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Eduardo Galante

Eduardo Galante Patiño

Catedrático de Zoología de la Universidad de Alicante - Presidente de la Asociación española de Entomología (AeE)

El declive de los insectos y el día mundial de la biodiversidad

¿Sabías que hay hormigas que esclavizan a otras y crían granjas de insectos?

El 22 de mayo es el día mundial de la Biodiversidad. En otras circunstancias lo celebraríamos, pero la verdad es que poco tenemos que celebrar cuando las evidencias nos enfrentan a la cruda realidad de un empobrecimiento creciente de la diversidad de los seres vivos que nos acompañan en esta aventura de la vida. Unos días antes habremos celebrado el día de las aves que nos habrá recordado que en los últimos cincuenta años han desaparecido cerca del 1,5% de sus especies y que aproximadamente el 25% de ellas ha experimentado una grave reducción de sus poblaciones. Además, sabemos que la tercera parte de los peces de agua dulce, el 21% de las especies de reptiles, 32% de los anfibios, y el 56% de las especies de mamíferos de selvas tropicales y más de un tercio de los mamíferos marinos, están en riesgo de extinción. Me pregunto en ocasiones si seremos capaces de darnos cuenta de la magnitud que estos datos significan, de lo que estamos haciendo con nuestro planeta, de la sangría de vida que provocamos por la destrucción de hábitats, la contaminación y un cambio climático que es consecuencia de nuestras actividades y mal uso de los recursos energéticos.

Las cifras son ciertamente alarmantes, y deben hacernos reflexionar y animar a la toma firme de decisiones, algo que parece de momento no formar parte de nuestras prioridades como sociedad ni de los rigen nuestros destinos. Pero si difícil es hacer llegar el mensaje de la grave situación que afecta a los grupos animales mencionados, imaginen la dificultad cuando se trata de seres vivos poco conspicuos y nada presentes en el imaginario de nuestra sociedad. Existe una biodiversidad insistentemente ignorada, que pasa inadvertida cuando no menospreciada, y que sin embargo encierra la mayor diversidad de seres vivos de nuestro planeta. Son los insectos, con más de un millón de especies conocidas, y probablemente con más de 10 millones por descubrir, los que agrupan al 75% de las especies que pueblan la tierra. Es este el grupo de animales más amenazado en la actualidad, ya que como nos lo han recordado en los últimos años numerosos medios de comunicación, el 40% de las especies de insectos a nivel mundial están en riesgo, lo que significa que más de 400.000 especies de estos seres vivos se ven afectadas y tan sólo en unos 10 años podrían desaparecer el 25% de sus especies.

Los insectos son imprescindibles para la vida en la tierra, y por si no nos habíamos dado cuenta de lo que está pasando en su mundo, cabe recordar lo que ocurría hace tan sólo unas décadas cuando viajábamos en coche por España. Atravesar nuestros campos suponía parar varias veces, no sólo a repostar combustible, sino a limpiar el parabrisas del coche donde cientos de pequeños insectos quedaban pegados tras el impacto en carretera. Ahora viajar es más cómodo, y no sólo porque la ingeniería haya mejorado nuestro medio de transporte, sino porque el parabrisas ya no se tapiza de insectos. Sin embargo, lo que parece una buena nueva, en realidad nos pone de manera brusca ante una grave realidad, los insectos ya no están presentes en nuestros campos con el mismo nivel de abundancia y diversidad que tenían antaño. Algo está pasando en el mundo de estos pequeños animales por los que raramente la sociedad ha manifestado interés por conservar a pesar de la importancia que tienen en los ecosistemas terrestres y de agua dulce. De ellos dependen importantes servicios ecosistémicos como la polinización y producción de frutos de plantas silvestres y cultivadas, la degradación de restos animales y vegetales y su incorporación al suelo como nutrientes de vegetales. Los insectos forman parte de la dieta de numerosos vertebrados, muchos de ellos amenazados de extinción, y su uso en control biológico de plagas nos ayudan a tener un mundo más saludable, con una producción de alimento libre de contaminantes que contribuye a mantener nuestra salud.

Las causas del declive de los insectos hay buscarlas en las drásticas transformaciones del paisaje y los ecosistemas, los profundos cambios de usos del suelo, la grandes extensiones dedicadas a producción agrícola intensiva, la creciente ocupación del territorio por infraestructuras y procesos urbanizadores que han propiciado la destrucción del medio natural, la desconexión de las áreas urbanas de la naturaleza de su entorno, el grave impacto del cambio climático y la creciente pérdida de actividades agroganaderas tradicionales desarrolladas en armonía con su entorno natural que habían sido generadoras de paisajes diversos y llenos de vida.

Se hace imprescindible emprender acciones urgentes y eficaces que permitan profundizar en el conocimiento de los insectos con el fin de poder contribuir a frenar su desaparición, porque el destino de los humanos y de los insectos está interrelacionado, los necesitamos para que la vida en la tierra siga su curso y en este momento existe una degradación sin precedentes de la biosfera que socava el bienestar y pone en duda nuestro modelo de desarrollo. No se necesitan de grandes acciones, sino a veces simplemente un cambio de paradigma en la gestión de nuestro entorno más cercano. Cada uno de nosotros podemos hacer pequeños gestos que favorezcan su presencia y vida. Nuestras ciudades podrían ser refugio de una importante diversidad de insectos y contribuir así a mitigar su desaparición. Podemos potenciar en nuestros balcones, terrazas, jardines y solares la existencia de pequeños hábitats favorables a los insectos manteniendo plantas autóctonas que proporcionen refugio y alimento.

En la medida de nuestras posibilidades tendríamos que ser capaces de desarrollar programas divulgativos que muestren los importantes beneficios ambientales, sociales y económicos que nos aportan. Los insectos son imprescindibles para la vida y por ello tenemos que trasladar a las administraciones de nuestras provincias y ciudades la necesidad de desarrollar acciones como un mayor control de podas, mantener la presencia de plantas silvestres, las mal llamadas malas hierbas, en jardines, rotondas y cunetas erradicando su siega en plena floración e introducir en jardinería plantas atractivas para los insectos. En definitiva, entre todos deberíamos ser capaces de favorecer entornos urbanos que propicien una mayor diversidad de hábitats para insectos y la biodiversidad en general.

Si logramos poner en marcha estas acciones estaremos favoreciendo como sociedad la biodiversidad y entonces si encontraremos motivos para celebrar su día mundial.

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