Opinión | Tribuna
En torno al bombardeo fascista del Mercado Central de Alicante (25 de mayo de 1938)

En torno al bombardeo fascista del Mercado Central de Alicante (25 de mayo de 1938).
De entre los lugares conmemorativos de la memoria democrática que se pueden visitar en la provincia, ocupa un lugar especial el Mercado Central de Alicante.
Una placa conmemorativa a los pies de los transeúntes, colocada en la entrada del Mercado, les recuerda que atraviesan tierra sagrada. Tierra sangrada.
El 25 de mayo de 1938, durante la guerra civil española, la aviación fascista italiana, a las órdenes de los militares sublevados contra el régimen legítimo de la Segunda República, y dirigidos por el general Franco, bombardearon a una población indefensa en el Mercado Central de Alicante, donde murieron más de trescientos civiles, en su mayoría mujeres y niños, en un criminal ataque dirigido y perpetrado deliberadamente contra la población civil, en pleno casco céntrico de la ciudad y alejado de objetivos militares.
Se cuenta por los supervivientes de la tragedia que aquel miércoles había entrado mucha sardina y el mercado estaba repleto de gente. Siendo sobre las 11:18 horas del mediodía, nueve bombarderos de la Aviación Legionaria Italiana del bando sublevado, con base en Mallorca, se dirigieron, sedientos de sangre, a su objetivo, un objetivo absolutamente indefenso, que sería pasto del fuego y de la metralla. Hasta noventa explosivos atronaron esa trágica mañana tras golpear el suelo del mercado, segando vidas a su paso en segundos.
Aquella mañana, la aviación italiana no entró por el mar, como venía siendo habitual, sino que lo hicieron desde el interior, escapando de las escuchas antiaéreas situadas en la playa del Postiguet y en el puerto. Es por lo que la sirena antiaérea de alerta a la población aquella mañana no sonó. La misma sirena que ahora descansa en el interior del mercado, como enmudecida de tanto horror y tanta muerte. Junto a la sirena se exhibe el reloj del mercado, detenido a las 11:22 horas, la hora del bombardeo, en el mismo tiempo en el que quedaron detenidas las vidas de más de trescientas víctimas.
El bombardeo formaba parte de la campaña de terror ordenada por las autoridades nacionales cuando las tropas rebeldes alcanzaron el Mediterráneo y comenzaron el avance sobre Valencia. No fue el único bombardeo, pues hubo otros sobre otras poblaciones civiles en toda la costa mediterránea, perpetrados por la aviación italiana fascista que partía desde Mallorca, con ansias de muerte, y que no cesaron hasta que se dio inicio a la Batalla del Ebro.
El número concreto de víctimas se desconoce con certeza. El diario Avance, órgano oficial de la Federación Provincial Socialista, correspondiente al día 27 de ese mismo mes, publicaría que «Doscientos cincuenta muertos, en su mayoría mujeres y niños, nos ha causado la aviación italo-germana, en su última incursión sobre Alicante». Misma cifra, en misma fecha, ofreció el diario Liberación, de la CNT. Otras fuentes afirmarían que fueron más de trescientas víctimas mortales, llegando casi a cuatrocientas, y más de mil heridos. Toda una masacre. Otro crimen contra la humanidad que quedaría impune.
El historiador Enrique Cerdán Tato relató que aquel trágico miércoles 25 de mayo de 1938 corrieron regueros de sangre por algunas de las calles cercanas al mercado. Los despojos de las víctimas se llevaban en carros de basura, a la Casa de Socorro o al hospital de campaña improvisado, levantado a duras penas en un bar de la calle Calderón de la Barca. Alaridos, lamentos y sollozos se escucharon en medio de la explosión, y las vísceras y miembros de las víctimas arrancados por la metralla, se amontonaban por la lonja de frutas y verdura. La gente huía despavorida sin saber a dónde y las mujeres y los niños, moribundos entre gritos de dolor y de espanto, agonizaban en las aceras. Una verdadera masacre. El horror, la barbarie y la deshumanización de unas tropas asesinas.
