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Opinión | Tribuna

Información, ciencia y libertad

Sede de RTVE en Torrespaña

Sede de RTVE en Torrespaña

Escribo estos párrafos en el día mundial de la televisión, reconocida en Europa como el principal medio transmisor de información.

Hasta ahora me sentía orgulloso de vivir en un país donde se pueden visualizar videos de periodistas como Carlos Alsina, Carlos Herrera, Vicente Valles, Susanna Griso, Pablo Motos, el Gran Wyoming… digitales como los de Angel Rojo, Carlos Cuesta, Albert Castillón... Y por supuesto los programas de opinión y los telediarios de todas las cadenas.

Pero esta idílica diversidad informativa, monumento a la libertad de expresión, no podía durar mucho tiempo. Era demasiado bonita.

En los primeros días de la riada nuestros representantes políticos suspendieron sus sesiones en el congreso y en el senado… Todas no… Se conservaron las dedicadas al reparto de cromos entre los socios del gobierno sobre los puestos directivos de la televisión pública. Cosas sin importancia que han ocurrido en este reino de España mientras morían conciudadanos ahogados en nuestra Comunidad Valenciana entre otras.

Y en ese reparto, que ya es un hecho consumado, se le ha otorgado un cargo importante en el consejo de RTVE a la periodista Angélica Rubio, tertuliana habitual de algunos medios, que fue asistente de prensa y personal de José Luis Rodríguez Zapatero. La periodista que generó y difundió el enorme bulo de que el juez Peinado tenía dos DNI distintos con propiedades inmobiliarias adjudicadas a ambos documentos. Una noticia que, al día siguiente, la portavoz oficial del PSOE, Esther Peña, utilizó para dirigirse a los “órganos de control de la judicatura para que esclarezcan el asunto por la buena imagen de la justicia” (palabras textuales pronunciadas por la citada portavoz). O sea, desautorizar al juez Peinado convirtiéndolo en material de "asuntos internos” para el poder judicial.

Lo primero que ha dicho Angélica Rubio para agradecer su nombramiento es que “llego a RTVE para combatir los bulos”. Palabras textuales pronunciadas por ella, precisamente ella. O sea, que la acreditada comunicadora discriminará en el futuro próximo entre lo que es información veraz y lo que es un bulo. Si este nombramiento se complementa con el anunciado paquete de medidas de “regeneración democrática” que amenaza con decretar el presidente del gobierno no es difícil intuir lo que va suceder a partir de ahora: publicar cualquier argumento crítico con el gobierno o su colonizada administración puede convertirse en una actividad de altísimo riesgo. Su autor(a) en objetivo prioritario para los combates de Angélica y en un conejo de indias para la aplicación de medidas regeneradoras… Por lo que a mí respecta, por si acaso y emulando a Scarlett O´Hara en “lo que el viento se llevó”, juro solemnemente que no volveré a publicar una palabra en un periódico, ni en el WhatsApp o en el correo electrónico.

Uno de los fundamentos de la metodología científica se basa en el contraste de hipótesis a partir de datos provistos por la observación o generados en experimentos diseñados para el caso. Me parece que en el periodismo se procede, o debería, en otro sentido: se recaba o recoge toda la información disponible, se organiza y se pone a disposición del público receptor para que elabore sus propias conclusiones, que pueden coincidir o no con la interpretación del periodista, o de la línea editorial de la publicación. Pero hecha la ley, hecha la trampa. Y en el periodismo y la política actual se lleva a cabo de manera sistemática lo que en ciencias llamamos “cocinar los datos”. Algunos periodistas y políticos son estrellas Michelin en este arte: Aunque no se diga nunca, implícitamente, siempre están presentes posicionamientos ideológicos prestablecidos. Se escogen algunos datos coherentes y útiles para apoyarlos, se desechan otros que podrían ponerlos en evidencia, además los datos se califican, interpretan, unos se magnifican otros se reducen, las informaciones se bareman, se ponderan, a unas se les otorga un mayor valor “significativo”… Todo ello se practica disfrazando la parcialidad con sutilezas, habilidades que seguramente se aprenden en la facultad de periodismo. Aunque a veces, como en el citado caso de los dos DNI del magistrado, la difusión de datos rigurosamente falsos adquiere un carácter más bien barriobajero. Paso a citar otro ejemplo reciente: Los incidentes en Paiporta del pasado 3 de Noviembre, en relación con la visita de autoridades a la “zona cero” de las inundaciones.

