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Antonio Sempere

El teleadicto

Antonio Sempere

Los actores del ring

Un ring en una imagen de archivo

La capacidad de los hacedores de Repor para contarnos historias que nos atrapen está intacta. En Los actores del ring nos acercaron al colectivo de practicantes en España de eso que llamamos «pressing catch». Unos aficionados a un deporte que está lejos de profesionalizarse dado que desde que en la década de los ochenta del pasado siglo los espectáculos languidecieron, ahora se ofrecen como exhibiciones gratuitas. Hasta que no se cree afición suficiente no es posible que sus practicantes puedan subsistir con ello. Un profesional gana cien euros por combate.

Dos «pata negra» del reporterismo, Carlos Enrique e Ignasi Rodríguez, fundadores del programa, con más de trescientas entregas a sus espaldas, fueron los encargados de acercarnos la realidad de estos luchadores que, en contra de lo que se cree, sí reciben los golpes de verdad, por más que los combates estén guionizados y coreografiados. Unos son incapaces de combatir sin máscara. Puesto que, como ocurre en el teatro, es ella la que les transforma en el personaje que quieren ser.

A ninguno le importa que le asignen el rol del ganador o del perdedor en según qué combates, puesto que lo importante es contar la historia, como en una película, y enganchar al público. De lo que no cabe duda es de la adrenalina que les mantiene sobre el cuadrilátero desde el primer segundo que lo pisan. Esa que logra que no sientan las caídas más bestias. Incluso aquellas que se producen de espaldas sobre un montón de chinchetas doradas.

Repor vuelve a reinventarse cada semana, indagando en ciertas zonas de sombra, en caras desconocidas de nuestra sociedad. Incómodas, molestas, o sencillamente ocultas. Lo injusto es que se la propia televisión la que también arrincone tan excelso programa.

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