Recuerdo el día en que, siendo Edel Gambín presidenta de la Asociación Independiente de Teatro (AITA), y tras fallarle como espectador (había dejado dos butacas de patio libres correspondientes a las entradas que me dejó en taquilla) me dijo, quitándole importancia: “Ya he visto las dos calvitas en la fila 7, no pasa nada”.

Pues eso mismo me pasó a mí cuando hojeé el programa del Teatro Principal de Alicante del presente cuatrimestre. Me dio la impresión de que había ‘dos calvitas’. Más concretamente, que le faltaban varias páginas, las correspondientes a una semana de programación. Algo insólito teniendo en cuenta que quien había configurado el calendario era María Dolores Padilla, que si por algo se caracteriza es por no tener el coliseo ni un solo día cerrado. Ni laborable ni festivo: Sociedad de Conciertos, ópera, monólogos, actuaciones musicales, algún alquiler en los huecos, actos del Ayuntamiento, y por supuesto, teatro, mucho teatro. Salvo que se trate de algún puente festivo como el de la Semana Santa (en el que ha quedado demostrado que el público no acude a ver los espectáculos) el Teatro Principal no cierra.

Estos siete días sin programación tenían su porqué: la preparación de la Gala de las Artes Escénicas del IVC. Lo que choca teniendo en cuenta que la Gala de los Premios Estruch, que también se desarrolló en lunes, no impidió que se celebrasen espectáculos el sábado y domingo previos.

Hay muchas formas de trabajar. Una de ellas es la manera estajanovista de Mª Dolores Padilla, que no le permite cerrar ni un día el teatro. Opuesta al coliseo homónimo valenciano, que puede estar una amplia parte del calendario sin funciones. Dos modelos distintos que conviene conocer, y valorar en consecuencia.