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Mamandurria
Todo equipo de gobierno que se precie ata en corto al rival y ¿qué mejor forma hay que se peleen hasta por quién tiene sueldo? ¿quién trabaja (por sus vecinos) sin cobrar?. Pues Pablo Ruz ha hecho todo lo contrario con sus ocho dedicaciones exclusivas a la oposición y lo justifica para "dignificar la política"

Una votación en el salón de plenos del Ayuntamiento de Elche el pasado julio / Áxel Álvarez
En un amplísimo grupo de WhatApp al que le presto más tiempo a borrar mensajes sin leer que leídos, todas las mañanas aparece una nueva palabra del diccionario y su significado. Es el único ejercicio al que dedico unos segundos, a intentar grabar en la cabeza algún palabro, aunque quizá ya sea poco utilizado. Este martes, casualmente, la palabra era "mamandurria" y me ha venido a la cabeza la decisión del alcalde de Elche, Pablo Ruz, a comienzos de mandato, de aumentar las dedicaciones que podían disfrutar los trece ediles de la oposición para eso, para hacerle oposición y fiscalizarlo. Todo equipo de gobierno que se precie ata en corto al rival y ¿qué mejor forma hay que se peleen hasta por quién tiene sueldo? ¿quién trabajaría (por sus vecinos) sin cobrar?. El PP tuvo 2,5 dedicaciones para nueve ediles el pasado mandato.
La discrecionalidad de los sueldos en la polìtica municipal ha dado lugar los últimos años a una innumerable casuística sobre cuartos, tercios y mitades, reglas del tres (y del cuatro o del cinco) sobre lo que los grupos de la oposición pueden cobrar o deberían repartirse por su dedicación pues para todos no va a haber nómina fija. La realidad es que después nadie controla realmente cuánto tiempo dedica un polìtico (y menos de la oposición) a aquello por lo que está cobrando ni a discernir si lo que está percibiendo es acorde con la labor que desempeña. De hecho, hasta uno puede decir que deja el acta y después quedarse meses y meses sin aparecer por el Ayuntamiento ni acudir a los plenos, como es su obligación, aquella que aceptó en la promesa/jura que le sirvió para aceptar el honor de ser un representante de los ciudadanos, solo por no perder el sueldo. Como saben, las bajas voluntarias no dan derecho a paro y sí, estoy pensando en quienes ustedes saben que estoy pensando. De hecho, aunque haya muchos o pocos ediles con sueldo en la oposición vemos casi siempre solo a los portavoces en comparecencias acaparando los focos, no al resto -con honrosas excepciones- o quizá sea para que no les hagan sombra. Algunas veces van acompañados por ediles-jarrones que más parecen guardaespaldas, pero a la mayoría no se les encuentra nunca, aunque dicen estar localizables en el móvil pero su ausencia hace que nos olvidemos de ellos y del papel que juegan. Son como fantasmas. Pasan las semanas y los meses y solo se manifiestan en los plenos, como los espectros, para levantar el dedo -casi con algo de holgazanería diría- para decir lo contrario del equipo de gobierno sea lo que sea. Aunque haya que votar en contra de la Dama de Elche, el trasvase Tajo-Segura o la Paz Mundial. Son mudos, ciegos y sordos... pero con sueldo y sin aparente obligación a los ojos de la opinión pública.
Volviendo al tema. Pablo Ruz decidió dar siete dedicaciones al PSOE, que son doce concejales; y una a Compromís, con una edil. Esos siete emolumentos para repartir entre los socialistas, por esa famosa regla de tercios, mitades y demás que les conté, han permitido seis sueldos completos y dos al 50%. Es decir, ocho. Pero, ¿qué pasa con los otros cuatro socialistas que se quedan fuera? Bueno, sencillamente se envía a uno a la Diputación (con mejor sueldo que el de concejal) y se carga al resto con asistencia a comisiones y órganos colegiados que son retribuibles si uno no tiene dedicación como es el caso. Solo con hacer acto de presencia se cobra y bastante bien. Los grupos designan a los miembros, considero, muchas veces más por necesidad de equiparar sueldos que por capacidades concretas para ese área. Pensarán: "Si no sabe, ya aprenderá". Y esto no es una crítica para nadie, es la triste y cruel realidad.