Ante estos hechos, creo que lo correcto siempre es aplicar el teorema general de que no hay que permitir que ninguna protesta por legítima que sea degenere en violencia física… para a continuación comprender que personas que han perdido parientes o amigos, su casa, su coche, sus medios de trabajo… tienen todo el derecho a desatar su rabia y llamar “asesinos” a quienes consideran responsables, en parte, de su desgracia. También a que alguno pierda los papeles aporreando la carrocería de un coche o lanzando un palo al aire. Un palo que por cierto no llego ni a rozar a Pedro Sanchez. Intentos de agresión reproblables que seguramente tendrán consecuencias penales. Pero no se puede negar que un importante sector de la opinión pública consideró vergonzosa la fuga del presidente Sanchez mientras los Reyes aguantaban dignamente el chaparrón de críticas. Y ¿que hizo el propio presidente?. Atribuyó la autoría de las agresiones a “grupos ultras perfectamente organizados que iban a tratar de hacer el mayor daño posible a las autoridades allí presentes” (palabras textuales de Pedro Sanchez). Como siempre sus afirmaciones no admiten resquicios de duda, nunca se matizan con un “parece ser”, “en mi opinión”, “presuntamente”… Desde la legitima autoridad que le otorgaron las urnas, él mismo se auto otorga una autoridad moral que considera sus afirmaciones como axiomas infalibles, unas verdades, sus verdades que no necesitan demostración. Reafirmó el carácter agresivo de las manifestaciones focalizándose él como único objetivo de las mismas y agradeció la inquieta preocupación hacia su persona por parte de todos los españoles. Abrumado con nuestro desasosiego, nos tranquilizó con aquellos “yo estoy bien”. En su discurso no hubo ninguna mención al rey Felipe ni a Leticia con su rostro salpicado de barro, en su papel más de persona que de reina consorte… Como característica de nuestro tiempo, al día siguiente entraron en acción nuevos actores a través de las redes sociales. Una vez establecida la hipótesis por el amado líder aparecieron voluntariosos sanchistas dispuestos a proporcionar datos para confirmarla. En el mundo universitario asignamos estas tareas a los becarios o a “colaboradores meritorios” del proyecto, personas currantes que al final nunca figurarán en la lista de agradecimientos. En este caso se montaron películas en las redes sociales identificando símbolos fascistas o neonazis en la camiseta de algún joven airado que estaba o pasaba por allí. Había que apoyar la tesis de los “grupos ultras organizados”, grupos que además tenían que ser de extrema derecha. Amplificados por algunos medios, se trataba de alcanzar dos objetivos: Por un lado se facilitaba la coartada para justificar la fuga del presidente (“iban a por él”). Por otro lado se le ofrecía en bandeja de plata un nuevo dato (oído cocina), una “prueba” de una presunta asociación entre violencia y extrema derecha. Efectivamente, los aprendices de periodistas de investigación habían detectado el logotipo neonazi en una camiseta.

Afortunadamente la guardia civil ha desmontado toda esta farsa al identificar y detener a los agresores. Ha quedado constatado que los arrestados son tres vecinos de Paiporta, Albal y Godella que antes de la visita estaban ayudando a los damnificados en sus trabajos de limpieza. Y, en contra de las afirmaciones del presidente y su ministro del interior, no consta que militen en ningún grupo ni, por supuesto, en grupos ultraderechistas.

Es un ejemplo antológico de cómo se manipula y se cocina la información desde la política, la televisión y las redes sociales.

