Opinión | En la barra del Café Época
Lo tienes delante y no lo ves

Un taller de confección de palma blanca, en una imagen de archivo. / Áxel Álvarez
Hay un refrán popular que dice que «no hay peor ciego que el que no quiere ver», situación esta que suele suceder muy a menudo, yo diría que más veces de lo que sería recomendable y de la que no se libra casi nadie. La pérdida de visión puede ser física, síntoma de una patología ocular grave de las que son objeto de estudio en el congreso de oftalmología Faco Elche, que anualmente se celebra en nuestra ciudad y que este año ha celebrado la vigésimo séptima edición con un gran éxito de participación, llegando al tope de su capacidad, 1.600 congresistas, pero también puede ser racional, producida por causas ideológicas, psicológicas o por simple estupidez y, para poder tratar estas causas, solo existe un remedio: el sentido común, que suele ser el menos común de los sentidos.
En este año 2025, celebramos el XXV aniversario de la declaración por la Unesco del Palmeral de Elche como Patrimonio Mundial, declaración mediante la que se reconoce la labor de nuestros antepasados, dando vida y conservando ese Palmeral más allá de su rentabilidad económica como cultivo. El Palmeral de Elche es el paisaje formado por los huertos de palmeras con sus complejos sistemas de riego, estructurado en el siglo VIII dC por los árabes, mediante su parcelación y ordenamiento, siendo un ejemplo único de las técnicas agrícolas árabes en el continente europeo. No obstante, su origen tradicionalmente se ha situado en la época del asentamiento de los fenicios y los romanos en la región, si bien, no obstante, el hallazgo de huesos de dátil de mayor antigüedad sugiere la posibilidad de la existencia de palmeras en la zona, con anterioridad a estas épocas. En cerámicas ibéricas halladas en el yacimiento arqueológico de la Alcudia, -donde se encontró la Dama de Elche -, ya aparecen representadas palmeras, utilizadas con fines rituales.
El Palmeral histórico de Elche, no es un bosque ni un jardín, es un paisaje cultural de regadío creado con una finalidad productiva que es único, de valor excepcional y significación universal. Además, posee un rasgo característico que lo hace diferente del resto de los palmerales del mundo, que es la palma blanca, una reliquia viva de la cultura de la palmera del Mediterráneo antiguo.
Para la protección de este patrimonio único y extraordinario, además de la propia normativa de la Unesco, del Plan General de Ordenación Urbana, se ha dictado por la Generalitat Valenciana la Ley 6/2.021, de 12 de noviembre, de Protección y Promoción del Palmeral de Elche, normativas que no han impedido que, con el paso del tiempo, el Palmeral haya sufrido una disminución significativa, teniendo en cuenta los datos censales que se disponen, de tal forma, podemos referir que, desde 1973 hasta la actualidad, se ha reducido el número de ejemplares totales aproximadamente en más de un 10 %, y en la zona urbana aproximadamente en más de un 5 %.
Creo que ha quedado claro, patente y nítido que el Palmeral de Elche es único, excepcional y diferenciador, un elemento agrícola, histórico y cultural que solo posee esta ciudad y, estando inmersos en la búsqueda y puesta en valor de recursos turísticos, como llevamos haciendo varias décadas, que faciliten, mejoren y aumenten el número de turistas que nos visitan con las consecuencias económicas que esto supone para la ciudad y teniendo en cuenta que no se dispone de un presupuesto ilimitado para la promoción turística, resulta sorprendente que no hayamos sido capaces de centralizar los esfuerzos en la ampliación, conservación, mejora y promoción del Palmeral.
Durante años estamos debatiendo que políticas aplicar al Palmeral. Unos propugnan políticas ortodoxas de conservación que implican la limitación de usos en los huertos hasta tal forma que para los propietarios privados de los mismos estos no solo no les produce rentabilidad alguna sino que les implica inversiones deficitarias, lo que les aboca a dejarlos perder o a venderlos al Ayuntamiento; otros propugnan políticas más liberales que permitan más disparidad de usos en los huertos, introduciendo el elemento especulador, lo que puede implicar una amenaza urbanística a la conservación del Palmeral y otros solo piensan en lo buenos que están los zepelines del bar El Palmeral y la Dama.
Evidentemente, el Palmeral es un recurso turístico de primer orden, tiene las características de ser único, exclusivo y extraordinario, de una belleza tal que bien promocionado puede atraer el interés y la curiosidad del turista para conocerlo, pero, para ello, es necesario tener un plan estratégico ambicioso, no basta con ir a Fitur, montar una paraeta con unas artesanas trenzando palma desde las diez de la mañana hasta el anochecer mientras se pasean por el estand las Reinas de las Fiestas, la Dama Viviente, Datigol y una vecina del Ferriol que pasaba por allí de visita, mientras suenan Cançonetes de fil i cotó, ni tampoco basta con montar a los turistas que vienen en verano en el trenet y darles un paseo entre el tráfico de los coches, para que vean por allí el Hort del Monjo; aquello que ven al fondo, el Hort del Cebo; lo que se divisa en lontananza, el Hort de la Veleta y aquella que saluda, mi señora.
Para poder convertir el Palmeral en un recurso turístico es necesario cuidar y mejorar los espacios emblemáticos del mismo, como es el Parque Municipal, que precisa urgentemente de una actuación integral, dotándolo de servicios y reformando y adecuando lugares como la Rotonda o el Hort de Baix, espacios que pueden ser aprovechados para usos culturales y sociales y que por su ubicación son únicos; como es la Ruta del Palmeral, una idea interesante y adecuada que facilita una infraestructura verde continua y garantiza la conectividad y el tránsito de personas por ese corredor, dotándolo de la señalética necesaria, de servicios para el usuario, ya que no solo la gente quiere andar, ver y sudar, de una iluminación adecuada y de una limpieza exquisita, vamos, que pasemos de un camino entre huertos a un corredor biológico digno de conocer y disfrutar; y, por último, que seamos capaces de mantener los huertos de palmeras en condiciones excepcionales, de mantenimiento y limpieza, justo lo contrario a como se encuentra en la actualidad el huerto que hay situado frente al Hospital del Vinalopó, que entre palmeras caídas, secas, restos de basura, matojos, falta de iluminación, rotura de cerramientos ornamentales, entre otros, más que un huerto de palmeras interesante para visitar es el escenario de la Batalla de Hué en Vietnam, y que además podamos introducir atractivos singulares en los huertos que los hagan particulares, diferentes y únicos, como puede ser la puesta en valor de algunos huertos destinados al proceso de producción agrícola de productos ecológicos o de distintas variedades de flores o de plantas aromáticas, donde además podamos ver a alguien subiendo a la palmera con la «corda» tradicional sin más sujeción, para recoger dátiles o el trabajo artesano de la palma blanca.
Está muy bien apostar turísticamente por diversos elementos que pueden resultar interesantes para atraer visitas, pero, si tienes algo único, excepcional y extraordinario, aprovéchalo, pues, como dijo José Saramago: «La ceguera no es lo que te impide ver, es lo que te impide comprender».
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