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Puerto multiuso

Dos cruceros de la compañía MSC en el Puerto Alicante

Dos cruceros de la compañía MSC en el Puerto Alicante / JOSE NAVARRO

En el espacio portuario de Alicante coexisten las siguientes actividades: hoteles con spas; edificio de aduanas; oficina municipal de turismo; parking subterráneo; locales de ocio y restauración; un casino; terminal para pasajeros; amarres para barcos deportivos; centro de negocios; estación de autobuses; feria de atracciones infantil; club de regatas; escuela de remo; oficinas de la autoridad portuaria; instituto social de la marina; capitanía marítima; centro de congresos (en proyecto); polígono industrial; lonja de pescados; astilleros; terminales para carga y descarga de cementos y de graneles, y por último, una zona logística para tráfico de contenedores. Sin olvidarnos de la penúltima ocurrencia: un restaurante en plena dársena interior del puerto.   

El puerto marítimo de Alicante, donde hemos contado más de una veintena de distintas actividades y donde fácilmente podrían sobrarle la mitad, dejó de ser hace tiempo un espacio de maniobra para embarcaciones, de tráfico marítimo de mercancías y de embarque y desembarque de pasajeros para convertirse en una especie de parque temático donde caben todas las ocurrencias que han ido teniendo algunas elites locales desde el desarrollismo de los años sesenta.

Con el consentimiento, claro está, de quienes podían haberlo evitado, en primer lugar, la Administración a través de Puertos del Estado, y, en segundo término, de las autoridades portuarias y su órgano de administración, donde se sientan representantes empresariales, autoridades autonómicas y la corporación municipal. Todo con el único afán de obtener más autofinanciación, no a través de mejorar los servicios que debería prestar un puerto, sino a facilitar concesiones administrativas de su espacio al mejor postor.  

Para desvirtuar su esencia de puerto comercial, relevante no solo para la ciudad de Alicante sino para la economía en general del Estado, se le ha rodeado de innumerables urbanizaciones residenciales que, en la práctica, imposibilitan su ampliación y desarrollo, con presiones vecinales que impedirían que el futuro Corredor Mediterráneo pueda operar y llegar hasta sus instalaciones.

La escasa visión de futuro que el sector empresarial local y provincial ha tenido acerca de cómo tenía que reconvertirse un puerto de las características del de Alicante, con gran potencial por su cercanía a los puertos del Mediterráneo y muy especialmente a los del norte de África, donde se están estableciendo grandes nudos logísticos que son aprovechados por las grandes cadenas de suministros para sus intercambios, demuestra una vez más la idiosincrasia de una clase dirigente que, teniendo ocasión para ello, han apostado pode hacer de los espacios del puerto un conglomerado de bares, restaurantes y locales para el ocio que el de un modelo más enfocado hacia sectores ligados a la distribución y al tráfico marítimo.  

Se trata, en mi modesta opinión, de un tremendo error, porque distraerlo del principal cometido para el que fue creado para destinarlo a múltiples actividades con escaso valor añadido, le resta competitividad ante otros puertos más cercanos, además de negarle oportunidades para incrementar sus negocios a aquellos sectores no ligados al turismo como las manufacturas o el sector primario, que necesitan mejores infraestructuras para mejorar el flujo internacional de sus productos.    

Salvo mejor juicio, los políticos que andan actualmente desgranando sus programas ante unas próximas elecciones deberían incluir en sus mensajes qué piensan sobre el futuro del puerto, cuáles son sus límites y que desearían hacer con él si pudieran.

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