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Francisco José Benito

Dejar morir al turismo del Imserso es un desprecio para los de siempre, nuestros mayores

El Gobierno asfixia un programa de éxito y, sobre todo, social que no puede mantenerse sólo a cuenta de las empresas cuyos ERTE no son la tirita para todo

Jubilados haciendo gimnasia en la playa de Poniente de Benidorm en una imagen de este invierno David Revenga

La vida te reserva sorpresas cuando menos las esperas. Unas agradables, otras desagradables, otras trágicas y algunas, como la que he podido vivir esta semana, relacionada indirecta o no tan indirectamente con el sector turístico, motor de la economía de la provincia, de lo más entrañable. Luis, compañero en la recepción del periódico, contactaba conmigo el jueves para pasarme una llamada de un lector que quería comentarme algo del Imserso. Pasaba la media tarde y estaba a punto de recoger cuando una voz al otro lado del auricular, nada más y nada menos que desde Castro Urdiales (Cantabria), se presentaba: soy Santos Merino, amigo de tu padre. No sé si te acordarás de mí.

Santos, amigo de mi padre, que el mes que viene hará 20 años que nos dejó. No me pregunten como sucedió, pero de repente la voz de Santos, un señor que pasa ya de los ochenta, me trasladó al Bilbao de mi adolescencia y, en concreto, a la puerta del antiguo cine Trueba donde mi padre charlaba con él una tarde de viernes a finales de los años 70 antes de entrar conmigo a ver una película de cuyo título no he conseguido acordarme.

¿Santos Merino? Claro que me acuerdo, le espeté. El hombre se emocionó, me habló de lo buen periodista y buena persona que era Joaquín Benito. Hubo un segundo en que se me puso hasta un nudo en la garganta y tras ese instante de emociones encontradas le pregunté qué quería de mí 45 años después.

Y ahí voy. A este hombre de 80 años, fiel todas las primaveras a su cita en un pequeño hotel del casco antiguo de Benidorm al que llegará en breve, como todos los años, le había llegado al móvil una noticia que publicábamos en el periódico sobre el futuro incierto del turismo el Imserso. Miró la firma, leyó Benito y automáticamente recordó que el hijo mayor de Joaquín se había afincado en Alicante. Y casi una vida después de aquella cita en Bilbao, Santos y el que esto firma, se ponían hablar del turismo del Imserso, hoy contra las cuerdas por la subida de los costes y la incapacidad del Ministerio de Asuntos Sociales para arreglar el problema.

Un problema que necesita reacción urgente. Porque ya no está en juego que miles de nuestros mayores, esas personas a las que les debemos todo, muchos con pensiones miserables, puedan disfrutar de diez días al sol en una buena playa, sino que está la propia economía de miles de familias en la provincia cuyo sustento depende directamente de ello. Por supuesto que nadie se hace rico dando posada a los abuelos que llegan en invierno a la Costa Blanca, pero no se olviden que de que ellos puedan disfrutar del paseo y la playa en pleno invierno depende también el que muchos hoteles pequeños y familiares puedan mantener sus puertas abiertas y a sus trabajadores en activo durante la temporada baja. Sin ellos, más rentable sería, incluso, esperar al verano con los trabajadores en sus casas.

Cierto es que el programa se parió mal desde el principio por los bajos precios que contaminaron las tarifas en general, pero la situación actual es ya insostenible. Con un aumento de los costes de producción por encima del 25% no hay empresa, sea hotelera, de transportes o auxiliar que pueda mantener las tarifas de años anteriores, y esta vez la amenaza va en serio. Si no hay un giro radical, puede que el próximo invierno el turismo del Imserso haya pasado a mejor vida y con él se destruirán miles de empleos, desde el recepcionista del hotel al del panadero que sirve al mismo.

El desfase entre los 24 euros que han recibido este año los hoteles por cada cliente que hospedan y la realidad es evidente, ya que la inflación descontrolada hace que cada plaza salga por no menos de 34 euros (pensión completa). Este año, con la reducción a cinco meses de la temporada, y al no coparse todas las plazas, el volumen económico para el sector turístico en general ha pasado de los 60 millones de euros a unos 45 millones (menos que lo que movió el fin de semana de San Isidro), ya que hay hoteles que no llegaron ni a abrir. La Costa Blanca tenía asignadas 200.000 plazas de las 800.000 en toda España. La patronal advierte de que o el Gobierno reacciona o muchos hoteles van a optar, como ya ha sucedido este año, por cerrar en invierno.

El Gobierno estableció a través de su contrato que la retribución a los hoteleros sería de 24 euros, pero según un informe económico de la patronal, producir una pernoctación del Imserso ya costaba 27 euros solo de coste operativo de producción en diciembre de 2020, y se elevaba a 33 euros teniendo en cuenta los costes de estructura, como IBI, hipotecas, alquileres, préstamos… echen ustedes mismos las cuentas.

Cien millones de euros en pérdidas, 5.000 trabajadores en ERTE, 250.000 turistas perdidos, 65 hoteles cerrados y un golpe letal para la imagen del sector turístico de la Costa Blanca en toda Europa fue el balance de la cancelación del programa de 2020-2021 debido a la pandemia. El Imserso operaba en Benidorm, Calp, Dénia, l’Alfàs del Pi, Gandía, Guardamar, Xàbia, Peñíscola, Vinaroz Alicante y Torrevieja. La cifra de este año se redujo a unos 30 establecimientos.

La relación entre los hoteleros y el Imserso ha oscilado siempre como un péndulo que va del amor al odio. Ambos saben que se necesitan el uno al otro para sobrevivir. La Costa Blanca, y sobre todo Benidorm, lo tienen claro, pues los jubilados representan un mercado infalible para romper con la estacionalidad durante la temporada baja. Sin embargo, los bajos precios a los que el programa mantiene sometidos a los hoteles desde hace años hace que los empresarios califiquen, con razón, de «humillación» el verse abocados a trabajar en estas condiciones.

A diferencia de lo que ha ocurrido con el agua, esta vez el Consell ha reaccionado, pero se encuentra, de nuevo, hasta ahora, con el portazo de Madrid, que ni contesta a la Generalitat ni a la patronal hotelera. Tiene gracia que un Ministerio bautizado con el nombre de Asuntos Sociales mire hacia otro lado. Ni nuestros mayores, ni el sector turístico se lo merecen y los ERTE tampoco pueden ser la solución infinita. La gente quiere trabajar, no vivir subvencionada.

Posdata: José María Caballé, presidente de Servigroup, la primera cadena hotelera de la Comunidad Valenciana, ha sido crítico con el programa del Imserso desde que arrancara, precisamente porque siempre defendió que con esos precios no se iba a ningún lado. Ni ahora, ni hace 30 años. Hoy, la realidad le ha dado la razón.

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