Opinión

Somos todo eso

Somos un país de contrastes, estrambótico, amante de los rezos y de los toros, de la anarquía y sutilmente ateo. Somos todo lo que tú quieras

Un grupo de personas pasean por la playa del Postiguet en Alicante.

Un grupo de personas pasean por la playa del Postiguet en Alicante. / PILAR CORTÉS

Somos un país de contrastes, un país estrambótico, amante de los rezos y de los toros, de la anarquía y sutilmente ateo. Somos un país de viejos a los que sin embargo descuidamos constantemente, aunque decimos adorarlos y los adoramos con palabras, pero no con hechos y cada día los sometemos un poco más y los humillamos otro tanto, porque como decía Berlanga: «Yo pensaba que lo más jodido de mi vida había sido la censura de Franco, pues no. Lo más jodido es perder la memoria», que es lo que les pasa a los ancianos que desdibujan su vida con una sordidez que ni el peor de los dioses querría para sus hijos y que sin embargo al nuestro parece entretenerle, perpetuando el sufrimiento, porque el lápiz con el que pedimos su compasión está mordido y alguien lo ha machacado. Somos un país de mar y de cumbres altivas, de ciudades hermosas y de pueblos chiquitos con taberna e iglesia; con puta y tonto. Somos de amores furtivos y de amantes con los que nos cruzamos momentáneamente. Somos de noches eternas, de vidas cruzadas o en paralelo y sobre todo somos amigos de la risa cuando nos refugiamos en la pena de no entender por qué tu me odias cuando yo solo quiero que seas feliz y tengas una bolsa llena de caramelos de muchos colores y así olvides las banderas tan desteñidas y cursis. Somos de fútbol y de nieve y somos letra, hermosos estribillos de las más hermosas canciones. Somos un soplo y un recuerdo que no quieres recordar; somos lo mejor de cada uno y también lo peor entre todos cuando nos negamos a entender y decidimos que el malo es el otro olvidando que hemos ocultado la bondad bajo tantas mantas que es muy difícil que alguien la encuentra y así obviamos que el malo es el otro y nosotros. Somos un jazmín y una rosa con espinas; somos el canto rebelde y un himno sin letra que no emociona ni reacciona. Somos paella y tortilla de patata, jota y copla y un corazón tatuado sobre nuestras lágrimas. Somos noche de invierno, frío, lluvia, viento y sol abrasador. Somos todo lo que tú quieras y todo lo que no te atreves a pronunciar. Somos escuela y rabia y un pelín de envidia y somos tan ricos como pobres y tan sanos como enfermos. Somos madre y padres, abuelos, hijos y tenemos un país sacudido de traiciones que recogerán los nietos que son los únicos que aman con bondad, la que han encontrado tras esconderse bajo todas las mantas con las que hemos tapado la sonrisa de tantas y tantas bocas.

Somos todo eso.

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