Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tribuna

¿Será posible?

La exministra de Igualdad, Irene Montero durante un acto de la campaña de las europeas.

La exministra de Igualdad, Irene Montero durante un acto de la campaña de las europeas. / Cabalar

Las rarezas e inverosimilitudes están a la orden del día en política. Le cuento. La Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III fue instituida por el rey Carlos III «con el fin de condecorar a individuos beneméritos». El lema del que la dotó su fundador desde su creación, «Virtuti et merito», constituye el mejor indicativo de la finalidad de la Orden. Virtudes personales y mérito alcanzado al servicio de la Corona. El decreto que regula esta condecoración fue aprobado en 2002, bajo el Gobierno de José María Aznar. Las han recibido, entre otras muchas, personalidades como la reina Silvia de Suecia, Nicolás Sarkozy, Salvador Dalí o Naruhito de Japón.

La Gran Cruz de Carlos III se puede conceder a las máximas autoridades nacionales, incluidos los ministros, por sus servicios al Estado. También se entrega a civiles y militares. La distinción, formalmente, es autorizada por el rey a propuesta del presidente del Gobierno. Hete aquí que sin ser de concesión obligatoria este año, las agraciadas, entre otros, han sido dos de las exministras del Gobierno de coalición, las ínclitas Irene Montero y Ione Belarra. Como todo el mundo sabe ambas han prestado importantes servicios, al Estado y a la Corona, manifestando abiertamente su idea de acabar con la monarquía para instaurar una república en España. De ahí que esta concesión en ambas chirríe estrepitosamente.

Esta condecoración le llega a Irene Montero ya como diputada en el Parlamento Europeo, con un sueldo neto de más de 12.000 euros mensuales, y tras haber beneficiado a más de 1.156 agresores sexuales con su polémica ley de libertades sexuales, también conocida como del «sólo sí es sí». Una norma por la que el propio Sánchez tuvo que pedir perdón a la ciudadanía y se vio obligado a reformar en el Congreso con el rechazo de Irene Montero. De ahí que cualquier condecoración «Virtuti et Mérito» que también le fue concedida a su ex, Pablo Iglesias, sea como una aberración, como un insulto a cuantos hacen de la virtud y el mérito tanto personales como de servicio a España, norma de conducta.

Buena parte de los exministros «agraciados» no aguantan la prueba del algodón. n

Tracking Pixel Contents