Negacionismo y tragacionismo

Un hombre recibe la vacuna del covid.

Un hombre recibe la vacuna del covid.

En la mañana del pasado domingo día 24, mientras disfrutaba de mi café matutino en compañía de mi suscripción al diario INFORMACIÓN, me encontré de repente con el artículo de mi excompañero de docencia en el Máster Universitario de Cooperación al Desarrollo de la UA, Carlos Gómez Gil, titulado Negacionistas de la Agenda 2030. Me entristeció leerlo.

Con la salvedad de que en ningún caso considero al actual presidente del gobierno, un cien veces probado mentiroso patológico (o “cambiador de opinión”, según otros), como mi representante, tengo que decir que estoy de acuerdo con lo que mi antiguo compañero expresa en los seis primeros párrafos de su escrito; pero, aunque la verdad es que no dispongo de demasiado tiempo, lo saco gustoso para replicar a los siguientes; y lo haré sin expresar ninguna opinión por mi parte que no esté respaldada por datos.

Tampoco caeré en la descalificación de quienes no piensen como yo, con el uso de adjetivos o etiquetas como las usadas por el Sr. Gómez Gil, que abunda en esas peyorativas terminaciones cargadas de mala intención, como “negacionistas”, ni en calificativos, algunos de ellos de nuevo y desafortunado cuño, como “trumpistas”, “ultraderechistas”, “mentirosos”, “falsos”, “ridículos”, “neofascistas globales”, “ignorantes”, “furibundos derechistas, extremistas y asalvajados”, “calumniadores”, “ultramontanos” (?) o “analfabetos intelectuales” (cómo, si no, se puede ser analfabeto). La reseña de los anteriores entrecomillados no es mas que la transcripción de los epítetos tan visceralmente utilizados por mi antiguo compañero con total carencia de argumentos contra todos los que, simplemente, no piensan como él, grupo en el que yo mismo me incluyo.

Empezaré por puntualizar una cuestión muy importante y completamente obviada por el Sr. Gómez Gil: nadie, en su sano juicio, rechazaría los puntos de esa Agenda 2030; pero el problema no está en el qué, a todas luces lícito y deseable, sino, en el CÓMO se piensa implementar, y por quién. Porque, según dicen, el infierno está pavimentado con buenas intenciones. No vale cualquier medio para conseguir el fin; sobre todo, cuando los medios para la consecución de los objetivos de esa Agenda son tan discutibles (cuando no realmente malignos) como los que se están ya utilizando desde esos organismos supranacionales que los implementan gracias al dinero de unos cuántos misántropos (no entiendo por qué se empeñan en denominarlos filántropos); y ahí tenemos al FEM de Schwab, a la OMS de China y Gates, con un exterrorista de ideología marxista al frente (ver Frente de Liberación Popular de Tigray) a GAVI, también del Sr. Gates… No voy a enumerar todos los objetivos de esa agenda por evidentes motivos de falta de espacio, pero espero que unos cuantos sirvan de muestra y comprobación de que se trata de un plan maquiavélico para cuya consecución se parece estar dispuesto a utilizar cualquier medio, por censurable y marrullero que sea:

1. FIN DE LA POBREZA. ¿En serio? Desde los inicios de la así llamada “pandemia” (después de modificar por tres veces la definición para que el caso encajara), la brecha entre pobres y ricos no está haciendo mas que agrandarse, con clases medias reducidas a la mínima expresión, con pobres cada vez más pobres y ricos cada vez más ricos (Informe del Banco Mundial, artículo de Gonzan, Gerszon Mahler y Lakner, 2022). Esto enlaza con otro de los objetivos:

3. SALUD PARA TODOS. El instrumento es la “vacunación” mundial e indiscriminada; aquí ya me pueden otorgar todos los calificativos anteriores, porque afirmo que parte de ese empobrecimiento (muy fácilmente comprobable, no hay más que ojear las estadísticas del INE) se debe a los resultados de las medidas totalitarias adoptadas al unísono (qué raro ¿no?) por los países cedentes de sus soberanías nacionales a organizaciones privadas, autócratas y fuera de control, como la OMS o la ONU (perdón, por los gobernantes de los países, indignos delegados de la ciudadanía) frente a una crisis sanitaria perfectamente programada de antemano (¿o es que nos creemos que un puñado de aprendices de brujo se reunieron porque sí en el Evento 201?) para probar la docilidad de la población y empobrecerla al mismo tiempo a los niveles en los que estamos hoy en día. Gates lo dijo abiertamente en su charla TEDx de 2015: “Si lo hacemos bien con las vacunas, en unos años seremos capaces de reducir la población mundial en un 15%”. Y lo hicieron muy bien… ¿Pretendemos ignorar a estas alturas la cantidad de muertes que se están produciendo por causa directa de las vacunas (hay ya millares de informes de autopsias -extrañamente prohibidas, recordémoslo, al inicio de toda esta pesadilla)? ¿Ignoramos La sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos en la que insta a la readmisión de los trabajadores y al pago de todos los meses desde que fueron despedidos de sus puestos de trabajo por no querer someterse a la “vacuna”? ¿El reconocimiento de la Agencia Europea del Medicamento de que, efectivamente, la inyección está causando “muchos” efectos secundarios, con desenlaces de muerte incluidos? ¿Que la “vacuna” ya estaba preparada ANTES de la aparición de un virus que, por cierto, aún nadie tiene, Ministerios de Sanidad y Universidades de todos los países incluidos? Bien: yo no.

