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Opinión | Nada es lo que parece

El infantilismo de cierta izquierda frente al tsunami de Trump

Foto de archivo del presidente ruso, Vladimir Putin (i), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d).

Foto de archivo del presidente ruso, Vladimir Putin (i), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d). / MICHAEL KLIMENTYEV/SPUTNIK/KREML / EFE

Las reacciones en nuestro entorno al torrente de presuntas decisiones que anuncia cada noche (en Europa) Donald Trump desde la Casa Blanca se están convirtiendo en un buen diván para el psicoanálisis de la mentalidad colectiva. Y hay, permítanme, un gran sesgo infantilista en mucho de lo que se dice. Los primarios morales ven a Trump como aquel tío abuelo fanfarrón que concentra toda la atención en las reuniones familiares a fuerza de gesticular y vociferar aunque la mayoría de lo que diga acabe en nada. Pero provoca las iras del resto de la familia que asiste al espectáculo con el retraimiento propio de la prudencia.

Una de estas noches, Trump anunció el presunto final de la guerra en Ucrania en la que, entre otras inexactitudes, dijo que habían muerto millones de personas donde, desgraciadamente, han muerto decenas de miles. Solo eso sería suficiente para no seguir prestándole atención si no fuera porque es el presidente de los Estados Unidos. Trump habló también en nombre de quien se supone que era su interlocutor en el supuesto acuerdo, Vladimir Putin, al que damos por conforme pese a no haber abierto la boca. Pero de la fanfarronería de Trump ya extraemos todo tipo de conclusiones geopolíticas, en la que siempre gana y todos los demás perdemos, especialmente Europa.

No es fácil encajar a Trump en nuestro modo de ver la vida. Demasiadas veces partimos de un presupuesto erróneo porque pensamos que está simplemente loco. Y la realidad es que da respuestas equivocadas a preguntas que comparten millones de personas, en su país y en el resto del mundo. Lo que ocurre es que para desenmascarar a Trump hay que salir fuera de la zona de confort de la tradicional superioridad moral de la izquierda europea. Las malas respuestas a los retos reales (como explicó Tony Judt en Algo va mal) son la pista de aterrizaje para las respuestas falsarias de Trump a las que hay que rebatir antes de combatir con una moralidad primaria.

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