Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Orihuela y su gira de los barberos

Imagen de la Virgen de la Fuensanta de Sánchez Lozano

Imagen de la Virgen de la Fuensanta de Sánchez Lozano

Hace relativamente poco, aún se conservaba en Orihuela una gran devoción por la Virgen de la Fuensanta de Murcia. Era costumbre asistir a la romería que en esta vecina ciudad se celebraba todos los años en su traslado desde el Santuario hasta la Catedral. Como quiera que esta procesión se realizara en día festivo, había un gremio profesional en nuestro pueblo que no podía asistir, eran los barberos.

Por tradición, los llamados entonces barberos (hoy peluqueros o estilistas), trabajaban los domingos por la mañana, los hombres acostumbraban a afeitarse el mencionado día en la barbería, de tal forma que los profesionales de este sector se tomaban el lunes de descanso. Así nació “La Gira” o romería de los barberos a la Fuensanta, un lunes o dos después de la festividad propiamente dicha.

Tomó tal auge esta excursión que los oriolanos hicieron de ello su homenaje particular a la Patrona de Murcia, desmarcándose de las fechas oficiales que se celebraban en aquella capital.

El día de “La Gira” comenzaba muy temprano, a las seis se citaba al personal en las inmediaciones de la taberna "El Chaqueta” (junto al antiguo Juzgado), de donde partían los autocares hacia Murcia, a la llegada a Algezares se hacía una breve parada, a continuación todos los excursionistas se dirigían al convento de los hermanos de la Luz en pleno monte. Llegados a este punto los religiosos preparaban chocolate con mona para todos, se hacían discursos y bromas; una vez realizadas algunas compras de artículos religiosos o de dulces el destino era el cercano Santuario de la Fuensanta, donde se celebraba una misa y se tiraban cohetes y globos en honor a la Virgen.

Realizadas las obligaciones religiosas, los romeros se ponían en marcha hacia el Valle de la Fuensanta, un lugar paradisíaco con arboleda y agua abundante, donde se preparaba una suculenta comida con las viandas que llevaban todos, no podía faltar el típico conejo frito con tomate y pimientos redondos, otros hacían arroz y conejo con leña del monte; el embutido de “La Pavera” (no el Pavero, el hijo vendría después), salazones del “Chermanet” o “El Olivero”, el vino de Payá o Pomares, y el pan redondo de “La Nena del Rincón”, Ismael o la Tahona. Se formaban grupos por afinidad, amistad o vecindad, compartiendo lo que tenían unos y otros.

El jolgorio que se formaba en aquel lugar era mayúsculo, cada uno hacia lo que sabia, nadie se reprimía a la hora de hacer algo para reír. Es justo destacar a un hombre que era el alma de la fiesta, Pedro Albarracín, llamado cariñosamente “El Pipiripipi”, cuyas constantes ocurrencias y gran sentido del humor hacía las delicias de todos. El regreso era también muy pintoresco, partían todos los vehículos bajando por La Alberca hasta Murcia capital, durante el trayecto se cantaban canciones populares, a los “zagales” les dejaban viajar en la baca bajo la vigilancia de alguna persona mayor, disfrutaban tocando las ramas de los árboles a su paso, (hoy sería impensable hacer eso, pero entonces había poco tráfico y los vehículos no pasaban de los cincuenta kilómetros a la hora). Por costumbre se aparcaban los autocares en la misma puerta del diario “La Verdad”, donde siempre eran fotografiados por los periodistas, reflejándose la noticia al día siguiente en la prensa murciana.

En ese lugar se daba libertad al personal durante unas horas, aprovechando para visitar la feria que ya estaba en las postrimerías y divertirse con las atracciones, sobre todo los niños que lo pasaban en grande. Posteriormente se daba un paseo por las calles Trapería y Platería donde se tomaban helados y se compraban los famosos pasteles de carne del Horno de la Fuensanta. En el regreso a Orihuela se notaba ya el cansancio general después de pasar una intensísima y magnífica jornada cargada de todo un poco: peregrinación, ocio y hermandad.¨

Tracking Pixel Contents