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Andrea Mirambell

Andrea Mirambell Calvo

Portavoz de Joves amb Iniciativa-Compromís Comarca de l’Alacantí

Cuando todavía es gratis mirar hacia el castillo

Visitas teatralizadas en el Castillo de Alicante Héctor Fuentes

Alicante, esa ciudad que mira al mar con los mismos buenos ojos que mira al turista. Esa ciudad que mira al resto de municipios de su comarca igual que a su ciudadanía: por encima del hombro, para que no tapen su objetivo, la búsqueda del billete fácil (para el lucro y enriquecimiento de los que parecen ser siempre los mismos).

Y una vez más queda demostrado. Los despropósitos que ocurren en la ciudad no dejan de sorprendernos. Parece que lo hagan a cosa hecha, que les da igual con tal de copar portadas e informativos. «Que hablen de mí, aunque sea mal, pero que hablen». Esto es Alicante.

Una ciudad en la que se priman las sanciones económicas a personas vulnerables en lugar de ayudarlas. Un municipio que recorta el presupuesto de áreas imprescindibles en el desarrollo social y humano de la ciudad, con tal de mantener contento a su ya principal socio de gobierno, la ultraderecha. Una urbe que apuesta por el cemento en vez de incluir el verde en sus calles. Una capital con supuestas irregularidades en las oposiciones. Una localidad puntera en el turismo que todavía, tras años de nefasta gestión y desgana, es incapaz de encontrar una persona que dirija su Patronato.

Sí, esto es Alicante, city and beach. Da igual que las vecinas, en definitiva, sus votantes, pasen penurias; que convivan con la suciedad en las calles (total, pago un premio y mando un comunicado sacando pecho); no dispongan de recursos municipales suficientes para atender sus necesidades, aunque de recaudar impuestos sí se acuerdan; o tengan que compartir la luz de farolas entre barrios. Aunque, bueno, parece que, con hacer presencia en actos vecinales y parafernalias varias, los votos se recuperan.

Una ciudad que, como he comentado, mira al mar igual que lo hace con el turista. Con buenos ojos y la vista puesta en el talonario. Así queda demostrado. Solo hay que alzar la cabeza para ver el dastillo de Santa Bárbara. Porque, parece, es lo único que podemos hacer, mirarlo, que todavía es gratis; pero no lo digan en alto, a ver si recibimos una multa por no pagar las vistas.

Ya lo comentaron ediles de la oposición, tanto de mi partido Compromís como de Unidas Podemos (hay que ser honestos y reconocer el trabajo de las compañeras), se está realizando una «privatización encubierta» del castillo de Santa Bárbara, ya demostrada tras adjudicar a una licitadora la gestión de este BIC del que podemos presumir y, como buenos alicantinos, admirar.

El castillo ya no es para la ciudadanía, es para el turista y el deleite de unos pocos que pueden permitirse el lujo de disfrutar sus espacios. Hoy vuelve a ser una fortaleza controlada por los intereses económicos de políticos y empresarios. Los primeros por su carencia de gestión y los segundos por su lucro sin miramiento tras convertirlo en un circo que nada tiene que ver con sus orígenes a cambio de un rédito que desprestigia la imagen que tenemos de ciudad y siglos de crónicas. ¿Patrimonio? En Alicante no sabemos lo que es, mucho menos sacarle partido. Lástima de historia.

Convertir el castillo de Santa Bárbara en un paraíso para snobs es un error. La última: una oferta de cenas para ver los tradicionales fuegos artificiales desde la alcazaba. Un lugar «emblemático al servicio de las personas», como dice la adjudicataria, desde 49 euros. Más bien debería rezar algo así: «un lugar emblemático al servicio de un intento de socialité que presume de comer jamón mientras mira los fuegos y se olvida de que en la calle hay gente que esquiva multas cuyo único objetivo es impedirle toda oportunidad de reinserción».

Mientras que no asumamos errores y no hagamos nada por solventarlos, Alicante seguirá siendo lo mismo: una ciudad que abandona a la ciudadanía para seguir viviendo en una burbuja cuatro años más, donde las redes sociales de sus gobernantes se seguirán llenando con fotografías de eventos, anuncios y proyectos fantasma para ocultar la gestión de malgasto de un presupuesto de trescientos trece millones, con cero inversiones en pro de la ciudad, que solo sirve para el lucro de empresas sin apostar por el buen hacer del personal municipal.

Háganselo mirar.  

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