Opinión

Lamine es de izquierdas

Lamine Yamal celebra la victoria con los aficionados españoles, al final del partido contra Francia

Lamine Yamal celebra la victoria con los aficionados españoles, al final del partido contra Francia / E.P.

Aún es de noche pero ya llega el alba, estoy en un duermevela. Oigo una voz. “Jesús, -me dice la voz, muy parecida a la de Toni Cabot, el director de INFORMACIÓN- veo que te estás dejando llevar por la máquina del fango, esa hidra de siete cabezas que mancha el honor de las personas y socava nuestras instituciones. Pero qué es eso de meterte con la calva de De la Fuente, las lágrimas de Morata o los rizos de Cucurella. No hace falta que te recuerde que escribes para un periódico serio, riguroso, honesto. Te ordeno que te apartes del mal, Jesús, aunque sé que te atrae. Es una orden”. Despierto sudoroso, y donde manda patrón…

Y llega la semifinal: dos estilos. Dos trayectorias. Dos himnos (que no es que sean diferentes; es que uno está en el submundo y otro sigue como la estrella del metaverso). Los franceses en la previa se muestran agazapados, como felinos musculosos y tensos a la espera del error de la presa. No han marcado apenas goles, pero se han cargado a la ultraderecha de su país. Francia además tiene el Tour en marcha y los Juegos Olímpicos en París a la vuelta de la esquina. Por contra, nosotros estamos en mitad de los sanfermines y acaba de volver el “Grand Prix” de Ramón García a La 1. No es lo mismo, pero casi. Entrevistan en el palco a Pedro Rocha, el presidente de la Federación y le preguntan cuál va a ser la clave del partido. “La clave es salir a ganar”. Gracias Pedro, nos iluminas. Salen al campo los jugadores. Qué bonita es La Marsellesa, joder. Nuestro “lolololo” hace que “Zar”, mi perro, gruña entre dientes. “Es lo que hay, Zar, así somos…”, le digo.

Empezamos bien. Pronto fabricamos alguna ocasión, el balón nos corre bien, España parece suelta. Pero empiezan a pitar a Cucurella y todo se empieza a oscurecer: a los ocho minutos dejamos a Mbappé mirar y centrar y a Kolo Muani rematar a placer. Los felinos, tal cual, y en su salsa. En la siguiente jugada Navas se carga con una tarjeta y los franceses empiezan a oler la sangre. No llevamos ni quince minutos y ya estamos todos con depresión profunda. Todos imaginamos ya que a estos atletas de color va a ser imposible meterles un gol, que Mbappé nos va a masacrar al contraataque, que Morata es imposible que meta un gol, en cualquier sitio, a cualquier hora. Y en esas estábamos cuando llegó Lamine, cogió su fusil y como quien no quiere la cosa, como si fuera una pantera desperezándose en la media luna, hace un par de amagues y suelta un zurdazo -enroscado como una serpiente venenosa- tan descomunal que nos saca del pozo tan profundo en el que creíamos estar. Qué forma de pegarle a un balón, madre de dios. Y cuatro minutos más tarde, una virguería de Dani Olmo nos vuelve a hacer creer que sí, que somos los más grandes. Volteamos el marcador, se nos va la “depre” y tornamos a un estado de euforia que confirma que los españoles, mayormente, somos bipolares. Francia lo intenta pero está un poco perdida, España vuelve a tomar el mando y el último cuarto de hora se va sin mucho misterio porque ni Francia se toma muchas prisas, ni España las necesita.

Dani Olmo celebra el 2-1, que significaba la remontada de España

Dani Olmo celebra el 2-1, que significaba la remontada de España / E.P.

Antes de empezar el segundo tiempo sacan un primer plano de Didier Deschamps. La Marsellesa será preciosa, pero él…El partido empieza bien, pero poco a poco los franceses empiezan a achuchar. A los quince minutos salen Camavinga, Griezman y Barcolá. Van con todo. Lulú? C,est moi, les decimos. España juega bien las posesiones. Deschamps cada vez más nervioso. Morata se faja de lo lindo protegiendo y robando balones, y provocando faltas. Aprietan con los córners, pero respondemos jugando como equipo grande, sin volvernos locos, controlando. Merino y Oyarzábal salen para la resistencia final, como si el Múnich Arena fuera los sitios de Zaragoza, y Rodri ejerciendo de general Palafox. Unai nos da algún susto que nos pone cardíacos. Quince minutos quedan. Entra Giroud, y da un poco de miedo. 137 veces internacional, 57 goles con la azul, máximo goleador francés de todos los tiempos. Barcolá nos mete miedo por la izquierda. Lamine vuelve a pegar otro zurdazo que casi, casi. Francia no crea en ataque y a “les bleus” empieza a írseles el partido. Camavinga va a por nuestro Cucu (Juan Carlos Rivero dixit), a Merino le pegan un codazo, Griezman no se sabe para qué ha salido y Mbappé yo creo que por momentos echó de menos la máscara. Acabamos el partido sin sufrir y sin que nos hagan apenas oportunidades en los últimos minutos. “C,est fini”, el árbitro pita. Ha sido fácil: aparte de Albania y Georgia, solo hemos tenido que ganar a Croacia, a Italia, a Alemania y a Francia. Y jugando bien. Oh, la, la, si nos lo dicen hace un mes, no nos lo creemos: estamos en la final.