Creo que no es democrático ni saludable crear organismos, arbitrajes, reglamentos, comisiones de censores y supervisores, medios de control político de la calidad de la información. Muchos opinamos que la mejor ley de prensa es que la tal ley no exista. Puesto que vivimos en un estado de derecho que garantiza el derecho a la rectificación de informaciones falsas o infundadas y en el que las injurias, calumnias y atentados contra el honor ya están contemplados en el código penal.

Los ciudadanos estamos sometidos a un auténtico bombardeo de información más o menos sesgada y cocinada. Y para movernos en este laberinto lo que menos necesitamos son medidas purgatorias, los combates marciales o las inquisiciones maternales de Angélica Rubio.

Para filtrar y elaborar racionalmente la información-desinformación contamos con la ayuda de nuestro nivel educativo y cultural (más o menos mediocre), de nuestro espíritu crítico y del sentido común. Y, llegado el caso, como en el ejemplo descrito, de la benemérita Guardia Civil.

En las recientes elecciones en Estaos Unidos, Donald Trump ha centrado su campaña electoral (MAGA) en el resurgimiento de la grandeza y la libertad de la nación americana. Grandeza y libertad cercenadas, según él, por la inflación, la globalización, la inmigración ilegal, el sectarismo ideológico de la cultura “woke” promocionada por Kamala Harris… Al hablar de economía y libertad, Trump se refiere en esencia a la libertad absoluta para el mercado norteamericano, blindado o al menos protegido frente a competidores externos; se refiere al capitalismo salvaje y primigenio, libre y sin restricciones, liberado también de contraprestaciones sociales.

“No, Jo dic no, diguem que no, nosaltres no som d´ eixe món”, escribió Raimon, el “xiquet de Xativa”, en los años 60.

Atendiendo a su llamada, reivindico la otra libertad. La libertad que todavía queda lejos en este y en casi todos los países del planeta. La libertad democrática. La libertad que proclamaron los comuneros de París en 1871, entonando sus canciones desde barricadas asediadas y empapadas en sangre. La libertad que predicó en su discurso-sueño Martin Luther King en 1963 (“I have a dream”). La libertad hermanada, intrínsecamente vinculada con la igualdad.

“Peró nosaltres al vent, buscant la llum”, escribió también Raimon.

En España gozamos de unas libertadas formales limitadas cuyo establecimiento ha costado muchos esfuerzos, incluso muchas vidas. Unas libertades acotadas pero indispensables en esa búsqueda raimoniana de la llum. Amenazadas hoy con “fiscalizaciones de bulos” y medidas de “regeneración democrática” destinadas a combatir un fantasma... Un fantasma que, a golpes de publicidad, ya está instalado en millones de mentes: La mil veces mencionada “máquina del fango”. Unos controles que darán lugar a nuevas versiones de censura y lo que me parece más tóxico, peligroso y repulsivo: serán generadores de autocensura. Establecidos por quienes se consideran propietarios de la verdad, su verdad… En un intento grotesco de convertir esas verdades, exclusivas y excluyentes, en pensamiento dogmático y mayoritario, políticamente correcto. Precisamente por quienes han establecido la mutación de la “verdad”, el “cambio de opinión”, en una forma habitual de gobernar y de permanecer en el gobierno a cambio de siete votos.

Libertad, soñada libertad… En esta mi opinión, sus portavoces implicados, los medios como este periódico, deberían participar mucho más en su defensa. Los ciudadanos de a pie, como el que suscribe, con nuestra opinión apenas podemos aportar un pedazo de cartón, unos trapos desteñidos y algún mueble viejo para unas barricadas virtuales.

Posdata: La “máquina del fango” no es una idea original del presidente Sánchez. El concepto fue introducido por Donald Trump que lo utilizó contra Hilary Clinton en su primera campaña electoral. Al contrario de lo que ocurre en periodismo, en ciencias es obligado citar las fuentes. En el mundo científico copiar y pegar sin citar se considera un comportamiento deshonesto. 

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