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José María de Loma

El tuiterío

Twitter.

Una de las más interesantes noticias de los últimos tiempos ha sido que el magnate Elon Musk iba a comprar Twitter. Me gusta. Sin embargo, ha provocado el caos en la compañía. Compañía es como se le dice ahora a las empresas. Asevera Musk que hay muchas cuentas falsas. Y ahí tenemos la explicación de por qué cuando uno pone una cosa genial, uno de esos tuits sin los que la humanidad no puede seguir funcionando, tiene apenas tres retuits. Y uno es de tu vecino, que te considera majete. El precio inicial que se fijó para que Musk fuera dueño del pajarito fue de 44.000 millones de dólares, una cantidad que ni usted ni yo podemos imaginar.

Pero Musk se ha rajado o está ejerciendo una treta para comprar más barato y ahí estamos, en un impasse, que no impide que Twitter siga girando, cancelando, alabando, escupiendo bilis o elogios, puteando a alguien cada día. Ardiendo. Arde Twitter, en efecto, pero esta vez es un incendio en su seno (qué fino me ha salido). En cualquier caso, Musk ha puesto el pulgar en la llaga o mejor dicho el ojo en el problema: hay muchas cuentas falsas o abandonadas. No interactúan o son manejadas cada mucho tiempo. Cualquiera de nosotros, teniendo más de doscientos o trescientos seguidores, notamos que decenas de cuentas nunca actúan. Y si de avatar tienen la cara de un perro o el rostro de un alien, menos. El problema de Twitter es la monetización, o al menos eso es lo que le oye uno a la gente que entiende y a los que venden humo, que parece que se han puesto de acuerdo en este diagnóstico. Y en otros. Hay gente que en lugar de ideas tiene estribillos. Yo no sé qué es eso, monetizar, pero me barrunto que es que no se le saca pasta. Que la peña se pasa tres horas al día en esa red, pero no paga, no aporta. Algunos no aportan ni ingenio.

Ya hubo un intento de tuits de pago: pagar por leer los tuits de determinada persona. Pues como no ponga una foto en pelotas… O eso o que sea Einstein o Borges, que va a ser que no. Lo demás, los demás, somos contingentes, o sea, pasajeros, no necesarios, tuiteros día sí, día no. A mí Twitter me sigue gustando. Bien dosificado.

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