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Enrique ¡quédate!

Enrique Ortiz observa el pasado domingo 5 de mayo, desde un balcón de Luceros, la celebración del ascenso.

Enrique Ortiz observa el pasado domingo 5 de mayo, desde un balcón de Luceros, la celebración del ascenso. / Alex Domínguez

No pude más que sonreír cuando una niña pequeña le preguntaba a su madre, mientras señalaba el ADDA desde el autobús, si aquello era el Rico Pérez. Viendo las camisetas herculanas de quienes las acompañaban, era muy probable que en unos minutos pudiese conocer lo que era realmente el estadio del Hércules. ¡Vaya día habían elegido sus padres para el bautismo de fuego de la pequeña!

No alcanzo a recordar una asistencia así en el Rico Pérez de aficionados que fueran a animar al mismo equipo. Otros años, las visitas de equipos cómo el Madrid o el Barcelona habían puesto el cartel de no hay billetes, pero por la forma de gritar los goles de los visitantes, jamás existió la unanimidad del pasado domingo.

Así es el fútbol, hace menos de dos meses, los jugadores del Hércules fueron increpados tras el partido contra la Nucia tras una situación de deriva que jamás parecía que iba a concluir dónde nos encontramos ahora. Los gritos han pasado a ser alabanzas y aplausos, el frío cemento al lleno absoluto. Es posible que esto sea porque muchos solo acuden al estudio solamente “en auxilio del vencedor”, o quizás sea el origen de algo grande.

Tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo, el Hércules jugará el año que viene en una categoría que es la mínima en la que debería estar en el peor de los casos. Obviamente las aspiraciones deben ser de ir mucho más allá, aunque la euforia es entendible al alcanzar el final de una la travesía por una categoría terrible y desesperante.

Lo que quedó meridianamente claro este domingo es que Alicante y el Hércules tienen un potencial enorme de mejora por explotar. El Hércules tiene una tradición que muchos equipos que ahora juegan habitualmente en primera división difícilmente podrán alcanzar, pero la historia no mete goles.

Pero, tras muchos proyectos fracasados, por fin uno ha tenido éxito. Cabe analizar ahora que cosas se han hecho bien que otros años se hicieron mal, y también si hubo errores que condicionaron esa mala parte de la temporada. El futuro está ahí, la afición latente ha vuelto. De las próximas decisiones dependerá de cuantos de esos que vinieron ocasionalmente el domingo pasado van a sacarse el abono este año, ya que doy por supuesto que todos los sufridores de estos años de plomo lo renovaremos casi en el primer día. Sería fantástico que el club tuviese algún detalle en la renovación de los actuales abonados, aunque lo importante es dar un paso adelante y modernizar las estructuras del club si no queremos volver a jugar en campos de césped artificial o contra clubs de barrio.

Y ahí es dónde emerge la figura del principal accionista del club, Enrique Ortiz, tantas veces denostado y criticado. Quiero pensar que, si para mucha gente era el responsable de la situación del club en los malos momentos, algo de responsabilidad habrá tenido Enrique Ortiz también en los buenos. Yo considero que Ortiz debe mejorar muchísimo en la gestión del club, pero también creo que los aficionados debemos centrarnos más en animar e ilusionarnos con el equipo que pensar si nos gusta más o menos el dueño. Y a la hora de abonarse, no tratar de justificar que no lo haremos hasta que no cambie el presidente.

Enrique Ortiz está muy lejos de ser el presidente ideal, pero es probable que tenga más apego a Alicante y al Hércules que salva equipos como los inversores del La Nucía o el actual dueño del Alcoyano, que parece ha amenazado con llevarse al equipo centenario a otra ciudad. En cualquier caso, tras lo intenso de esta temporada, se nos va a hacer largo los casi cuatro meses sin partidos oficiales del Hércules.  

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