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El Camp d’Elx, las plantas fotovoltaicas y nuestra salud mental

Nuestro bienestar psíquico no sólo depende de una buena red de recursos sanitarios y sociales, sino también de un entorno natural saludable.

Planta fotovoltaica en Xixona.

Planta fotovoltaica en Xixona. / INFORMACiÓN

Ahora que tanto se habla de la salud mental es el momento de recordar que nuestro bienestar psíquico no sólo depende de una buena red de recursos sanitarios y sociales, sino también de un entorno natural saludable.

El documento "Mental health and the environment: How European policies can better reflect the impact of environmental degradation on people’s mental health and well being” (Salud mental y medio ambiente: cómo las políticas europeas pueden reflejar mejor el impacto de la degradación ambiental en la salud mental y el bienestar de las personas), publicado el pasado diciembre de 2020 por el Instituto de Política Medioambiental Europea e ISGlobal constata que la degradación ambiental y la contaminación son una amenaza a la salud mental toda vez que el acceso a la naturaleza es un factor facilitador de una buena salud mental. En este documento se recuerda que es responsabilidad de nuestros políticos proteger nuestro entorno natural con el fin de promover nuestra salud física y mental.

El Camp d’Elx es el lugar que tanto muchos ilicitanos como personas venidas de otros lugares hemos elegido para residir por ser una huerta diversa que no solo nos nutre del fruto de una tierra fértil, sino también de un ecosistema natural que nos provee salud física y mental. Se trata de un entorno tan valioso como el Palmeral y, por tanto, merecedor de ser patrimonio protegido de nuestro pueblo.

Planta fotovoltaica

Planta fotovoltaica / INFORMACiÓN

Sin embargo, este ecosistema único está en grave peligro por el interés especulativo de diversas multinacionales que, aprovechando la coyuntura política y energética, pretenden instalar enormes parques fotovoltaicos en el término de Elche que minarán y destruirán nuestros cultivos y nuestros paisajes con estructuras artificiales de cristal y -lo que es peor- con líneas de alta tensión aéreas, postes de luz y subestaciones eléctricas que generarán campos electromagnéticos peligrosos para nuestra salud.

Desgraciadamente, la mayoría de ilicitanos desconocen esta triste realidad, no saben que no hay un interés ecológico sino económico por parte de las multinacionales y que los beneficios de la energía producida no se quedarán en Elche, de forma que lejos de generar puestos de trabajo, se destruirán además de devaluarse el valor de los terrenos vecinos. Sin duda, un conjunto de consecuencias peores que la invasión del ladrillo de décadas anteriores que las asociaciones de vecinos y los colectivos ecologistas estamos denunciando. 

Es el momento de que nuestros políticos velen por la integridad de nuestro territorio y, por ende, por la salud de nuestros ciudadanos. Y es también el momento de que todos los ilicitanos podamos ser respetuosamente informados de la destrucción que se avecina.

Por favor, unamos nuestras fuerzas para proteger el Camp d’Elx y asegurar nuestro bienestar y también el de las futuras generaciones.

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