Opinión
Progresismo

Progresismo.
Ahora que continuamente se están refiriendo al progresismo, sería conveniente explicar algo sobre su significación, porque el término progresista, en castellano, proviene de los progressives británicos de finales del siglo XIX, cuya traducción sería progresivistas, si bien se tradujo por un término con connotaciones más positivas como es progresismo. El progresismo es una doctrina política y social que generalmente busca el desarrollo de un estado de bienestar, defender los derechos civiles, la participación ciudadana y cierta redistribución de la riqueza, defendiendo mayor justicia económica e igualdad social, así como también todo lo que significan mayores avances y mejoras en materia sociocultural. En el progresismo se desarrollan diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas de la socialdemocracia y del socioliberalismo, como fuerzas opuestas al conservadurismo en lo cultural y al neoliberalismo en lo económico. Como tendencia política, frecuentemente se le suele encuadrar próximo sobre todo de la centroizquierda, proviniendo de las luchas contemporáneas por los derechos civiles y políticos que dieron vida a movimientos sociales como la revolución sexual, el feminismo, el ecologismo, el veganismo, la sexodiversidad… Ser progresista es ser una persona que tiene unos ideales de justicia establecidos sobre la idea de igualdad de oportunidades, considerando conveniente la redistribución de la riqueza de los más ricos hacia los más pobres. Además, un progresista no cuestiona el statu quo, como hacen los comunistas o los anarquistas, pero sí reconoce que el Estado debe intervenir en la economía para asegurar que todos puedan tener una vida digna.
Los conceptos progresistas progresismo se originaron como consecuencia de la revolución liberal del siglo XIX para calificar a los partidarios de la idea del progreso en el plano político-institucional, el cambio social y las transformaciones económicas e intelectuales. Aunque las ideologías de lo revolucionario y progresista en la primera mitad del siglo XIX estaban relacionadas, a partir de la revolución de 1848 los progresistas se identificaron mucho más con el concepto de reformista. Los progresistas se sitúan ideológicamente a la izquierda del arco parlamentario, pero siempre dentro de aquellas fuerzas que entre, ‘reforma o revolución’, optan por la primera opción. Así, el progresismo se identifica con la tradición socialdemócrata, y poco a poco va cogiendo el tono de un discurso que modificará por completo el sentido originario de ‘progreso’, dejando de ser revolucionarios para reivindicar la transformación a nivel sociocultural.
Aunque la idea del progreso es inseparable de la doctrina económica según la cual ‘avanzar’ hacia un mundo más justo solo será posible si las economías globales crecen de manera constante en términos macroeconómicos, hoy el progresismo se entiende mejor en términos culturales. El modelo progresista se relaciona hasta cierto punto a la del intelectual. Son en la mayoría los jóvenes universitarios y no los trabajadores industriales los que forman parte de la vanguardia progresista.
Ahora el progresismo se caracteriza por ser:
—Laicista: Defendiendo o favoreciendo una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, o ajena a las confesiones religiosas,
—Ecologista: Propugnando medidas para preservar el medioambiente.
—Pacifista: Ser progresista por lo general es ser pacifista, rechazando las revoluciones violentas características de las actitudes extremistas.
—Feminista, porque se condenan la misoginia y el machismo, que denigran y degradan las condiciones de las mujeres. También reclaman legalizar el aborto para que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos.
—Sexualmente liberal: Lo que ha propiciado el respeto y la aceptación de la homosexualidad, la bisexualidad, las relaciones sexuales prematrimoniales, la difusión de los métodos anticonceptivos y la eutanasia.
—Antirracista: Buscando una sociedad más igualitaria para las minorías étnicas.
—Reformista: Reclamando cambios constantes que promuevan el progreso indefinido en lo social, económico e institucional.
—Pragmático: Considerando que el progreso se logra realizando políticas que funcionan, por los hechos confirmados. Así, sus medidas en lo económico y social no han de estar sujetas a ideologías que apoyen la igualdad y la libertad de manera separada.
—Vegano/Vegetariano: Rechazando el consumo de todos o parte de productos de origen animal, ya sea por escrúpulo o por su impacto ambiental.
—Cooperativo/a: Defendiendo que el progreso se consigue trabajando con todos los sectores interesados para el desarrollo económico, social, político e institucional, e impulsando el reconocimiento de los derechos individuales.
—Democrático: La democracia se reconoce como el sistema de gobierno que mejor protege los derechos humanos y la libertad. Rechazando las políticas y regímenes autoritarios.
—Vanguardista: Para romper el statu quo que en lo social y en lo político se ha convertido en una tendencia de los partidos que patrocinan el progresismo.
Sin embargo, ser progresista hoy no tiene, en esencia, nada que ver con lo que era hace cuarenta años. ¿Por qué?: primero, porque desde una sensibilidad de izquierda -progresista- no es posible seguir admitiendo el dogma del crecimiento económico sin tener en cuenta los costes que van relacionados. Además, el ecologismo ya no es un movimiento político residual de una burguesía posmaterialista: es una exigencia política, es el vector más importante que debe determinar la política mundial en los próximos años y también el principal problema que enfrenta la humanidad hoy en día. Por lo tanto, si el progresismo siempre se había basado en la expansión material fruto de la extracción y la transformación de los recursos naturales, ahora esta lógica se ha invertido: el progreso no supone crecer de manera desmedida, sino hacerlo de manera sostenida, o, incluso, decrecer. El ‘progreso’ ya no es ‘hacer más’, sino ‘hacer mejor’. Además, a partir de esta realidad, hay otro elemento asociado que también ha cambiado. Si el trabajo era la clave del progreso, y, por tanto, lo que daba sentido a las vidas de aquellas personas que querían construir un futuro más justo por sus hijos e hijas, ahora ha perdido parte de la importancia que tenía en esta ecuación. Por supuesto que el trabajo sigue siendo fundamental en nuestras sociedades -principalmente si no se ha nacido rico- pero un nuevo valor va situándose cada vez más en el centro: el tiempo. Tiempo para decidir qué hacer con la vida de uno mismo, especialmente. Así, el progreso de hoy busca ampliar el tiempo de las personas, y esto pasa, precisamente, por dosificar el trabajo y reducir la jornada laboral, lo que sería un cambio completo en la identidad del progresismo. De todos modos, para ser progresista hay creer en la necesidad de construir un mundo más justo e igualitario. Un mundo que evidentemente está cambiando.
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