Están jugando con Alicante a un juego de la oca siniestro: de faena en faena, de agravio en agravio, de discriminación en discriminación. Y siempre tiran ellos, los que sean, porque a nosotros no nos toca nunca. Ayer hablábamos de la Agencia Valenciana de la Innovación, que de nuevo ha conseguido concitar la indignación de casi todos los agentes sociales de la provincia. Y mira que eso es difícil. Cómo será la indignación de grande que hasta el presidente de la CEV provincial, Joaquín Pérez, no fue esta vez el soldado que marcha en el sentido contrario a sus compañeros de desfile, como suele pasarle tan a menudo. Hasta él estaba de acuerdo con el resto del mundo. Fíjense lo grave que será lo de la AVI…

Pero, ya que estamos castrenses, pasemos revista a la tropa. ¿Reaccionó el president Puig o el Consell intentando arreglar la enésima puñalada trapera de García Reche a Alicante? Nada, poco y mal, por ese orden. La nota de la consellera Josefina Bueno es una sinfonía de impotencia que recuerda a la sinfonía de impotencia que sirvió de fondo el año pasado a la misma escena vivida por su predecesora, Carolina Pascual, cuando la AVI, siempre libre de marca, volvió a hacer lo que acostumbra. ¿Alguien piensa que este es el cuento del escorpión y la rana y que todo esto pasa por el mal carácter del primero? No. El agravio está perfectamente orquestado y es intencionada la humillación a Alicante. El escorpión, en este caso, es un ninja bien entrenado. Josefina Bueno no debería preguntar por quién doblan las campanas de la torre de marfil de la AVI: doblan por ella y su conselleria. No es solo Compromís quien quiere cargarse “el artefacto”, como llaman a la única conselleria con sede en Alicante. En el PSPV hay muchos, Y Ximo lo sabe, como en el meme…

Pero lo del “chiringuito” de García Reche son juegos florales al lado del presidente Sánchez y sus presupuestos para 2023. Ya han visto los titulares: son los peores de la historia para la provincia de Alicante, superando incluso a los peores de Rajoy. Como es malo para la salud esto de irritarse más de la cuenta, y motivos sobrados nos dan cada día, les propongo tres reflexiones muy a bote pronto que nos sirvan para mirar al futuro, indudablemente negro, que nos están preparando. 

Primera. Esto no es una cuestión de partidos aunque sí de política. Puede parecernos, es normal, que PP y PSOE compiten desde hace años cuando gobiernan en Madrid en quien pasa más de la provincia, presupuestariamente hablando. El hecho es que la curva del gráfico de barras que acompaña esta opinión nos demuestra que vamos a menos desde hace tiempo. Pero con una salvedad: si mañana estuviera en el gobierno de la nación el Partido Cantonalista Aragonés seguramente pasaría lo mismo.

Segunda. Lo que nos está pasando en Alicante no se va a solucionar solo: va a seguir empeorando. ¿La causa? No pintamos nada en ninguna parte. Y debemos admitirlo. Como les pasa a los alcohólicos, hay que subirse al atril y aceptar lo que hay para empezar a cambiar. Por otro lado, instalarse en el agravio no lleva a ningún lado porque otros van a seguir decidiendo lo que merecemos y si no hacemos algo esto nunca coincidirá con lo que creemos que merecemos. Ni, por supuesto, con las matemáticas de Primaria que dicen lo que nos debería corresponder.

Tercera.  Necesitamos un lobby, grupo de presión, organización prestigiada y prestigiosa con un solo objetivo: fortalecer nuestra posición para que hacerle esto a Alicante sea imposible o francamente difícil. Debe ser transversal social y económicamente, capaz de presionar a los poderes políticos y económicos y de ponernos en el mapa trabajando a 15 o 20 años vista. Tenemos que admitir desde ya que ni desde Valencia ni desde Madrid van a llegar las soluciones, desengáñense. Aunque haya que estar mucho más en València y Madrid (entre otras capitales europeas y/o mundiales) para encontrarlas. Lo que nos está pasando es un síntoma, no es la enfermedad. No es lógico que un territorio con la potencia económica y social como Alicante sea ninguneado tan sistemáticamente y con tanta facilidad. Tenemos que descubrir qué falla y ponerle remedio. Hasta que no nos convenzamos, seguirán dándonos en la misma mejilla hasta que la mano les duela… o pasen a la otra.