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Opinión | Tribuna

Laura Soler Azorín

Laura Soler Azorín

Laura Soler Azorín es diputada autonómica por Alicante del PSPV-PSOE

Las telenovelas y Mario Vargas Llosa

Vargas Llosa, en su casa de Madrid.

Vargas Llosa, en su casa de Madrid. / David Castro

Estos días, la literatura hispanoamericana está de luto, pues ha muerto uno de los grandes escritores más importantes e impactantes a nivel global en español: Mario Vargas Llosa. Y como siempre me gusta decir, más allá de su ideología, que, como os imaginaréis, dista mucho de la mía, nadie puede dejar de admirar su indiscutible pluma a la hora de narrar historias, que lo llevaron a la cumbre ganando el Premio Nobel en 2010. Pero, dicho esto, me voy a adentrar en una de sus novelas más polémicas, pero con tintes autobiográficos, como fue La tía Julia y el escribidor, donde narra, entre realidad y ficción, su historia de amor de juventud con la tía Julia, su primera esposa, divorciada y mucho mayor que él. En la vida real, ella le abrió un camino en el ámbito literario que lo ayudó a consolidarse como escritor y a vivir sus primeros años de gloria junto a ella.

Después de su separación, tras 11 años de matrimonio, él escribió La tía Julia y el escribidor, narrando una historia de ficción entre el escritor Marito y Julia. Y cuyo fondo narrativo, más allá de la diferencia de edad entre ambos, era la lucha del protagonista por lograr ser un escritor de renombre frente a Pedro Camacho, que era escritor de radioteatro y cuya labor consistía en escribir por peso y a tiempo bajo presión, frente a la seriedad que Marito quería otorgarle a la escritura, pero cuyo éxito, en un inicio, lograba únicamente Vargas, pues hacía lo que el público demandaba.

Esta novela, en el fondo, acaba siendo un equilibrio entre lo popular socialmente aceptado y la cultura de élite, alejada de las masas que se podía considerar el Radioteatro. Una especie de «apocalípticos e integrados» de Umberto Eco extrapolado a la ficción. Pues bien, tiempo después de su separación y de la publicación del libro, surgió la oportunidad de realizar una telenovela con este guion, y fue en 1981 cuando la famosa productora colombiana RTI y una productora peruana produjeron una teleserie de 101 capítulos que tuvo buena acogida por el público y que fue retransmitida en breve tiempo dos veces por la cadena pública del país andino. Como curiosidad, os cuento que uno de sus protagonistas fue Pepe Camacho, que 14 años después fue el director de la popular telenovela Café con aroma de mujer de Fernando Gaitán. Y cuya temática es más conocida por una nueva versión de esta telenovela que fue realizada hace poco tiempo en Netflix, siendo un gran éxito en la plataforma y permitiendo la vuelta de este género tan denostado, pero tan admirado y seguido por tantos espectadores a lo largo del tiempo, nuevamente como fenómeno de masas.

Lo curioso de todo esto es que, después de la retransmisión de la telenovela, Julia Urquidi se sintió interpelada ante la retransmisión de esta ficción, basada en su vida con el escritor, donde ella era «la mala». Por esta razón, escribe el libro Lo que Varguitas no dijo, contando su propia versión de la historia y reivindicándose en cierta forma. Al parecer, Vargas Llosa trató de evitar la publicación de este libro a toda costa y, como no lo logró, redujo al máximo su distribución para que la versión de la tía Julia no llegara al gran público alrededor del mundo.

Pero como la realidad siempre supera la ficción, gracias a Internet este libro ha sido recuperado y puede leerse o, mejor dicho, escucharse fácilmente en YouTube.

Al mismo tiempo, sería interesante la retransmisión a nivel global de esa vieja telenovela colombiana, pues permitiría al espectador curioso, como yo, cerrar el ciclo de esta historia que, al igual que las telenovelas, nadie ve, pero todo el mundo mira. Para una persona como yo con una tesis doctoral a cuestas sobre el tema es impactante haber encontrado una reliquia televisiva así digna de dar a conocer, junto a otras dos series televisivas basadas en sus novelas, de las que hablaré otro día El chivo y Travesuras de la niña mala. Ahora falta que, como telespectadores curiosos, nos/me den la oportunidad de ver la telenovela La tía Julia y el escribidor, la esperamos. Gracias, Mario, por estas historias que reeleremos siempre.

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