Afligidos por los terremotos ocurridos recientemente en Turquía y Siria, en donde ya se han superado los 20.000 muertos, nos lleva a recordar que nuestra comarca esta situada en zona sísmica y que con relativa frecuencia nos lo recuerdan algunos temblores de tierra.

En la Vega Baja cabe destacar el terremoto de 21 de marzo de 1829, a las seis y media de la tarde, de aproximadamente 6,2 de intensidad en la escala de Richter. En Almoradí, que tenía entonces una población de unos 3.500 habitantes, se contaron 192 muertos y 150 heridos. Hubo un total de 388 casas asoladas y sesenta y nueve quebrantadas; un puente destruido, además de dos iglesias y cuatro ermitas. Las casas destruidas supusieron el trece por ciento de todas las destruidas en la comarca.

TERREMOTO

TERREMOTO FranciscoSalaAniorte

Según el obispo de Orihuela, Félix Herrero, en su exposición al rey, a consecuencia de su visita el 21 de marzo, había «165 cadáveres y conceptuaban faltar otros tantos». Según el Ayuntamiento «de la que fue villa de Almoradí» «van sepultados ciento ochenta, heridos moribundos ciento treinta y contusos y estropeados quasi todos los de la población», una cifra seguramente exagerada en el número de heridos.

En el archivo parroquial de Almoradí y en el «Libro Racional de Difuntos» de la parroquia de San Andrés, en 1829 se inicia una «Partida General de los fallecidos en las ruinas del terremoto en esta Población en el 21 de Marzo de ese año, y que fueron conducidos perentoriamente en “parigüelas” al cementerio de la misma quedando por anotar, que se hará en su lugar, las exequias, que sobre cualquiera en adelante se celebren». A continuación, figura una lista de 124 anotaciones, con cinco o seis tachados, lo que demuestra problemas de identificación. Entre las víctimas figura don Pío Rey, presbítero. Al final de la partida general se dice: «todos los contenidos en este Índice fueron víctimas del terremoto, que sufrió esta arruinada Villa». Además la parroquia llevaba otro libro mortuorio de párvulos de forma independiente y hay que tener en cuenta que muchos heridos fueron trasladados a Orihuela, donde algunos morirían.

En Benejúzar, población que entonces tenía unos dos mil habitantes, publica el Diario de Valencia: «Su caserío casi arruinado todo, y muerta mucha parte de su vecindario; a la hora en que se daba esta noticia iban sacados treinta cadáveres, y había otros muchos bajo las ruinas, que no podían sacarse poque seguían los temblores». Según el obispo de Orihuela, en su exposición al rey indica que «el 23 de marzo habían sacado de entre las ruinas cincuenta y seis cadáveres y creían que pasarían de cien».

En Dolores, según el ingeniero Larramendi, encargado de la reedificación de los pueblos arruinados, fueron cinco los muertos y cuatro heridos. Mientras, en Formentera de Segura hubieron doce muertos y dieciséis heridos: además de un muerto en Rafal.

Guardamar, población que entonces contaba con algo más de tres mil habitantes, sufrió el terremoto del 21 de marzo, pero fue destruida por el del 23 de marzo; la Gaceta de Madrid publica: «Casas totalmente destruidas: 557. Idem la iglesia, la ermita de Santa Lucía, la fortaleza donde se hallaba la artillería, los restos de las murallas y castillo, dos hornos, dos molinos harineros, dos almacenes, res molinas de aceite y el puente principal del río bastante quebrantado. Cuatro personas muertas y veinticinco bestias de labor».

Torrevieja, junto con su anejo La Mata, fueron auténticas protagonistas de la catástrofe. Cuando ocurrió el terremoto Torrevieja contaba con 1.943 habitantes, a los hay que agregar los de La Mata, que eran 176. En la relación de daños de Larramendi figura con 32 muertos y 67 heridos. Muchos heridos fueron trasladados en barcos a Alicante y en sus hospitales algunos morirían. El número de casas destruidas fue de 534 y ninguna quebrantada, por lo que se comprende la destrucción total del pueblo; en el lenguaje del anónimo eclesiástico redactor de una carta fechada en Orihuela el 24 de marzo: «…la villa de Torrevieja in integrum asolada con muchísimas desgracias de personas».

En el archivo parroquial de la Inmaculada Concepción, y en el Libro de Defunciones del año 1829, al folio 157, figura la inscripción núm.10, que empieza así: «En la Población de Torrevieja, a los 21 días del mes de Marzo de 1829,murió de desgracia, por causa de los terremotos, el Dr. Dn. José Sánchez, Cura propio de esta Parroquia Iglesia, y fue enterrado en el Cementerio al día siguiente». A continuación figuran las inscripciones de los padres del párroco, Pedro Sánchez, de 60 años, e Inés Perea, esposa del anterior, que, también de 60 años, quedaron sepultados bajo las ruinas de la iglesia y sobre los cuales cayó la torre del templo. Siguen a continuación otras 18 inscripciones más, de los que se dice: «Murió de desgracias, por causa de los terremotos». En otro libro, Mortuorio de Párvulos, se hallas inscritos otros cuatro más. En resumen, en el archivo parroquial consta la inscripción de 25 fallecidos por terremotos.

El lunes, 23 de marzo, el obispo Félix Herrero Valverde visitó Almoradí, Benejúzar, Rafal y la vicaría o caserío de San Bartolomé. Habían transcurrido entre 38 y 40 horas del catastrófico terremoto y se procedía, sin orden ni concierto, a desescombrar y enterrar a los muertos. Los heridos estaban faltos de la más primaria asistencia. Organizó el obispo una columna de carros y de 120 hombres a pie que, a hombros, llevaron hasta Orihuela a 31 almoradideños y a 9 benejucenses, «fracturadas las piernas y brazos, y algunos en peor estado».

Los supervivientes de todas aquellas poblaciones se hallaban viviendo en chozas, barracas y tiendas de campaña. Dentro de las terribles desgracias algunas personas se salvaron milagrosamente. Lo más singular fue que un niño de 11 meses pudo vivir cinco días sin alimento alguno y debajo de las ruinas. Fue hallado bajo de un triángulo que formaron dos trozos de pared, y estaba al encontrársele en acción de mamar del pecho derecho de su madre, que fue muerta sin duda al hundirse la casa, pues ya estaba corrompida al descubrirla. El cómo teniéndola su madre en los brazos pudo salvarse, habiendo ella enteramente estropeada y muerta, sólo Dios puede saberlo. El niño de una buena fisonomía lo tomó a su cuidado el obispo de Orihuela, encargándose además de la manutención de 200 huérfanos, de los que quedaron tantos que pasaron de los 700 en la Vega Baja.