamientos se contempla el posible impacto de un vehículo a 20 km/h para el cálculo de los pilares en las plantas en las que circulen automóviles. Los valores de estas acciones sobre las estructuras son extremadamente reducidos frente a las que generaría el impacto de un obús en esa misma posición.

Las construcciones que se han calculado y diseñado para soportar terremotos dotan de mayor capacidad resistente a sus estructuras, sin embargo, los refuerzos se encuentran en las plantas inferiores, donde mayores esfuerzos se producen durante el terremoto. Estas construcciones suelen tener estructuras más resilientes, sin embargo, no podrían garantizar la seguridad estructural frente a este tipo de acciones generadas por misiles, obuses u otro tipo de elementos que además de tener un diseño específico para penetrar y generar daño, tienen una elevada masa, son muy rígidos, van a una elevada velocidad y además portan cargas explosivas. Desde el punto de vista sísmico, se plantean algunos criterios específicos para evitar la caída de elementos secundarios de tabiquería, cerramientos y aplacados a la calle, pero para nada están diseñados para absorber el impacto de obuses o cargas explosivas. Se pueden recordar como ejemplo las imágenes de los atentados de ETA en Alicante en 2003, donde se apreciaban cerramientos y tabiquería totalmente destruidos que se convirtieron en metralla que generó aún más daño.

Solamente algunas construcciones civiles muy singulares como las centrales nucleares o grandes depósitos de gas licuado tienen consideraciones específicas en el cálculo e incluyen en su diseño posibles impactos de misiles. Habitualmente estas estructuras no están compuestas de vigas y pilares sino de placas de hormigón armado. Para construcciones convencionales, existen numerosos estudios para analizar el comportamiento de estructuras bajo el impacto de “misiles” generados por huracanes: vehículos, árboles u otros elementos que podrían impactar contra las construcciones cuando son arrastrados por el viento. Otros ejemplos de “misiles” podrían ser los elementos que flotan en el cauce de los ríos donde se ubican pilas de los puentes que podrían sufrir un posible impacto. De forma general no existen criterios normativos que actualmente se apliquen en España en construcciones convencionales o incluso en edificación que las doten de la protección necesaria para estas acciones.

Tras los diversos atentados que han ido ocurriendo en EEUU desde 1996, su Departamento de Defensa ha ido desarrollado una serie de criterios para la protección de edificaciones frente a ataques terroristas. Con estas instrucciones se ha diseñado la protección de embajadas e instalaciones singulares en España para resistir, en cierto modo, algunos tipos de explosiones. Estos criterios no son de obligado cumplimiento y por tanto no se aplican de forma general en la construcción dado que la probabilidad de que se presenten este tipo de acciones es muy reducida, prácticamente no existe. En España la probabilidad que se produzca este tipo de acciones es inferior a que se presente un sismo de elevada magnitud.

Como conclusión a esta reflexión, si presentase una situación bélica como la de las ciudades ucranianas de Jersón o Mariúpol en Alicante, incluso en las zonas de construcción reciente, nuestras construcciones responderían de una manera muy similar a la que observamos en las imágenes de estas ciudades golpeadas por la guerra.

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