6. AGUA LIMPIA Y SANEAMIENTO. Si alguno de los “agendistas” se da una vueltecita por cualquier país de África, incluso por los más cercanos, como Senegal, Guinea o Sierra Leona, como yo sí he hecho, se podrá dar cuenta de que la voluntad en ese sentido de los mandamases de la cacareada Agenda es CERO.

2. HAMBRE CERO. ¿Cómo? ¿Prohibiendo a los agricultores y ganaderos seguir con su absolutamente crucial trabajo, con el argumento de los pedos de las vacas y la proscripción de los abonos nitrogenados? ¿Volando las presas en mitad de una fuerte sequía? ¡Anda ya…! Lo que sí se pretende, a luces vista, es la eliminación de la soberanía alimentaria de los países mediante prohibiciones y compra sistemática y a bajo precio por parte de esos mismos psicópatas de terrenos que antes eran de cultivo (hoy, el Sr. Gates es el mayor propietario de terrenos agrícolas de Estados Unidos) y hacernos comer bichos (mucho cuidado con la quitina) o carne sintética, hecha con los vegetales transgénicos del Sr. Gates u obtenida en un laboratorio mientras ellos, los capos, se meten impúdicamente entre pecho y espalda jamón de las 5J y solomillos de ternera de Ávila en un Davos al que se desplazan en avión privado sin importarles el CO2 que generan. A mí me parece una burla. Pero claro, es que yo soy muy cáustico y malpensado.

Termino, aunque me queda mucha tela por cortar:

13. ACCIÓN POR EL CLIMA. Nosotros, los “-istas”, no negamos que el clima cambie, a ver si QUEREMOS enterarnos de una santa vez: El clima es un fenómeno en constante cambio y evolución, desde la misma noche de los tiempos; lo que discutimos (con la pared, porque somos sistemáticamente silenciados todos aquellos que queremos debatir de manera honesta y con los datos en la mano y contrastando las fuentes -porque no hay que olvidar que hay bastantes de esos datos publicados en revistas científicas de impacto y que resultan ser falsos; valga citar el caso reciente de Brown et. al. y su artículo “El calentamiento global incrementa el riesgo de creciente de fuegos extremos en California”, publicado, nada más y nada menos que en “Nature” y repleto de falsedades, como el mismo autor ha reconocido) es que la causa alrededor de la que todo gira es la acción antrópica. El de Brown no es, ni mucho menos, el único caso de “mentir para publicar”, hay un gran negocio en el asunto del clima, empezando por la mercantilización de las “cuotas de CO2” que, de paso, condenan a los países pobres a la indigencia perpetua y al subdesarrollo); a nosotros, los “istas” se nos quiere acallar mediante la ridiculización y el aislamiento; y no somos cuatro gatos, somos muchos miles, premios Nobel incluidos, los que decidimos cuestionar, investigar y pensar con nuestras propias neuronas. Negamos que el CO2 sea el malo-malísimo de esta película y afirmamos que es, por el contrario, el que podríamos llamar “gas de la vida”, el que permitió que en el Cámbrico se produjese lo que llamamos la “Gran Explosión” (de vida), gracias al favorecimiento de condiciones ambientales para el desarrollo de las plantas y, con él, el de las especies animales. Ahora se nos dice que un aumento de décimas de grado en la temperatura media global conducirá indefectiblemente a nuestra extinción y que nos sofocará y asfixiará un ligero incremento de los niveles de CO2, sin querer saber que, durante el período geológico mencionado, los niveles de ese gas eran 5 veces mayores que en la actualidad y que la temperatura media era 140C más elevada. Hoy, en los invernaderos se utiliza la técnica del enriquecimiento de la atmósfera en CO2 (al doble, en ocasiones hasta el cuádruple, de las concentraciones actuales) para el mayor y mejor crecimiento de las plantas. No es la indudable contribución humana el factor determinante de un eventual cambio en los patrones climáticos, porque es prácticamente imperceptible, sino los ciclos solares, cosa que se sabe de mucho tiempo atrás y comprobada con los modelos que los incorporan. Ahora estamos en el Ciclo 25 y ¿saben qué? Pues que todo indica que, en realidad, nos estamos acercando a una nueva glaciación, no a un calentamiento (por cierto, a los “calentamientos” se les llama “óptimos climáticos”).

Pero habéis convertido vuestra versión del clima y del CO2 en una religión con dogmas muy claros y estrictos a seguir, y en anatemas a quienes queremos investigar y razonar con datos.

Lamentable y sorprendentemente, la izquierda mundial ha asumido las tesis y se ha asociado con ellos como el brazo armado de los agentes del capitalismo más salvaje jamás imaginado, contra los que siempre habían luchado. Y para ello, lo mejor parece ser el enfrentamiento, denostar e insultar al contrario aun si no se tienen argumentos para ello; alguien ha leído con provecho a Sun Tzu: Vivir para ver.

En fin, qué más da…

Habrán detectado, eso sí, que me he abstenido de insultar a nadie por el mero hecho de pensar distinto a mí, aunque sea sin argumentos. En cualquier caso, respiremos: no me siento ofendido; puede insultar todo el mundo, pero solo ofende aquel que puede.