Opinión | Tribuna
Sheyla Alcaraz
Hoy es el Día del TDAH en España, pero ¿sabes si eres TDAH?

Hoy es el Día del TDAH en España, pero ¿sabes si eres TDAH?
Seguramente si te pregunto si tienes TDAH me contestarás que no, puede que respondas que no lo sabes o, incluso, cabe la posibilidad de que confirmes que sí, que te identifiques como TDAH. Aun en este caso, aunque hayas respondido que sí, porque hayas tenido dificultades de concentración, una necesidad de actividad física sin control o la incapacidad de frenar impulsos, no significará que estés en lo cierto. En cualquiera de las respuestas posibles no tendremos ninguna certeza, puesto que el diagnóstico de Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), en muchos casos, ha corrido la suerte de ser banalizado en diagnósticos no profesionales. Cualquiera inquieto de más, por ser más disperso para la concentración o impetuoso ante circunstancias diferentes puede ser considerado TDAH. Esta situación genera un doble problema, que se diagnostique a personas que no lo son y que, aunque parezca contradictorio, no se haga con aquellas personas que sí sufren este trastorno. La estadística fija en el 3 % de la población aquella que puede ser susceptible de sufrir TDAH, lo que supone que en la provincia de Alicante hay casi 60.000 personas, así que muchos de nuestro entorno, o nosotros mismos, podemos estar en esta cifra.
Por ello es fundamental saber y conocer dónde estamos. El TDAH tiene una base genética muy clara, pero es cierto que hay elementos exógenos que favorecen este trastorno y su manifestación. Y, sobre todo, hay mil condicionantes que pueden generar que los tres síntomas clásicos oculten otro trastorno, otra patología o un estado pasajero y temporal de una persona. Esta combinación múltiple de una razón biológica y una reacción al medio social es lo que convierte al TDAH en difícil de diagnosticar. Pero si algo debemos tener claro es que no todos los menores que se mueven de más o que son especialmente distraídos, necesariamente tienen que responder a este trastorno.
Aunque los síntomas más comunes suelen ser la falta de atención, la impulsividad y la hiperactividad, son muchas las razones que pueden explicarlo. Podemos estar ante casos de ansiedad, estrés, falta de confianza o que estos –o algunos de estos síntomas– sean una respuesta a otras cuestiones, como el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Muchos diagnósticos tempranos son formulados desde la comparativa entre compañeros del mismo curso, sin tener en cuenta la edad madurativa de ellos, su realidad social, familiar o de cualquier otro tipo. Algunos pedagogos consideran que los currículum con muchísimas asignaturas complica la concentración de una parte de la población infantil, especialmente en los menores con mayores dificultades, pero no necesariamente TDAH. Otras situaciones personales, como la separación de los padres, un problema físico o dificultades en el lenguaje también pueden generar estos síntomas concretos, sin estar asociados al TDAH.
Por lo tanto, es necesario un diagnóstico médico con rigor para determinar un posible diagnóstico en este sentido, como también es importante un análisis psicológico que entienda y analice las circunstancias personales que atraviesa el menor. Esta tarea conjunta de psiquiatra y psicóloga es fundamental para abordar todas las aristas que determinen un diagnóstico cierto.
Necesitamos establecer nuevos protocolos entre profesionales sanitarios y especialistas en psicología que ofrezcan diagnósticos claros, un tratamiento y atenciones muy definidas. Sabemos que el tratamiento farmacológico es importante, pero una atención y acompañamiento psicológico puede determinar con éxito el futuro de estos menores. La falta de diagnóstico certero, y por lo tanto de su tratamiento, puede generar un mayor riesgo de fracaso escolar, derivar en otros problemas de salud mental, causar dependencia a sustancias como el alcohol y las drogas, así como derivar en un arrinconamiento social grave. Marginación y discriminación son otros de los síntomas que sufren como consecuencia de la falta de sensibilidad social frente a esta realidad. Este día 27 de octubre debería ser el día de todos. Apostar de manera colectiva por atender con las máximas garantías estos casos, los que son y los que no. Y generar un espacio donde el papel experto tenga su empeño en el tratamiento de estas personas, especialmente de los más pequeños.
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