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Francisco José Benito

Análisis

F. J. Benito

El Tajo-Segura se salva en los despachos y ahí la partida se ha perdido

El Gobierno no se va a atrever a cerrar el trasvase, no miente, pero la decisión de secarlo para la agricultura está tomada

Un momento de la concentración de ayer en la plaza de la Montañeta de Alicante Héctor Fuentes

«Ya basta de diferencias, tenemos que unirnos todos en un frente común y mostrar unión, no división, hacer como en Castilla-La Mancha». Las reflexiones de Ana Barceló -le faltó añadir "como en Fuenteovejuna", citando al insigne Lope de Vega-. Sajeña (algo debe haber escuchado de los problemas del agua en su comarca), síndica del PSPV, partido del que es presidenta, sus palabras sonaron casi atronadoras en medio del fragor de la concentración de la plaza de la Montañeta de Alicante, organizada por los agricultores para defender la continuidad del trasvase Tajo-Segura. Ese acueducto que desde hace 43 años solo ha traído progreso y bienestar para la provincia de Alicante, amenazado de muerte para el campo y que claro que es «irrenunciable», según no se cansa de repetir en los últimos dos años el presidente de la Generalitat, Ximo Puig. Primero con la boca pequeña y a medida que ha visto que con su compañera de partido, la vicepresidenta Teresa Ribera, es imposible, subiendo el tono dispuesto a acabar en los tribunales.

Ahora, abierta la carrera por la renovación de la Presidencia de la Generalitat, con el PP subiendo enteros por el efecto Mazón-Feijoó y con Vox subiéndose a los tractores, el PSPV quiere ponerse al frente del frente, perdonen la redundancia, por el agua. Bienvenido, pero el lugar de los políticos y los cargos públicos no es la calle, son los despachos y ahí han fallado estrepitosamente. La Generalitat optó por el perfil bajo, por el diálogo y cuando se ha dado cuenta de que la estrategia no servía ha acabado echándose a la calle a su manera, a veces con el mando a distancia.

No lo duden. El Gobierno no se va a atrever a cerrar el trasvase... para el abastecimiento urbano, es decir, para el consumo «de boca», pero si se consuma el aumento de los caudales ecológicos en la cabecera del Tajo, el golpe para la agricultura será mortal. No hay agricultor que pueda pagar el agua desalada a 1,2 euros el metro cúbico, cuando las naranjas se las compran a 6 céntimos el kilo, según se pudo escuchar este martes en la plaza de la Montañeta de Alicante.

Y esa es la realidad que vive el sector primario de la provincia de Alicante, que no pinta nada en Madrid por mucho que la vicepresidenta Ribera haya llamado de nuevo a los agricultores a una reunión el viernes en la sede del ministerio. ¿Para qué? Para venderles las bondades de la energía fotovoltaica. Para anunciarles otra lluvia de millones de euros para no se sabe muy bien qué. En el Ministerio para la Transición Ecológica llevan semanas con informes contradictorios sobre el aumento de los caudales ecológicos, y todos oficiales. El propio presidente de la Confederación Hidrográfica de Segura, Mario Urrea, nada sospechoso, ha pedido, con datos en la mano, que lo mejor es que todo siga como siempre. Es decir, que el Tajo envíe todos los años 350 hm3 a Alicante y Murcia, no el río entero, para evitar un desastre. ¿Qué más necesita la vicepresidenta para recapacitar?

El recorte del trasvase Tajo-Segura, la incertidumbre sobre el Júcar-Vinalopó, la venta a pérdidas que forzosamente se produce cada día que no se pone en marcha la Ley de Cadena Alimentaria, la falta de medidas efectivas contra la inflación y la escalada de precios de productos fitosanitarios y la brutal presión fiscal que se ejerce contra los productores ha llevado al campo a una “situación límite” que “puede vaciar nuestros campos y nuestros pueblos para que los compren los grandes fondos de inversión a precio de saldo”, según han denunciado los agricultores.

El presidente de Asaja-Alicante, José Vicente Andreu, agricultor, empresario que se juega día a día su patrimonio por mantener la actividad que heredó de la familia, considera que la crisis de la agricultura es sólo el anticipo de otra crisis más profunda que sufrirán todos los alicantinos y españoles. La huerta de Europa depende exclusivamente del trasvase Tajo-Segura porque el precio del agua desalada es imposible para el agricultor. El sector aporta más de 3.000 millones de euros cada año al PIB nacional, el 0,2% de todo lo que se genera en España en un año, y genera 70.000 puestos de trabajos directos e indirectos. ¿Más datos?

Por supuesto que hay que mejorar la gestión del agua; se ha hecho mucho en este sentido y se puede seguir haciendo. Por supuesto que no se puede demonizar la desalación, por supuesto que la calidad del agua residual depurada se puede mejorar; pero poner en duda la efectividad del Tajo-Segura tras 43 años de progreso resulta, como mínimo, de necios, sobre todo cuando no se tiene en marcha todo lo que se ha prometido en mejora de las infraestructuras. Ahora bien, si el futuro pasa por comer tomates de Marruecos y naranjas de Egipto; pues adelante, pero lo pagaremos, y bien caro.

Uno de los regantes de toda la vida, de los que siempre ha estado en primera línea, confesaba tras la concentración. Me ha dado más la impresión de estar más en un entierro que en una protesta. Malo.

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