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Adiós Navidad… adiós

 No es extraño escuchar por lugares públicos en estas fechas navideñas esa frase tan manida de, “qué ganas tengo que pasen las fiestas, qué largas son…” Y es que no les falta razón. La Navidad trae consigo una serie de problemas para casi todo el mundo que son muy difíciles de resolver. Empecemos por las vacaciones escolares. No entro en si son necesarias o no, pero de lo que sí estoy seguro es de las dificultades que acarrean para una inmensa mayoría de trabajadores. Esos 20 días que cierran los colegios se convierten en un infierno para algunas familias. Si tenemos en cuenta que cada maestro tiene a su cargo un promedio de 35 o 40 niños, las vacaciones de éste docente están creándole un grave problema a 35 o 40 familias que no sabrán donde colocar a su hijo durante ese tiempo, ya que, sus padres, tendrán que realizar su jornada laboral los días hábiles. Los más afortunados podrán dejárselo al cuidado de sus abuelos —aquellos que los tengan todavía y que se encuentren en condiciones psicofísicas de cuidarlos—; otros se las verán y se las desearán para poder acudir al trabajo y atender a sus hijos.

También cierran sus puertas los centros asistenciales para niños o adultos discapacitados intelectuales. Durante ese tiempo vacacional estos niños o adultos, tendrán que permanecer en sus domicilios. A los padres se les plantea el mismo problema que a los anteriores, pero multiplicado. Son chicos muy difíciles, no se les puede cambiar alegremente sus hábitos de vida, echan en falta la actividad que les proporcionan en los centros, y los padres que tienen que trabajar no pueden dejárselos a los abuelos, ni a nadie, ya que son personas que necesitan una atención muy especializada que todo el mundo no posee.

Una posible solución para paliar, en parte, este problema sería celebrarlo todo entre el día 24, Nochebuena, 25, Navidad y 26 Reyes. Con ello se acortarían los días de vacaciones. Con esta medida los padres trabajadores encontrarían un alivio ya que sus hijos se incorporarían al colegio una semana antes. Por otra parte, Melchor, Gaspar y Baltasar no se dejarían comer el terreno por Papá Noel que, al venir en Nochebuena, tiene cada vez más adeptos porque pueden disfrutar los regalos una semana antes.

Las administraciones del Estado, Autonómica y Municipal, sufren un parón en todo lo relativo a la burocracia. En un país como el nuestro donde todo funciona a través de ayudas, subvenciones, becas, permisos, etc., durante las vacaciones navideñas se paraliza, en el mejor de los casos se ralentiza. Cuando un contribuyente, en el ejercicio de sus derechos ciudadanos acude en estos días a una ventanilla oficial y pregunta cómo va algo que él tiene pendiente, la respuesta es: “Estamos al mínimo de personal por las vacaciones, vuelva cuando pasen las fiestas”.

Los empleados de los grandes almacenes, de los restaurantes, las Fuerzas de Seguridad, bomberos, hospitales, etc., tienen que redoblar su trabajo en aras de unos cuantos que se divierten con el gorrito y la corona del roscón. Y todo ello, ¿Para qué?

La Nochebuena tiene más connotaciones nostálgicas que otra cosa. Muchos son los que no pueden pasarla con su familia, unos porque ya se fueron para siempre, otros por motivos de trabajo, otros por enfermedad…

Los gastos desmesurados que ocasionan estas fiestas esquilmando la economía familiar, hacen que luego en el mes de enero mucha gente tenga que tirar de tarjeta de crédito para poder aguantar hasta cobrar la próxima paga.

Pero el gran comercio, no contento con las pingües ganancias que les ha proporcionado la Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Reyes, saca inmediatamente ese invento que han llamado “las rebajas”; de esa forma exprime al máximo al sufrido españolito de a pie.

Por este año le decimos adiós a la Navidad, quizá la más afligida desde hace mucho tiempo. Hemos tenido que comer y cenar con el macabro espectáculo de los niños destrozados en los brazos de sus padres por las bombas de los israelíes.

Adiós Navidad... Adiós.

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