«A veces lo que es contra lo justo por la misma razón deleita el gusto». Arte nuevo de hacer comedias (1609) de Lope de Vega.

Los grupos de la oposición municipal ilicitana (verbigracia: PP, Cs y Vox) han vuelto a reclamar en el último pleno la inmolación política de la concejala de festejos, verbenas y barracas, Mariola Galiana. O si no, al menos una reprobación. O algo. No por los vericuetos de los contratos exprés de cuestionable ortodoxia administrativa de las fiestas patronales (que también, de paso), sino porque hipotéticamente ha vuelto a liarla con los trajes para las reinas y damas, que se adquirieron sin la preceptiva factura conformada y compulsada. O sea: otro caso de ejecución avant la signature, como el de las exhumaciones del cementerio viejo.

Lo más curioso del asunto es que reclamaban la destitución de la atribulada edil no por su mala gestión, sino por mentir a la opinión pública. Tiene hondura ética el exhorto, sin duda, porque ¿qué sería de la opinión pública y sus familiares si se permitiera a un político mentir e irse de rositas? ¿A qué extremos llegaría el noble ejercicio del servicio público si sus ejercientes no dijeran siempre la verdad? ¿Quién iba a confiar en ellos y ellas? Probablemente varios millones de contumaces votantes, pero eso ya debe ser analizado a la luz de la teoría del condicionamiento operante, que no viene al caso.

"La cuestión es que el alcalde, Carlos González, no dejó a Galiana salir a defenderse de las acusaciones de mendaz y desmañada, quizás para evitar males mayores"

La cuestión es que el alcalde, Carlos González, no dejó a Galiana salir a defenderse de las acusaciones de mendaz y desmañada, quizás para evitar males mayores dado su brioso carácter. Defendió el honor de la edil agraviada su compañero y portavoz socialista, Héctor Díez, con la vehemencia que le caracteriza (e incluso más). Sin embargo, el mejor defensor de la dama en apuros fue el concejal no adscrito, Eduardo García-Ontiveros (EGO), quien plenamente poseído por el espíritu de Alonso de Salazar (1564-1636), desfizo el aquelarre de Zugarramurdi que, según desveló el propio edil ante el estupor general de los asistentes al auto de fe, había maquinado el Directorium Inquisitorum opositor contra la inocente doncella festera, que ni era bruja ni tenía escoba (todo lo más, mopa).

Expediente

El edil sin grupo aclaró que había hablado con los técnicos municipales, y que había constatado que el expediente de los trajes era correcto, a falta de una última firma, precisamente de un técnico. Pero la orden se quedó enmarañada en el sistema ciberespacial del Ayuntamiento dando vueltas como un trozo de cohete chino y nadie se dio cuenta. Y es que los sufridos contribuyentes de a pie no son los únicos que padecen las perniciosas consecuencias de la administración electrónica; también muerde la mano de los funcionarios que la alimentan. Así que conminó a los concejales de PP, Vox y Cs a hablar más con los funcionarios y enterarse de lo que pasa antes de denunciar brujerías. Ante tal argumentación, qué otra cosa podía pasar sino la exoneración de la edil y la restitución de su honor, gracias también en parte a la mayoría de PSOE y Compromís (ediles estos últimos, por cierto, que no abrieron la boca en este peliagudo asunto).

Mayoría Absoluta

Es lo bueno de tener la mayoría absoluta. Que se lo digan a Blanca González, edil de festejos con el alcalde socialista Alejandro Soler, que tras pasar a la oposición en el siguiente cuatrienio popular (2011-2015), Mercedes Alonso y los suyos no solo la reprobaron bien reprobada por las facturas que dejó en los cajones, sino que además se quedó sin dedicación exclusiva. Y eso sí que duele.

Tras el mal trago plenario, Galiana, para demostrar que todo lo que había dicho de ella la oposición era falso, salvo alguna cosa, e imbuida ya plenamente del espíritu navideño, proclamó a quien quisiera oírla que además de regresar el belén navideño a la Glorieta, también se recupera este año el nacimiento tradicional de inspiración ilicitana en el interior de la sala de enfrente. Dos por el precio de uno, para echar la casa y el turrón por la ventana, en las últimas navidades de la actual corporación (algún malpensado dirá que también de ella como edil, pero no hay que adelantar acontecimientos porque en política todo es posible, salvo alguna cosa).

