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Opinión | Tribuna

Aquellas primaveras de entonces en Orihuela

Aquellas primaveras de entonces en Orihuela.

Aquellas primaveras de entonces en Orihuela.

Todos los años, al comienzo de la primavera, me vienen a la memoria y a los sentidos, esas fechas en Orihuela.

Recuerdos de mi más tierna infancia, cuando en mi casa de la calle del Horno, cerca de la cuesta del Seminario, donde me crié, en los albores de la primavera se escuchaban el sonido de los ensayos de las bandas en los patios del colegio Oratorio Festivo, ecos que se entremezclaban con la algarabía que formaban la legión de golondrinas que regresaban a sus nidos en las balconadas de las casas colindantes, y hasta los desafines de las cornetas de los nuevos educandos que llegaban hasta nuestros oídos, pero con el paso de los  días, bajo la experta dirección del maestro Bonillo y la atenta mirada del padre D. Antonio Roda, se observaba el progreso hasta llegar a ser aquellos aspirantes unos meritorios cornetas y tambores preparados para los desfiles procesionales de la Semana Santa.

Aquellos aromas que emanaban de la huerta impregnando toda la ciudad de azahar. También, recuerdos de aquella afición de niños y adolescentes de volar las «milochas» (cometas) en el monte de San Miguel aprovechando la brisa de la sierra que, reunía todas las condiciones meteorológicas para ese juego-deporte. 

En los días cercanos ya a la Semana Santa, en la serenidad de la noche, cómo llegaba hasta mis oídos el canto de la Pasión que entonaban por calles y plazas, anunciando ya la hebdómada grande.

Y cómo olvidarme de aquellos juegos infantiles practicados, incluso, por adolescentes: el marro, la peonza –llamada también en la jerga oriolana «trompa»–, píndola, las bolas o canicas (…)

Y con la primavera, no podía faltar también la visita a esas planicies inclinadas de la sierra, que nos servían de tobogán denominadas por los oriolanos las rejullaeras. Había dos importantes, una en el paraje denominado Malguarte, y otra en las proximidades de la cueva del Tío Paco, siempre abarrotadas de niños.

En fin, no quería dejar pasar el comienzo de La Primavera, estación del año que, como decía al principio, me trae muchos y buenos recuerdos de mi niñez y adolescencia en mi querida Orihuela.

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