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Opinión | Tribuna

Todos los caballos muertos

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y el president de la comunidad Valenciana, Carlos Mazón, durante un encuentro empresarial, en la sede de la CEV, a 20 de enero de 2025, en Valencia, Comunidad Valenciana (España). La Confederación Empresarial de la Comunidad Valenciana (CEV) y el Consejo de Cámaras de la Comunitat Valenciana han organizado un encuentro empresarial con el presidente del Partido Popular, al que también han asistido la secretaria general del PP y el presidente de la Generalitat. Se trata de la segunda visita de Feijóo a la Comunidad Valenciana en el mes de enero.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y el president de la comunidad Valenciana, Carlos Mazón, durante un encuentro empresarial, en la sede de la CEV, a 20 de enero de 2025, en Valencia, Comunidad Valenciana (España). La Confederación Empresarial de la Comunidad Valenciana (CEV) y el Consejo de Cámaras de la Comunitat Valenciana han organizado un encuentro empresarial con el presidente del Partido Popular, al que también han asistido la secretaria general del PP y el presidente de la Generalitat. Se trata de la segunda visita de Feijóo a la Comunidad Valenciana en el mes de enero. / Rober Solsona / Europa Press

Un proverbio de los dakota dice que cuando descubres que tu caballo está muerto es inevitable desmontar. Pueden encontrar muchas referencias sobre este tema, circula como circulan los elementos de transmisión cultural hoy día, como meme de internet, esos virus que mataron los dichos y refranes del pasado. Hacer lo contrario, tratar de aplicar soluciones a un problema cuando es irresoluble es una manera torpe de engañarse uno mismo. Todo el mundo es libre de hacerlo, pero no es aceptable tratar de engañar a los demás.

Básicamente, el caso consiste en la intención interesada de mantener una estrategia sobre un evento (o producto, o política) aun cuando se sabe que está muerto. La analogía pone muchos ejemplos de soluciones absurdas para esta estrategia, como comprar una fusta con la que golpear al caballo, cambiarle el pienso, cambiar al jinete, promover al caballo a un cargo superior y contratar a otro caballo, tan muerto como el anterior... Las estrategias hipócritas habituales, vaya.

En más ocasiones que las que son deseables, los que en su momento se dedicaron a fustigar al caballo en vida, a no darle de comer, a decir que era lento desde sus acomodados puestos en la política, una columna de opinión o desde cualquier lugar en el que podían disparar «a manu salva», insisten paradójicamente en tratar de convencernos de que el caballo solo necesita algunas soluciones con las que -con total y absoluta seguridad- volverá a relinchar, y en las que, por supuesto, se incluye mantener los beneficios para los que mataron al caballo, que siguen estando muy vivos.

Puede que todos estén pensando en Carlos Mazón en este momento. Quizás en Abascal, hasta incluso en Feijóo, pero no es (solo) así. Los dueños de esas cuadras saben perfectamente cuándo el caballo ha expirado. No está bien, por el contrario, pedir que entierren al caballo de tu vecino porque huele muy mal y tener en tu propia finca un caballo que apesta porque lleva mucho más tiempo muerto. No se puede pretender que el ejemplar es tan bueno como cualquiera de esa estupenda cuadra que tantos premios dio en el pasado cuando lo cierto es que el animal muerto siempre estuvo muy lejos de ganar cuando estuvo vivo.

El secretario general federal del PSOE, Pedro Sánchez, instó ante

Diana Morant

que los mejores formaran los cuadros electorales para recuperar el Govern. Pero eso es obligación para cualquier partido, no una sugerencia ni propuesta a debatir. Sería preciso pues empezar exigiendo que nadie insista más (si es tan amable) en tratar de convencernos o de aparentar que un caballo muerto puede ganar en la Royal Ascot cuando todos tenemos la certeza de que el jinete no tendrá oportunidad siquiera de salir de su cajón, por muy hábil y ligero que sea. Los corredores de apuestas son los primeros en darse cuenta; los siguientes son los que invierten su dinero en ellas. Y al final, lo sabemos todos, hasta el caballo muerto.

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