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Francisco Esquivel

Temporada de aúpa

El presidente de la Diputación, Carlos Mazón, junto al alcalde de Elche, Carlos González, y la edil de Cultura, Marga Antón. Diputacion Alicante

Desde que se asomó el verano el candidato del pepé a las autonómicas que nos esperan no levanta el pie. En los primeros 25 días del ciclo se marcó unas 40 apariciones ante los medios. Entre ellas, tomen nota, limpiando el mar en Benissa -no todo, claro-, a caballo de la bici por Paterna, reuniéndose con colectivos de inserción social, del taxi, elegetebeí, de las plataformas católicas en defensa de la religión como materia de estudio, con divisiones educativas, sanitarias, industriales, de la dependencia, dándole su toque a la paella en las fiestas del Grao y enfundándose una camiseta con el lema «Salvem la música» que debió hacer pitar los oídos de Mónica Oltra en un añito para enmarcar.

Salvo en Alicante donde sí es conocido, las encuestas vienen delatándole a Mazón que lo suyo algo de tomate tiene puesto que se apuntó en primera fila a la feria de la popular hortaliza en El Perelló. Y tras la mascletà andaluza si no compareció antes que Moreno Bonilla poco le faltó. Por mucho que el viento sople a favor, que sopla, sabe que el contrincante no es moco de pavo. Lo advirtió por esas calendas el audaz González Pons: «El peligro para Puig es ser víctima de Sánchez». El aspirante suspira por extremar al rival, pero el inquilino del Palau calmado es. Y al igual que Juanma además gestiona y despliega el mapa con la instalación de la gigafactoría de Wolkswagen, el relanzamiento de la Ciudad de la Luz y la inversión anunciada por Ford. Diferentes sectores están pendientes por si al candidato hiperactivo le da por volver a pisar el acelerador o cae en la cuenta de que estamos en pleno agosto.

Algo de esperanza se ha desparramado al verlo recluido en la institución que preside pendiente de los ciberataques detectados en la red desde Rusia que se han multiplicado por cinco alcanzando casi 6.000, cientos de ellos calificados por los expertos como muy graves. El frenesí de los hackers en encriptar información por la que luego exigir algún rescate es posible que obligue al ínclito a cambiar la hoja de ruta. Putin está que se muerde las uñas.

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