Opinión | EL OCASO DE LOS DIOSES
Degenerando, degenerando

Karla Sofía Gascón presenta Emilia Pérez. / INFORMACIÓN
Por más que lo he intentado, pese a las estratagemas urdidas en la noche e, incluso, cierta venial adulteración analítica que al final fue descubierta (había confundido los triglicéridos con el sarampión y las transaminasas con la úlcera péptica, lo que resulta imperdonable), pese a todas esas infantiles tretas, los galenos y galenas que atienden mi lacerado cuerpo y abatido espíritu se negaron en redondo -previa sesión clínica- a autorizarme ver los Premios Goya, y eso que estaba invitado Pedro Sánchez, huido de la dana, que no tuvo tiempo ni valentía para visitar la zona arrasada pero sí para calarse esmoquin y esperar las loas y arrumacos de ese mundo tan ajeno y distante a la realidad española en el que, desde hace años, se ha convertido la mayoría del cine español. Y muy bien subvencionado, por cierto: recibe el doble de lo que recauda en taquilla. Sabemos que la cultura suele ser -no siempre- deficitaria, pero en el caso que nos ocupa es la ideología y los guiones quienes resultan culpables del descomunal desequilibrio entre costes y recaudación. Por eso los Goya es uno de los pocos acontecimientos públicos a los que se atreve a ir el huido. Allí no hay lágrimas de dolor, como en Valencia o La Palma, todos son aplausos, glamour (muy carpetovetónico, muy emulador del país que odian, USA) e infinito agradecimiento a la inmensa teta pública que surte de néctar a tanto sectarismo y mediocridad.
Pero este año, seguramente porque en ocasiones cuando los dioses quieren castigarnos atienden nuestras plegarias, resulta que además de los vivas y vítores a la vivienda que durante sus siete años de mandato Sánchez no ha construido; las loas al pueblo palestino al que tiene salvajemente secuestrado el terrorismo de Hamás; los gritos contra la fachosfera; los sonoros, vergonzosos silencios sobre Maduro y su golpe de Estado en Venezuela o la guerra de Ucrania, se coló inesperadamente en el discurso «progrewoke» la productora de una de las películas que se ha ganado su derecho a existir por sus datos en taquilla: 5 millones costó y lleva, de momento, 9 millones recaudados: ¿se puede? Sí, siempre que haya talento. María Luisa Gutiérrez, una mujer, una mujer, una mujer -machistas progres-, productora junto a Santiago Segura de la película La infiltrada, dedicó un sincero y sencillo homenaje a las víctimas de los asesinos de ETA y puso sobre las conciencias y sordos oídos de tanta amnésica progresía que la memoria también se refiere a la más reciente, a la de los crímenes de ETA. Y qué mal le ha sentado a toda esta sarta de pijoprogres que les enseñen el retrato de Dorian Gray, el espejo donde se reflejan todas sus mezquindades, sus miserias morales y su rastrero termómetro de moralidad.
Ya empezaron no solo cancelando a Karla Sofía Gascón (antes Carlos), nominada al Oscar a la mejor actriz por su condición trans, no se equivoquen. Pero hete aquí que de nuevo los dioses quieren premiarnos y vuelven a atender nuestras plegarias. Unos mensajes, unas opiniones de años atrás, hicieron de ella un inmediato juguete roto, un trapo sucio del que se sacudió con presteza esta progresía infecta y esnob, carente de ideología y a la que solo le importa el dinero y el poder, sin más conocimientos que el sectarismo, la persecución del rival y la anulación de la libertad. Karla-Carlos habrá aprendido la lección, pese a sus humillantes intentos de congraciarse con los inquisidores y las inquisidoras. No te van a perdonar, Karla, una vez usada eres una compresa de género usada, de persona menstruante, otra obligación más del lenguaje de género. Y todo ello muy bien subvencionado, con centenares, miles de observatorios, chiringuitos, talleres, plataformas, etcétera. Viviendas, ya veremos; sanidad y justicia, cada vez peor, pero para asimilar e imponer por obligación todo este terremoto woke hay de sobra.
España, la de Sánchez, se encuentra hoy en el puesto número 46 en el índice de Percepción de la Corrupción, bajando diez posiciones en un solo año, el peor dato en los últimos 12 años. Está situada por debajo de Botsuana o Ruanda, todo un mérito. Es que resulta muy difícil encontrar un país donde la mujer del presidente, su hermano, su fiscal general, el que fue su mano derecha y exministro, su mamporrero de puticlub, ministros y ministras en el ojo de la justicia, un huido de España por golpista y que hoy es el árbitro de lo que ocurre, unos socios que viene de la memoria histórica del crimen y el asesinato más reciente de ETA, unos ERE blanqueados por un Tribunal Constitucional conformado al dictado del autócrata, todos los organismos público y muchas grandes empresas privadas, colonizadas descaradamente por el poder… Es mucho, demasiado incluso para Ruanda. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Valga la anécdota de uno de los banderilleros del genial Juan Belmonte, Joaquín Miranda, que llegó a ser gobernador civil de Huelva. Belmonte fue con un amigo a un espectáculo taurino, y su acompañante, viendo que el festival lo presidía su antiguo banderillero, le preguntó: «Don Juan, es cierto que este señor gobernador fue banderillero suyo». Belmonte, seco como siempre, contestó: «Sí». «Don Juan, ¿y cómo se puede llegar de banderillero a gobernador tan rápido?». «Degenerando, degenerando». No tengo certeza de que nuestro fiscal general, Álvaro García, conozca la anécdota, pero sí vale la pena reseñar que hasta que fue fichado por Dolores Delgado, era fiscal de medio ambiente en Galicia. Delgado, una vez nombrada fiscal general, se lo trajo para Madrid y acabó nombrado Fiscal jefe del Gobierno. El resto de la anécdota ya lo conocen. Belmonte se suicidó muchos años antes. ¿Hay más nombres? Sí, Irene Montero, Pablo Iglesias (su obsceno chalet y desmesurados ingresos), Íñigo Errejón, Monedero, Yolanda Díaz, Santos Cerdán, Ábalos, Tito Berni, Koldo Aguirre… Y sobre todo, aquellos y aquellas del mundo de la progresía de la izquierda y la extrema izquierda que han iniciado una furibunda y despiadada campaña contra la productora valiente, una mujer, -cuánto machismo y nazi feminismo aflorando por sus venas- productora de La infiltrada, por atreverse a decir que las víctimas fueron asesinadas por ETA, y esa memoria está más cercana todavía y no se puede olvidar. A más ver.
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