Opinión | La Cuarta Vía

Alicante nunca tiene suerte en Madrid: ni con unos ni con otros

Los Fondos Next Generation pasan de largo por la provincia pese a que la construcción ha demostrado ser el mejor bálsamo para salir de las recesiones desde el crack de 1929 y tras las guerras que han asolado Europa

La entrada de los trenes de mercancías al puerto de Alicante se hace por una plataforma que no se ha tocado en 50 años

La entrada de los trenes de mercancías al puerto de Alicante se hace por una plataforma que no se ha tocado en 50 años / Rafa Arjones

Sostienen aquellos alicantinos más veteranos que la provincia todavía no ha terminado de pagar en Madrid que Alicante hubiera sido uno de los últimos bastiones republicanos en rendirse a las tropas de Franco. Y en esta aseveración, entre la leyenda y la ficción, todavía hay quien sigue encontrando el motivo por el que año tras año nos quedamos siempre en la cola presupuestaria de España. Sin razones ni argumentos y motivos peregrinos aparte, sea como fuese, lo cierto es que, de nuevo, parece que vamos a ser los parias de España en 2023.

Y es que solo hace falta echar un vistazo a las recién presentadas cuentas públicas, pero con el agravante además, y esto es fantasía pura, de que este Gobierno, que sigue ignorando a la provincia, nada tenga que ver con aquel que se formó tras la Guerra Civil, bajo una dictadura militar, y luego, tras la restauración de la democracia, con los ejecutivos formados por partidos, más a la izquierda o más a la derecha, que también siempre han sido rácanos con Alicante. Una provincia que orgullosamente se las ha arreglado para salir adelante gracias a contar con industriales emprendedores y la ayuda del sol y playa que atrajo a los inversores extranjeros para convertirla en un destino turístico emblemático.

Y una provincia que, aunque agradece gestos como las fastuosas cumbres políticas anunciadas, simplemente demanda la financiación que le legítimante le corresponde desde hace mucho tiempo. El apoyo público serio brilla por su ausencia, sobre todo en lo que se refiere a la obra pública, prácticamente paralizada desde que llegó el AVE en julio de 2013, a excepción del nuevo acceso viario al aeropuerto, el mismo que sigue sin conexión ferroviaria.

Tenemos un gran aeropuerto -construido para satisfacer la enorme demanda existente y no al revés, con la esperanza de captarla algún día, como se ha hecho con tantos otros-, mal comunicado con los municipios de la provincia, pero un gran aeropuerto. Cierto es también que la Alta Velocidad llegó, casi de milagro, pero llegó, pero no es menos cierto que seguimos contando con autovías calificadas eufemísticamente como de primera generación (Alicante-Villena, una carretera nacional ensanchada que espera una remodelación real desde hace cuarenta años). Son solo ejemplos de cómo los avances en la provincia se producen por imperiosa necesidad y no como una inversión que se adelanta al futuro para situarnos a la vanguardia de algún campo como tanto gusta anunciar a los políticos. Esto aquí no pasa.

A vueltas con la fortuna

Porque está muy claro que Alicante no ha tenido nunca suerte en Madrid, ni con unos ni con otros, y la prueba, negro sobre blanco, vuelven a ser, insisto, los actuales presupuestos que nos colocan a la cola de la inversión en España pese a ser la quinta provincia en términos de población. En un momento, además, en el que el problema no es la falta de fondos económicos (ahí están los miles de millones de los fondos Next Generation con los que nos riega Bruselas para salir de la crisis el covid y ahora de la guerra de Putin), sino esa animadversión que parece tener el Ejecutivo de Pedro Sánchez por el cemento, sirva para hacer un trasvase, una carretera o una estación de tren, de AVE o de cercanías.

Y a Ximo Puig no le quedan más parches tras gastarlos en subvencionar el riego, el turismo del Imserso o hacerse cargo de conectar la estación el AVE de Villena con la autovía. Un dinero que debiera aportar Madrid.

La pandemia del covid y la guerra en Ucrania son para nuestra generación de europeos algo parecido a lo que fue el crack financiero de 1929 o la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos y el resto de Europa. ¿Cuál fue entonces la solución? Tirar de la obra pública, del ladrillo en todas sus versiones, para crear empleo, sueldos y, en definitiva, actividad para que el mundo tuviera todos los días un plato que echarse al cuerpo.

Una fórmula que siempre ha funcionado pero que al menos para el próximo 2023 se descarta y, por otro lado, deja sin efecto la llamada que hizo en pleno verano Javier Gisbert, presidente de la patronal de la obra pública, cuando alertó de que el sector necesitaba 15.000 trabajadores para no pararse, ya que la grave crisis que afectó al sector en 2007 provocó que muchos de sus trabajadores se vieran obligados a reciclarse en otros sectores como el de la hostelería, algunos se jubilaron y otros, extranjeros que quedaron en paro, regresaron a sus países de origen.

