Su principal defecto es no tener flexibilidad suficiente como para poder incluir a los perros de caza sin problema. En estos casos, negociar, ceder y llegar a acuerdos, es imprescindible. Mejor proteger un poco a todos, que no algo a algunos y nada a otros.

Como novedad, la ley obliga a que los municipios tengan servicio de recogida de animales abandonados y atención veterinaria durante las 24 horas. Sin embargo, no aclara como lo harán aquellos que carezcan de recursos.

También, como buena ley intervencionista que es, obliga a los propietarios de animales a superar un curso, establece todo tipo de registros e inscripciones, y abre la puerta a regular qué animales se podrán tener en un futuro, sin aclarar tampoco qué ocurrirá con aquellos que no estén permitidos y dónde acabarán los mismos.

También prohíbe cosas. Algunas, como las peleas de gallos o los circos con animales, ya lo estaban, pero, otras, no. Por ejemplo, limita la acción del veterinario en sus clínicas, en temas tan sensibles como la eutanasia humanitaria, negándoles prácticamente la posibilidad de llevarla a efecto aunque el animal se encuentre en mal estado y muy enfermo sin posibilidad de cura. En esos casos deberá optar por los cuidados paliativos. Dicha prohibición, afecta también a los centros de recogida de animales, sin establecer nuevamente qué deberán hacer éstos cuando se saturen, sobre todo, en aquellos municipios más rurales o menos desarrollados en los que el abandono es aún muy numeroso. Marcar las pautas al respecto hubiera sido muy importante.

Respecto a las conocidas popularmente como colonias de gatos, y en medio de la polémica por las voces que desde la ciencia denuncian que están dañando la biodiversidad, la ley apuesta claramente por la existencia y protección de éstas, desoyendo la opinión de los anteriores.

Por lo demás y, tras haber sido aprobada la ley por el congreso, la gran duda ahora es qué recorrido tendrá en el senado y cuál será su resultado final. Es importante, porque de ello debería depender la aprobación de algunas leyes autonómicas como la valenciana. Es cierto que los socios del Botánic quieren sacar la suya como sea antes de las elecciones pero, para ello, previamente deberían adaptar su articulado a la norma nacional. Si no lo hacen, su texto podría legalmente ser tumbado, dejando en la práctica sin protección a los animales. Mucho cuidado con esto porque, al fin y al cabo, ya hemos visto las graves consecuencias que tiene legislar chapuceramente en España.