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Antonio Papell

De traidores y felones

El presidente Puig con los alcaldes de Elche y de Alicante cuando se presentaron las candidaturas en Madrid Alex Dominguez

Los insultos que con más frecuencia recibe Pedro Sánchez, presidente del gobierno y líder de la izquierda, son el de “traidor” y el de “felón”. Este segundo, muy usado por Casado, quien tenía un porte más distinguido que Feijóo, ha caído en declive y ahora predomina el otro, que está en boca de los conservadores día sí y día no, muy en especial de la fracción más sectaria y gritona de los herederos de Manuel Fraga, que en gloria esté.

En concreto, la última vez, por el momento, que se ha usado el sonoro calificativo “traidor” contra Sánchez ha sido porque el consejo de ministros ha ubicado la Agencia Espacial Española en Sevilla y la Agencia de Inteligencia Artificial en La Coruña. Las autoridades madrileñas han considerado una ofensa irreparable que Sánchez no haya aceptado la evidencia de que solo Madrid merece dádivas y privilegios, porque el resto del Estado está lleno de provincianos, medianías y analfabetos.

El caso sería grave si los insultadores fueran de importancia. Pero la ciudadanía ya se ha percatado de que estos gritos a deshora no son más que herramientas para una demagogia que ya no cuela. Hay que humillar a la periferia y hay que mandar los tanques cuando la periferia postergada se rebela. Porque el motor de esta rabieta ha de ser por fuerza el centralismo medieval de la derecha ya que tanto Andalucía como Galicia están siendo en este momento gobernadas por el PP. ¿Dónde está, pues, la traición, señora Ayuso?

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