Opinión | TRIBUNA

Arquitecto
Torre Placia: ¿Qué opinará la inteligencia artificial de nuestra inteligencia colectiva?

La Torre Boter, en la partida de la Condomina, y en lo que se conoce como la huerta de Alicante. / INFORMACIÓN
En la Huerta de Alicante se alzaban decenas de torres construidas entre los siglos XV y XVII. Su misión era proteger la Huerta de los ataques de la piratería berberisca. Hoy, muchas de estas torres, junto con otras joyas del patrimonio hortelano, son testigos mudos del abandono y del incumplimiento de las leyes que juraron protegerlas.
Actualmente, la atención mediática recae sobre tres de ellas: la Torre Placia, la Torre del Ciprés y la Torre Mitja Lliura, llamada Media Libra por su inusual ubicación intermedia entre estas dos torres. Mientras Placia conserva su estructura intacta, Ciprés, olvidada y desmoronándose, alerta de su ruina inminente. Sin embargo, más de 1,7 millones de euros se destinan a Placia, no para restaurarla, sino para arrancarla de su lugar, como si fuera un árbol condenado a ser trasplantado.
Todo comenzó con una sentencia judicial que, tras veinte años de litigios, impuso una disyuntiva dramática: mover la torre o demoler las viviendas que la rodeaban. El Ayuntamiento de Alicante, atrapado entre el martillo y el yunque, optó por el traslado, despojando a la Torre de su lugar en el sistema defensivo de la Huerta, de su historia intrínseca. Las obras han comenzado este enero, marcando un cambio irreversible. Con su traslado, el nombre de Mitja Lliura perderá su sentido. Si a ello sumamos el abandono de El Ciprés, tres fragmentos de la historia de la Huerta se desvanecerán.
En 2014, el Tribunal Supremo selló este destino. Se confirmó la primera sentencia ejemplarizante, pero provocando un oxímoron: restaurar la legalidad patrimonial vigente destruyendo la esencia misma del monumento a preservar. De nada sirve contar con los mejores técnicos si les encargamos que ejecuten un sinsentido.
En su día, muchos propusieron dejar la Torre y las viviendas donde están, rodear Placia de un trampantojo vegetal que disimulara las cicatrices de un urbanismo insaciable y convertirla en el símbolo de una amnesia colectiva a desterrar. Pero detener la maquinaria legal resultó imposible. Mientras tanto, la Torre del Ciprés, junto a otras como la Torre Conde o Villagarcía, languidecen en el olvido, esperando recobrar un propósito que nunca llega, vulnerándose con ello la misma ley que ha propiciado el traslado.
Con el despiece de Placia en marcha, queda imaginar un futuro para su parcela original. Quizás un parque museo que narre la epopeya de su desplazamiento, con una traza de luz que recuerde durante las noches su ubicación original. Tal vez repensar su nuevo hogar, para que vuelva a alzarse en un lugar donde alguna vez existió una torre, hoy extinta, como la Torre Tres Olivos, perpetuando su memoria en un territorio de historias entrelazadas.
Pero, en este rincón del mundo, lo sustantivo no eran las torres, sino sus vinos. Donde el agua del Riu Monnegre llegó atravesando Tibi y Xixona, ocurrió un milagro: en 1510, la creación de la «Junta d’inhibició del vi foraster d’Alacant» marcó el germen de la primera denominación de origen del mundo, como relatan los estudios de José Luis Menéndez y su equipo.
Fue en los campos que rodeaban la ciudad de Alicante donde hombres y mujeres transformaron un paisaje árido en un vergel. Levantaron el Pantano de Tibi, trazaron caminos y acequias, construyeron molinos y erigieron las torres defensivas junto a casas de labranza y palacetes. Este prodigio colectivo, que abarcaba los municipios actuales de Alicante, Sant Joan d’Alacant, Mutxamel y El Campello, está hoy a punto de extinguirse.
La decadencia comenzó con décadas de abandono institucional y un urbanismo descontrolado que ignoró su valor histórico y cultural. La Huerta se ha convertido en un espacio degradado, utilizado como vertedero ilegal. Cada paso hacia su destrucción contrasta dolorosamente con su glorioso pasado.
En 2020, como un último intento por salvar este legado, la ONG Arquitectura Sin Fronteras y el Colegio de Arquitectos impulsaron el Proyecto Terra, financiado por la Generalitat Valenciana. Reunieron a los colectivos que llevaban décadas trabajando sobre el terreno, técnicos de las administraciones implicadas y personas anónimas, confeccionando el pacto por la Huerta de Alicante, un documento con 14 puntos que busca proteger este sistema de sistemas y convertirlo en una infraestructura verde que vertebre los municipios de la comarca de forma sostenible.
El pacto propone crear corredores verdes que enlacen el patrimonio hortelano con los núcleos urbanos, fomentando el conocimiento de la historia y el medio ambiente, la práctica del deporte y el turismo enológico y sostenible, atendiendo a la oportunidad que supone pertenecer a una provincia que visitan más de 12 millones de personas al año.
El tiempo apremia, y si actuamos ahora, en 2044 podríamos celebrar el 450 aniversario del Pantano de Tibi con los deberes hechos, habiendo restaurado el patrimonio hortelano, integrando sus valores en nuestro tejido productivo, propiciando el espaldarazo definitivo para que Alicante vuelva a ser uno de los grandes referentes vinícola y cultural. El pasado 8 de enero se cumplió el 515 aniversario de la creación de la «Junta d’inhibició del vi foraster d’Alacant», pero apenas nadie recordó esta efeméride extraordinaria, nuestra mayor contribución a la cultura universal, ser el «germen para la Denominación de Origen más antigua del mundo».
Es imprescindible recuperar este legado en partidas como la Condomina y Fabraquer, cuna de la Junta histórica, cuyos planes urbanísticos están por concretar, planificando con extrema precisión los potenciales crecimientos urbanos para no dilapidar definitivamente el prodigo que dio a Alicante fama universal.
Las bodegas de la provincia pertenecientes a la DOP Vinos de Alicante, con el apoyo de la administración, tienen la oportunidad de liderar la recomposición de la Huerta y de la imagen de Alicante, recuperando las joyas arquitectónicas olvidadas de la Antigua Huerta, para difundir y comercializar los vinos de sus comarcas, pudiendo ampliar su producción a este territorio, que ostenta el maravilloso título de su campaña, «Desde 1510», reconocido por Fernando el Católico, en una ubicación que es hoy un lugar de enormes oportunidades sin explorar. Visionarios como Andrés Pedreño y Rafael Poveda han comenzado a transitar este camino en Torre Juana, conectando nuestro pasado glorioso con un futuro prometedor.
Y así, cuando llegue el año 2060, las generaciones venideras podrán conmemorar con orgullo el 550 aniversario de la creación de la Junta, recordando que una vez, en un rincón yermo del mundo, la inteligencia colectiva de un pueblo hizo florecer lo imposible.
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