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Francisco José Benito

La cuarta vía

F. J. Benito

Turistas británicos: a veces polémicos pero imprescindibles para el éxito de la Costa Blanca

El final de las fiestas de Benidorm representa el pistoletazo de salida a la temporada baja y, pese al éxito de este año, todavía falta por recuperar un 15% de los visitantes ingleses prepandemia

Una pareja de británicos, cerveza en mano, durante la Fancy Dress Party celebrada a mediados de mes en Benidorm David Revenga

Una anécdota. Los Yeomen Warders son los guardianes ceremoniales de la Torre de Londres. Su cometido oficial es velar por la seguridad de las Joyas de la Corona, aunque en la práctica actual son una de sus principales atracciones turísticas. Su vistoso uniforme y su generalizado apodo sirvieron para ilustrar las etiquetas de la no menos popular ginebra Beefeater. Hace ya bastantes años, en el que fuera mi primer viaje a la capital de Gran Bretaña, una de las visitas obligadas era pasarse por la Torre de Londres y toparse con esos populares guardas de la antigua cárcel. Obligada la visita y obligada la fotografía junto a esos simpáticos personajes. Una vez inmortalizada la instantánea, el hombre nos preguntó de dónde veníamos. Cuando respondimos España, el beefeater no nos preguntó si de Madrid, Sevilla, Barcelona o Bilbao. Simplemente se le iluminó la cara y exclamó: ¡Benidorm!, hermoso lugar. Seguro que alguno de ellos ha disfrutado de la Fancy Dress Party celebrada este año en Benidom, y ahí voy.

Desde hace unos días, con el final de las fiestas de Benidorm y la celebración el jueves 17 de la Fancy Dress Party, el extravagante carnaval conocido en Reino Unido como “La Fiesta”, en la que 40.000 británicos toman las calles de la capital turística disfrazados de humorísticas maneras, puede decirse que la Costa Blanca dio por finiquitada la temporada alta turística de 2022, la del comienzo de la recuperación del sector tras dos años de sombras por la pandemia del covid.

Una temporada todavía atípica que cabalgó insegura la Semana Santa, pero que finalmente arrancó con fuerza a finales de junio para despedirse el penúltimo fin de semana de este mes de noviembre con buen sabor de boca. Despedida que da paso a tres meses de incertidumbre turística propios de una temporada baja que los últimos años antes de la pandemia comenzábamos a desestacionalizar tras mucho trabajo del sector en lo público y lo privado. Pero este año regresa con crudeza, ya que el Imserso no llenará todas las camas, el turismo español apenas cubrirá los fines de semana y las fiestas de guardar, la mayoría de los mercados internacionales todavía se mueven a cuenta gotas y la provincia sigue vetada para los 150.000 rusos que nos visitaban todos los años.

¿Qué nos queda para evitar el cierre de muchos hoteles y apartamentos de esos que no solían hacerlo antaño? Sí, guste más o menos a algunos, queda la baza de los visitantes británicos, un mercado potente, pero que aún se sitúa todavía un 15% por debajo de las cifras del recordado exitoso 2019 y que proviene de un país que, ojo, acaba de entrar en recesión y que tiene los tipos de interés por las nubes.

Afortunadamente, muchos de estos turistas son tan fieles a la Costa Blanca que llegaron a proclamar en una feria virtual celebrada el pasado mayo ante la amenaza de la actual crisis económica que preferían priorizar sus vacaciones en nuestra tierra a renovar el vestuario o salir a comer o a cenar en sus ciudades de origen. Por eso digo que, sin ellos, este invierno, aunque obviamente será mejor que el pasado, no va a ser todavía el mismo. No basta.

El descontrol de la energía y de las materias primas ha disparado los precios y provocado una importante pérdida del poder adquisitivo de los británicos que, en consecuencia, reducen sus presupuestos para gastar. El 70% de los ingleses ha suprimido el dinero que consumían comiendo en restaurantes, mientras que un 60% asegura que reducirá este año su gasto en ropa de invierno y al final, por mucho que en la Costa Blanca estén como en casa e incluso les salga la vida más barata que encendiendo la calefacción de su casa y comprando en su supermercado de confianza, el invierno que arranca ahora va a ser duro para el sector, como lo demuestra el hecho de que la principal preocupación del ciudadano británico en este momento sea económica. En concreto, llegar a final de mes. La inflación golpea donde más duele. Por ejemplo, el kétchup, salsa clave en la dieta de los ingleses, ha subido un 57% -perdonen la ironía- y las familias son de media unos 2.500 euros al año más pobres, la mayor caída de calidad de vida desde mediados del siglo XX.

El hecho de que destinos como la Costa Blanca y, sobre todo Benidorm, continúen entre los lugares del mundo con mejor relación calidad/precio han consolidado a la provincia como un lugar refugio para las vacaciones en medio de la tempestad económica. Pero que a nadie se le escape que Turquía y el norte de África vuelven a estar en el mercado y la posición privilegiada que ostentamos puede relevarse en cualquier momento.

El turista británico ha sido, es y será estratégico para explicar el fenómeno turístico de la provincia, y, no digamos, de Benidorm. El apego es tal que muchos llegan a identificar sus vacaciones en España con el solo hecho de haber pasado una semana en Benidorm. Y eso no quita que el modelo necesite dar el paso definitivo hacia una revisión antes de que sea tarde, algo que no solo se arregla con inteligencia artificial. 

Porque no se puede mirar al futuro ignorando la trayectoria. Muchas cosas han cambiado desde que a principios de los años 70 del siglo XX un grupo de emprendedores, apoyados por los turoperadores, se lanzara a la transformación de bancales en hoteles para crear la Florida europea, pero hasta ahora solo el covid consiguió detenerla económica y psicológicamente aquel infausto marzo de 2020 en el que todo saltó por los aires e incluso hubo aviones británicos que se dieron la vuelta en pleno vuelo al conocer que el Gobierno español cerraba fronteras. Pero, aunque hemos conseguido remontar, y está más que demostrado que en la provincia de Alicante sabemos hacer un turismo de calidad, el sector todavía ha de permanecer alerta, pues afrontamos el invierno con la incertidumbre de saber cuál será el comportamiento de los turistas ingleses hasta el próximo marzo. Es lo que hay.

Los británicos han vuelto este año, no tanto los turistas de otras nacionalidades, y de ahí que nadie pueda entender, y menos en esta provincia, cómo puede haber gobiernos autonómicos, no el nuestro, que, incluso, desprecien este mercado como si la coyuntura internacional nos permitiera elegir o seleccionar a quien vamos a hospedar y si es de aquí o de allá. Por supuesto que borrachos y alborotadores sobran en todas partes, pero no identifiquemos a todo el turista inglés con este perfil. Treinta mil británicos tienen, además, su segunda residencia en la provincia de Alicante. ¿Altercados? Cero.

Posdata. Las estadísticas -aquí también suele haber cocina- nos señalan que el 96% de los turistas extranjeros (seis millones) que visitaron la Costa Blanca el verano pasado quedaron satisfechos o muy satisfechos, mientras que el 55% afirma tener intención de volver en los próximos 12 meses. Ese es el camino.

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