Opinión

Dos Españas

El cineasta Isaki Lacuesta, en Málaga.

El cineasta Isaki Lacuesta, en Málaga. / GREGORIO MARRERO

     A raíz del estreno de ‘Segundo premio’, de Isaki Lacuesta constaté cómo es la España a dos velocidades. Una acudió al estreno de la película en los cines Capitol de la Gran Vía, que congregó a los hípsters de la cultureta. En las dos sesiones de tarde y noche se pasearon por las inmediaciones de la sala cerca de tres mil especímenes de urbanitas jóvenes y guapos. El arco de edad era tan amplio que abarcaba casi un par de generaciones. Del vinilo al compact disc, de las camisetas negras estampadas con todos los lemas a todas las faunas urbanas que tan cómodas se sienten entre Malasaña y La Latina.

Sin olvidar nunca las resonancias de Los Planetas, el grupo granadino que fue inspirador para que la película adquiriese cuerpo en el formato libérrimo, aires lorquianos incluidos. Una apuesta con la que apenas he sintonizado. Aunque eso es lo de menos. Me interesa mirar a los que miran. Adentrarme en la película con más Biznagas, la preferida por los críticos de la corriente ortodoxa.

De los 27 años que se ha celebrado el Festival de Cine de Málaga, en 25 ocasiones hice el viaje a través de Ciudad Real y Alcázar de San Juan. Soy objetor de conciencia de la red radial, donde un AVE puede dejarte encerrado en el túnel de Chamartín casi tres horas, como ocurrió el jueves. En estos trenes antiguos, con destino Jaén o hacia la campiña cordobesa, se palpa la otra España. Las fisonomías de sus viajeros son muy distintas, de piel agrietada por el sol, que se traslada con paquetes en vez de maletas. Iletrada y rural. Todavía son muchos millones, invisibles para los hípsters urbanitas enganchados a los estrenos en las plataformas.