Ruz, en un pleno en el Ayuntamiento de Elche / AXEL ALVAREZ
Ruz defiende su decisión, incluso lo ha hecho frente a su socia Aurora Rodil (Vox), quien le advirtió en un pleno -no sé si con un dedo apuntador y acusador- de que se equivocaría y que el tiempo se lo demostraría. A lo que yo añado: el tiempo se lo hará ver al regidor o bien espera recibir el pago con la misma moneda si él es oposición en 2027. La concejala, que seguro se las habrá tenido tiesas por este asunto con el alcalde, después de haber prometido ambos -y ahí está de testigo el Pacto de Valverde- que llevarían una gestión austera (del tema de los asesores ya hablamos otro día) se ha encontrado, y creo que con sorpresa, con un regidor que por mor de la "dignificación de la política" no ha tenido empacho en repartir sueldos a diestro y siniestro.
En el fondo, lo que ha hecho Ruz tiene sentido porque es de los que piensan que si a alguien no le das herramientas (un sueldo para que le dedique tiempo sin apreturas a su trabajo público) no le pueden exigir resultados, independientemente de que estés en un lado (la gestión) u otro (la fiscalización) en un ayuntamiento. Pero dignificar la política quizá no tenga nada que ver con cobrar o no un sueldo porque no es una profesión. ¿O sí?.
El lunes, el grupo socialista en un escueto comunicado, anunció que Carlos González tras un "periodo de reflexión" iba a renunciar al 25% de su nómina de exclusividad, que es de 45.552 euros brutos anuales, porque va a volver a ejercer la abogacía. No sé si ese 25% se lo podrá pasar a alguno de sus compañeros sin sueldo porque eso la nota no lo decía, pero no creo que el gesto sirva precisamente para "dignificar la política". El exalcalde dio sus explicaciones en redes sociales, una zona cómoda en la que ha encontrado cobijo desde que el pacto PP-Vox frustró su triunfo electoral y su reelección. Medir cómo va a repartir su tiempo entre negocio (25%) y actividad pública (75%) cuando no ha abierto la boca desde la sesión de investidura de Ruz es difícil, y eso que ha cobrado el 100% de dedicación exclusiva del Ayuntamiento de Elche durante estos meses en los que ha sido presidente del grupo municipal socialista. Si percibiendo el 100% de sueldo del erario público no ha dicho ni "mú" más que en redes sociales, pues con un 75%... Es normal que González sea noticia por esto porque lo vemos como ejemplo y modelo de lo que debe ser la "dignidad política" ya que hasta hace poco más de tres meses era regidor, cargo en el que ha estado ocho años. Ahora bien, hay más concejales de su propia formación a los que tampoco se les ha visto, oído o formado parte del escenario como jarrón en comparencias públicas durante este tiempo para explicar su trabajo y, con ello, hacer buenas las palabras de Ruz. Darle, en definitiva, la razón de que con su gesto de repartir sueldos, incluso en contra de la opinión de su socio Vox, "dignificaba la política" y decir con ello: "Aquí están las pruebas de que para hacer oposición (sensata, crítica, colaborativa,...) se debe cobrar".
Solo el tiempo nos dirá si Aurora Rodil ha acertado con su predicción sobre el error de Ruz de "rescatar a la oposición", pero lo curioso es que cuanto más razón tenga el regidor peor les irá porque mejor oposición se les estará haciendo al darles sueldos (que se traducen en tiempo) para ello. En eso ha sido muy valiente o un loco, pero se acerca al ejemplo de la política de sueldos que se sigue en Diputación, Senado, Congreso, Cortes Valencianas: la política del agua para todos. En su equipo creen que la falta de trabajo de la oposición se evidenciará y que no podrán poner excusas con el hecho de no recibir emolumentos para realizar con dignidad (¿lo pillan?) su trabajo. Es una opinión, pero, de ser así ¿quién evidenciará que no trabajan? ¿el mismo que decidió pagarles?
Por cierto, la palabra de la que les hablaba al comienzo es la que da título a esta opinión y, por si no lo conocía como yo, su significado es: "Sueldo que se disfruta sin merecerlo, sinecura, ganga permanente".
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