Opinión | Esperando a Godot
Una noche en la ópera
No ha sido hasta que las encuestas han predicho una pérdida de votos por este asunto que el presidente se ha decidido a enmendar a Podemos y a él mismo.

La ministra Irene Montero observa al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. | INFORMACIÓN / DanielMcEvoy
—Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. Qué tal, está muy bien, ¿eh?
—No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.
—Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
—Esta vez creo que suena mejor.
—Si quiere se lo leo otra vez.
—Tan solo la primera parte.
—¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
—No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte.
—Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
El hilarante y surrealista diálogo con que he comenzado el artículo de esta semana es, como casi todos habrán reconocido, parte de la película de los Hermanos Marx Una noche en la ópera. El filme, de 1935, primero de los celebérrimos hermanos producido por Paramount Pictures y sin la participación de Zeppo, es considerado por la crítica como el mejor de su filmografía.

Irene Montero, en un acto feminista / Borja Sánchez-Trillo
La desternillante comedia es una sátira de los amantes de la ópera y de los nuevos ricos, en la que Otis B. Driftwood, un agente teatral de dudosa moralidad, interpretado por Groucho Marx, es contratado por la señora Claypool, a la que da vida en la pantalla Margaret Dumont, una mujer que quiere ascender en la escala social. Para conseguirlo, el primero le sugiere que invierta en una compañía operística, cuyo éxito dependerá de la contratación del famoso tenor italiano Lasparri. Todo ello da lugar a un sinfín de graciosas escenas como la más famosa de ellas que reproducíamos al principio.
Estamos en 2023 y hasta ahora nadie había sido capaz de superar el humor absurdo de los Hermanos Marx… Nadie hasta el pasado día 12 de abril, cuando el abogado Robert Gutiérrez publicaba en su perfil de Twitter (y toda la prensa española se hacía eco a raíz de ello) que los ministerios de Igualdad y de Trabajo habían promulgado el mismo día en el BOE la Ley de Empleo y la ley trans (Ley para la Igualdad Real y Efectiva de las Personas Trans y para la Garantía de los Derechos de las Personas LGTBI). Dichas normas, ambas con rango de ley, como su propio nombre indica, modificaban el artículo 16.1.c) de la Ley sobre Infracciones y Sanciones en el Orden Social (LISOS), pero con dos redacciones distintas e igualmente válidas.
El principio de jerarquía normativa consagrado en nuestro ordenamiento jurídico y establecido en la propia Constitución establece que la propia Constitución es superior a cualquier otra norma jurídica, que una norma de rango inferior no puede contradecir a una de rango superior y que una norma posterior deroga a una norma anterior de igual rango. Pero en el caso que nos ocupa la parte contratante de la primera parte (Yolanda Díaz, ministra de Empleo) y la otra parte contratante de la primera parte (Irene Montero, ministra de Igualdad) al publicar esas dos normas contradictorias con el mismo rango y el mismo día, el pasado 28 de febrero, han suscitado un conflicto sin precedentes en la jurisprudencia española que, en opinión de los expertos legales, sólo se podrá solventar si el Gobierno rehace esas normas mediante un Decreto ley u otra forma jurídica apropiada.
Algo similar, pero con resultados nada cómicos en esta ocasión, ha ocurrido con la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual. («sólo sí es sí»). En este caso las partes contratantes han sido Irene Montero, de nuevo, y Pedro Sánchez. Todos los expertos jurídicos habían advertido de los efectos que finalmente se han producido, es decir, la reducción de penas a numerosos violadores y abusadores sexuales y la excarcelación de algunos de ellos. Pero Pedro Sánchez hizo caso omiso de las advertencias por contentar a sus socios y éstos son tan extremistas que les da igual las consecuencias de sus acciones con tal de cumplir su agenda ideológica. No ha sido hasta que las encuestas han predicho una pérdida de votos por este asunto que el presidente se ha decidido a enmendar a Podemos y a él mismo. Hecho bastante frecuente, por otra parte.
En verdad, este Gobierno está haciendo honor a la frase que, por cierto, se atribuye a Groucho Marx según la que «La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». Pero no sólo el Gobierno es «Marxista» (de Groucho, no de Karl). Estén atentos porque estamos en campaña electoral para los comicios locales y autonómicos y las ocurrencias, en forma de promesas estrafalarias y de fichajes para las listas nos van a dar mucho juego. De hecho, estoy por garantizarles que frente a lo que vamos a oír de aquí al 28 de mayo las películas de los Hermanos Marx, más que comedias, van a parecer documentales de National Geographic.
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