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Opinión | El teleadicto

Piropos justos

Carlos Hipólito, en "Oceanía".

Carlos Hipólito, en "Oceanía".

Cayetana Guillén Cuervo realiza un verdadero homenaje a cada uno de los invitados que acuden a Atención obras. No se trata de regalar el oído. Y si no, vean la última entrega donde quien estuvo sentado en el sillón rojo fue el actor Carlos Hipólito. Nunca la expresión "bien hallada" se pronuncia con tanta justeza, puesto que el invitado afronta una entrevista que en sí misma se convierte en un homenaje sentido. El curriculum de Hipólito es impresionante. En cuarenta años de carrera profesional ha interpretado todos los registros, e imprimiendo una personalidad propia. Ese detalle es el que separa a los grandes del resto.

El mayor reto de su carrera fue precisamente el de Historia de un caballo, no por el hecho de tener que encarnar a un equino, sino por la responsabilidad de haber visto en ese rol a José María Rodero tres lustros atrás. Ese sí era el más grande entre los grandes.

Carlos Hipólito siempre supo imprimir savoir faire a cada una de sus composiciones. Algunas ya son páginas imprescindibles del teatro español contemporáneo. Vayan como ejemplos la primera versión de Arte, de Yasmina Reza; el musical Follies, de Stephen Sondheim; el monólogo Oceanía, una especie de memorias dramatizadas del escenógrafo Gerardo Vera; Todos eran mis hijos o el musical Billy Eliot.

Por eso no es de extrañar que Cayetana Guillén Cuervo (a la sazón, presidenta de la Academia de las Artes Escénicas), le dedicase unas palabras preciosas. "Mira que eres buen actor. Es que no hay una palabra que no sueltes con una categoría especial". A lo que Hipólito devolvió la cortesía narrando con la voz de Carlitos Alcántara el placer que le suponía haber pasado por el emblemático programa cultural. Pequeños placeres que todavía nos da la televisión.

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