Bancada de la oposición de Elche durante el pleno ordinario sobre los presupuestos AXEL ALVAREZ

Belén municipal

Y allá que se fue Galiana a ver el trabajo de los belenistas en ambos frentes. Cuentan que quedó un poco decepcionada (aunque lo disimuló, para que luego digan de su carácter) al no verse reflejada en ninguna de las 700 figuras del belén municipal y las 300 del tradicional. Que ya son figuras. Pero nada. Parecióle que una lavandera tenía sus mismos ojos, pero no: eran más claros. No obstante lo cual, desprendió su habitual simpatía mientras escribía un whatsapp a uno de sus huidizos funcionarios: «Comprueba si el contrato del belén está ya firmado» y emoji sonriente.

Ambiente navideño no era precisamente el que presidió el pleno, en el que además de lo de Galiana, se abordaban los presupuestos municipales elaborados por el bipartito para 2023. El protocolo habitual en estas sesiones es ya conocido, gobierne quien gobierne: el ejecutivo local califica las cuentas de turno como las mejores de la historia, las más sociales, realistas, inclusivas, sostenibles, para no dejar a nadie atrás, fomentar la economía y el empleo, y nada de lo que la oposición proponga va a mejorarlas. La bancada opuesta tira también de manual: los peores presupuestos, irreales, antisociales, excluyentes, insostenibles, que aumentarán la pobreza y se traducirán en declive económico y paro y además, harán que el Elche baje a Segunda. Solo se pueden salvar aceptando todas las propuestas opositoras (al menos las del PP) y redactándolos de nuevo sin subterfugios de agendas ideológicas, como reclamó la voxera Aurora Rodil.

Tono bronco

A este vademécum se añaden otros aditamentos para animar la sesión: tono bronco, aspavientos, algún que otro exabrupto, gestos enojados y en ocasiones, para aumentar la carga dramática, el abandono de la sesión plenaria. Unas veces para no volver y otras para incorporarse al siguiente punto (si el alcalde lo permite, claro). Un recurso escénico utilizado en varias ocasiones en la actual etapa democrática y que el PP capitaneado por Pablo Ruz recuperó en la última sesión. El detonante fue que el alcalde impidió que se leyeran las 70 enmiendas presentadas por los populares, que se pasaron a votar solo anunciando el número de orden de cada una de ellas y no su contenido (o al menos su enunciado). Práctica filibustera y caciquil donde las haya por parte de un gobierno que hace gala de transparencia, participación y tal, acusó el portavoz popular. Total, por dos o tres horas más de sesión cuando ya hemos echado el día…

"El alcalde no quiso dar la imagen (habitual en los últimos años, por lo demás) de PSOE y Compromís votando en contra de la ingente relación de incrementos de ayudas, subvenciones y patrocinios a todo tipo de entidades locales"

Ayudas

Pero no, el alcalde no quiso dar la imagen (habitual en los últimos años, por lo demás) de PSOE y Compromís votando en contra de la ingente relación de incrementos de ayudas, subvenciones y patrocinios a todo tipo de entidades locales (la mayoría de ellas, si no todas, recogidas ya en el proyecto de presupuestos, aunque con menores cuantías). Y evitar también que el candidato Ruz se mostrara al pueblo como adalid de las ayudas a las personas humanas frente a los recortes sociales aplicados por el bipartito a causa de las subidas de luz y otros suministros. Además, la responsable de las finanzas, Patricia Maciá, aportó el dato científico de que las propuestas del PP eran inviables en un 60,5% (en realidad es el 60,4987371%) e ilegales en un 39%, aunque el 0,5% restante tal vez tendría cabida si se modificase el objeto intrínseco del contenido stricto sensu.

Así las cosas, los concejales populares optaron por abandonar la sesión, porque si no se iban a leer sus mociones, quedarse pa ná, pues no. Mientras se tomaban un cafelito estudiaron si recurrirán la nueva cacicada del alcalde ante el Síndic de Greuges. E incluso ante el Tribunal Constitucional, pero antes de que entren los jueces designados por Pedro Sánchez. Otro aquelarre.