La retenciones en las carreteras están a la orden del día

La retenciones en las carreteras están a la orden del día / Héctor Fuentes

La consecuencia directa es que, a día de hoy, el sector no encuentra profesionales cualificados para levantar fachadas o paredes, ni encofradores, instaladores de pladur, soldadores o montadores de instalaciones de fontanería y electricidad. Vistas las cifras de los presupuestos, habrá que tirar con lo que hay, pues no parece que leyendo entre líneas estas cuentas nos vayan a dar una sorpresa agradable: ni dinero para las autovías (partida para su conservación sí, solo faltaba), ni partida suficiente para agilizar el Corredor Mediterráneo, ni la cercanías - vayámonos olvidándonos del Tren de la Costa- y en materia hídrica, qué les voy a contar. Entre caudales ecológicos y falta de lluvias, el trasvase Tajo-Segura empieza a agonizar y la solución, la aplicación de la desaladora de Torrevieja, se ha aplazado hasta 2024… de momento. Lo peor es que la sensación que nos queda es que esto no tiene arreglo gobierne quien gobierno en Madrid.

La patronal alicantina ya sacó los colores al Gobierno hace tres años con un informe demoledor. El Ejecutivo, este y los anteriores, bien fuesen socialistas o populares, debía unos 4.000 millones de euros en infraestructuras a la provincia para vertebrar sus conexiones con Madrid, Valencia y Murcia, y poder crear más riqueza y empleo.

Inversiones multimillonarias para paliar el que la provincia se haya metido en la tercera década del siglo XXI con un déficit acumulado de 2.896 millones de euros en inversiones que, según los empresarios, se debían haber invertido en el periodo 2008-2018. Diez años que coincidieron con la crisis económica y la desinversión pública, y que ahora pasan factura, pues, según los expertos, si se hubiera invertido sólo la mitad de ese déficit económico acumulado en infraestructuras, hoy estarían cubiertas el 40% de las actuaciones que ahora vuelven a plantearse y que colean desde hace años en Alicante.

Entre ellas, y como más urgentes, la conexión del aeropuerto en tren con Alicante y Elche, la construcción de un tercer carril en la autovía A-7 entre Elche y el túnel de Sant Joan, en la A-31 entre Elda y Monforte del Cid, el tren de la Costa, y la urgencia de prolongar el TRAM hasta la Plaza Triangular de Benidorm y el Hospital de San Vicente.

El informe «Alicante, horizonte 2030» de la Cámara y la CEV se envió a todos los partidos políticos. Pero se ha quedado en papel mojado. El eje ferroviario Alicante-Elche que incluye la conexión con un tren de cercanías al aeropuerto Alicante (incluyendo estaciones en IFA y el Parque Industrial de Torrellano) entre Elche y Alicante ejecutando la variante de Torrellano tenía coste aproximado es de 295 millones de euros, que hoy se ha rebajado a 85 millones, 1,3 para 2023.

La gran obra ferroviaria demandada por la patronal que es el Tren de la Costa, entre Alicante y Valencia con estaciones en Dénia, Benissa y Benidorm para favorecer la movilidad tanto de residentes como de turistas, se ha difuminado, pese a que se llegó a plantear que arrancara desde la llamada «Estación del Norte de Alicante» que se ubicaría en San Vicente, remodelando la actual de cercanías.

Otra de las infraestructuras que los empresarios consideran estratégica es el Corredor Mediterráneo con la mejora del acceso ferroviario al puerto de Alicante. Es necesario electrificar la línea y la construcción de apartaderos (aparcamientos) para trenes de 750 metros de longitud. Primero con un tercer carril y en el futuro con plataforma completa de ancho internacional. Se necesita también un intercambiador ferroviario de mercancías en San Isidro, un segundo en el área funcional de Alicante-Elche (zona norte) y un tercero para las mercancías de Villena, sin descartar el proyecto de Zona Logística.

En materia viaria, sigue siendo básico contar con un tercer carril un en la A-70 entre Elche y el túnel de Sant Joan con un paso inferior en la rotonda de la Universidad de Alicante. Para desahogar la circunvalación de Alicante habría también por eliminar definitivamente el peaje en la ronda de pago entre El Campello y Monforte del Cid. Otra de las obras que no puede soportar más retrasos es la construcción de un tercer carril en cada sentido en la autovía A-31 que conecta Alicante con Elda y, en concreto, en el tramo Elda-Monforte para reducir el colapso del tráfico y mejorar la seguridad vial. El coste estimado de este proyecto alcanza los 162 millones de euros. ¿Saben cuánto dinero hay presupuestado en 2023? Multipliquen el coste por cero.

Posdata. Una compañera se bajó el otro día del AVE en Chamartín. Su destino final era Atocha. Treinta y cinco minutos de metro madrileño con 13 paradas. No, no se equivocó de línea. El futuro está en el norte de Madrid aseguran los gurús económicos. ¿Y mientras? Lo dicho, Alicante no tiene suerte en la capital de España. Lo recordaba esta semana Nacho Almirola, prsesidente de Ineca: además, en la provincia solo se ejecuta el 42% de lo que se presupuesta. Cristalino.