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José A. García del Castillo

LA PLUMA Y EL DIVÁN

José A. García del Castillo

Incertidumbre

Los médicos de la UCI advierten de la pérdida de personal. AXEL ALVAREZ

Esta moderna sociedad, tan avanzada y tecnológica en la que nos ha tocado vivir, está repleta de paradojas a las que normalmente les prestamos poca o ninguna atención. Lo importante es que nos sintamos seguros con las protecciones que hemos sido capaces de generar para que nuestra vida se vea colmada de bendiciones.

Si nos vamos de compras tenemos la plena certeza de que aquello que compramos está absolutamente garantizado, porque ha tenido que pasar por un buen número de controles de calidad.

Si adquirimos un producto perecedero, podemos comprobar al instante cuándo caducará, su procedencia, la fecha de envasado, y con plena tranquilidad llevárnoslo a la boca sabiendo que no moriremos envenenados. Esta alta credibilidad en el sistema de regulación nos proporciona esa seguridad que nos hace tan vulnerables cuando tenemos que tomar decisiones por nosotros mismos.

Si el producto está pasado de fecha lo tiramos a la basura sin más, estando posiblemente en un estado excelente de consumo, pero cuando está dentro de los márgenes no caemos en la cuenta de que puede estar en mal estado, porque no ponemos en duda, ni un instante, esa posibilidad.

La paradoja aparece cuando algo falla en el sistema y un triste pepino se trasforma, por imperativo gubernamental, en un asesino en serie. Dos noticias y tres declaraciones después, provocan un cataclismo monumental en el mundo de los pepinos y todo su entorno, obligándonos a tirar cientos de toneladas de lustrosos y sabrosos pepinos completamente inocentes.

Por generalización, y siguiendo un nuevo principio psicológico que acabo de acuñar como «incertidumbre inducida» llegamos a la conclusión de que no podemos fiarnos del sistema y todo aquello que venga de la mano del pepino, puede ser objeto de duda razonable, por lo que decidimos condenar a los tomates, las berenjenas, las lechugas, las frutas, las legumbres, aunque nadie, ni nada, nos haya advertido de posibles riesgos para nuestra salud de estos alimentos.

El principio de incertidumbre inducida, donde tiene más efecto es en temas de salud. En la sanidad española la incertidumbre inducida es directamente proporcional al lugar donde nos traten nuestro proceso de enfermedad y al médico responsable de hacerlo.

En una sociedad tan avanzada, todavía suceden paradojas escalofriantes como citar para dentro de un mes a un paciente oncológico después de una revisión rutinaria y llamarlo al día siguiente de darle la cita urgiéndolo a que hable con su médico en tres días. Después de tres angustiosos días de espera imaginando su muerte, el médico le informa de que todo ha salido bien.

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