Opinión | Tiene que llover

Maneras de marcar el paso

Macarena Montesinos interviniendo desde la tribuna del Congreso de los Diputados.

Macarena Montesinos interviniendo desde la tribuna del Congreso de los Diputados. / JUAN CARLOS HIDALGO / EFE

Voy tranquilamente por el centro y veo venir de frente a la secretaria general del pepé en el Congreso. Tranquilos, nos tenemos afecto desde hace la tira. Macarena Montesinos va del brazo de su madre con quien no he vuelto a coincidir desde que en octubre del 82 me abrió la puerta de su casa para hacer el perfil del patriarca de la tribu, uno de los fundadores de apé y cabeza de lista en las elecciones marcadas para pocos días después. Me da mucha alegría reencontrarme con la señora a la que hago constar lo fantástica que está y me responde sin inmutarse: «Cuando viniste a entrevistar a Juan Antonio me trataste de tu y ahora me hablas de usted». O lo que es lo mismo: has confundido el tratamiento las dos veces.

La hija heredó la vocación del padre adobada con la dulce franqueza de la madre. Y de esa guisa ha escalado hasta la zona noble de la dirección feijoniana tras haber dejado su impronta en distintas tareas entre las que figura la Comisión de Control de Rteuveé donde no queda otra que batirse el cobre porque es bien sabido el celo con el que el Gobierno de turno acota las pulsaciones del Pirulí. Es una forma suave de significar cómo se estrangula la creatividad de un medio que teóricamente cuenta con todas las posibilidades a su alcance para marcar tendencia, pero que al final ha de someterse al único objetivo de los controladores de un color y de otro que es a ver quién estrangula mejor.

Dirán ustedes: ¿Y esta digresión? Debe ser que anda Miguel Tellado en pantalla. En mi círculo íntimo Cuca tuvo la virtud de poner de acuerdo a dos personas de pensamiento contrario, puesto que incluso para la conservadora resulta superior a sus fuerzas. Con la portavocía del hombre llegado de Galicia en danza a ambos les salen ronchas y, tras exigir el envío de la Armada para sofocar a los cayucos, ha certificado que su juego es de otra liga. Me perturba particularmente porque en buena parte de las intervenciones tiene a Macarena al lado asintiendo algunas de sus sutilezas. Y eso no está pagado con nada.