El Cuerpo Consular Extranjero, integrado por los cónsules de diecinueve países, presentaron sus condolencias al gobernador civil de Alicante, Jesús Monzón, en una nota hecha pública que insinuaba la intencionalidad asesina del ataque. «El hecho de que desgraciadamente el ataque haya sido recibido en el casco céntrico de la población, alejado de objetivos militares y que por ello las numerosas víctimas producidas pertenecen al elemento civil, hará más hondo el dolor de V.E. y excita más intensamente la condolencia de esta Corporación que, al margen de todo interés político, se asocia al luto de las autoridades, en comunidad de humanitarios sentimientos». Condolencias internacionales que, unidas a los trágicos sucesos de la II Guerra Mundial, que estaban aún por llegar, germinarían en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 cuyo objetivo era evitar que estas matanzas sucedieran nuevamente. En un informe posterior efectuado por una comisión enviada por el primer ministro conservador del gobierno británico, Neville Chamberlain, se evidenciarían casos concretos de «agresiones deliberadas contra la población civil».
Y es que, tras la Segunda Guerra Mundial, y tras la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, las Convenciones de Ginebra de 1949, en especial, el Cuarto Convenio de Ginebra relativo a la Protección de Personas Civiles en Tiempo de Guerra, y los Protocolos Adicionales de 1977 relativos a la protección de las víctimas de los conflictos armados, tras los Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos de 1966 y la Convención para la Reprensión y la Sanción del delito de Genocidio de 1948, instrumentos jurídicos que conforman el derecho internacional humanitario, todo bombardeo perpetrado deliberadamente contra la población civil debe ser condenado como crimen de guerra, como crimen contra la humanidad, por parte de todos, de todos los partidos y de todas las naciones, puesto que ya no caben más excusas. Ya no hay alternativas. Todo ataque deliberado cometido contra la población civil debe ser condenado y no puede quedar impune.
La mayoría de las víctimas del bombardeo del Mercado Central fueron enterradas en fosas comunes del cuadro número 12 del Cementerio Municipal de Alicante y permanecieron sin lápida ni recordatorio alguno hasta el año 1995. Una estela donada por la Comisión Cívica de Alicante para la recuperación de la Memoria Histórica, inaugurada el 28 de marzo de 2011, se alza ahora en el cementerio, en esa misma parcela, y recuerda y conmemora los más de setecientos republicanos fusilados por el franquismo en la provincia de Alicante entre 1939 y 1945, enterrados en fosas comunes en las parcelas doce y diecinueve, y en las que se contienen también los restos de las víctimas que sufrieron el cruel bombardeo.
La dictadura franquista, tras la guerra civil, haría sepultar en el más profundo de los olvidos los bombardeos sobre la ciudad de Alicante realizados entre 1936 y 1938, a la par que sepultaría en fosas comunes a los cientos de fusilados, imponiendo con ello una ley del silencio que, con los años, degeneraría en una ley del olvido.
El catedrático de Historia Ramiro Muñoz Haedo, con razón, escribiría: «En nuestro país, los muertos franquistas han sido larga y profusamente honrados. Los republicanos requieren una equiparación semejante por justicia y por conveniencia y, dentro de ellos, los más de tres centenares de muertos en el bombardeo del Mercado de Alicante en mayo de 1938».
En 2007, la Comisión Cívica de Alicante para la recuperación de la Memoria Histórica, en colaboración con otras entidades, convocó un Concurso de Ideas para un «Homenaje a las víctimas del bombardeo del Mercado Central de Alicante». El trabajo presentado por Elena Albajar, bajo el lema «Todos los días, a las doce», resultó galardonado. El monumento se halla en la entrada del mercado y una leyenda recuerda a «las más de 300 víctimas civiles del bombardeo de la aviación italiana fascista del 25 de mayo de 1938». Trescientas luces se iluminan de rojo a las doce del mediodía, en recordatorio de todas las víctimas, todos los días.
A pesar de ello, aún hoy el bombardeo del Mercado Central de Alicante es un absoluto desconocido para la mayor parte de la población. Tristemente, otros bombardeos han sido contundentemente inmortalizados por enormes genios con gran expresión del horror y de la barbarie. Pero sobre aquella mañana de Alicante del 25 de mayo de 1938 todavía se ciernen las sombras.
Quizás un lienzo blanco, frío y callado, esté esperando. Seguimos necesitando iniciativas como la de la Comisión Cívica de Alicante que rescaten estos trágicos sucesos del olvido y los reintegren a la memoria colectiva; colectiva de todo el pueblo, colectiva de toda la humanidad. Porque es la humanidad la que más las necesita.
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