Opinión
Benidorm: ojito con demonizar al turismo británico
El sector turístico arranca la temporada mirando al cielo de Londres y a la desestabilización social y económica generada por las guerras y Trump. Junio no fue el de 2024 y quedan aún muchas camas por vender para julio y agosto

Rafa Arjones
Arranca hoy la temporada alta en el sector turístico de la Costa Blanca y pese a que todos los análisis previos auguran un verano espectacular para esta estación, que en la provincia se extiende hasta pasadas las fiestas de Benidorm, también se han detectado algunas señales que invitan a la reflexión, centradas en el turismo británico. Junio no ha sido el mes esperado y julio y agosto, de momento, están por debajo del nivel de reservas del verano pasado. ¿Motivos? Todo ha subido de precio, los ingleses gozan de un tiempo envidiable en las islas (a ver si lo gurús del cambio climático no van tan despistados, y Turquía sigue tirando precios. ¿Alarma? No, pero ojo con los británicos porque si este turismo estornuda, la Costa Blanca y sobre todo Benidorm, se resfrían fijo. Baleares ya ha detectado, entre otros factores, que en Gran Bretaña existe cierta percepción de que sus turistas no son bien recibidos. ¿Aviso a navegantes?
El descontrol de la energía y de las materias primas, provocado por las invasiones de Ucrania y Gaza y las ocurrencias de Trump han disparado en los últimos meses los precios y provocado una importante pérdida del poder adquisitivo de los británicos que, en consecuencia, reducen sus presupuestos para gastar. El 70% de los ingleses ha suprimido el dinero que consumían comiendo en restaurantes, mientras que un 60% asegura que reducirá este año su gasto en ropa. Y al final, por mucho que en la Costa Blanca estén como en casa, e incluso les salga la vida más barata en verano que encendiendo el aire acondicionado (los que lo tienen en su casa), la temporada alta que arranca ahora, sobre todo julio y agosto, no va a ser tan espectacular para el sector. La principal preocupación del ciudadano británico, como la del español, en este momento es económica. En concreto, llegar a final de mes. La inflación golpea donde más duele.
Cierto es que el hecho de que destinos como la Costa Blanca y, sobre todo Benidorm, continúen entre los lugares del mundo con mejor relación calidad/precio para los turistas han consolidado a la provincia como un lugar refugio para las vacaciones en medio de la tempestad económica. Pero que a nadie se le escape que Turquía, Grecia y el norte de África vuelven a estar con fuerza en el mercado y ya ha tenido consecuencias en el sector provincial durante el mes de junio, con descenso de hasta diez puntos en la llegada de turistas británicos en relación al mismo mes de 2024
Muchas cosas han cambiado desde que a principios de los años 70 del siglo XX un grupo de emprendedores, apoyados por los turoperadores, se lanzara a la transformación de bancales en hoteles para crear la Florida europea, aunque hasta ahora solo el covid consiguió detener al sector turístico. Pero, aunque se remontó, y esté más que demostrado que en la provincia de Alicante sabemos hacer un turismo de calidad, el sector todavía ha de permanecer alerta, pues afrontamos el verano con la incertidumbre de saber cuál será el comportamiento de los turistas ingleses hasta, al menos, el próximo otoño
Algunos de los buenos ratos que me ha regalado mi trabajo a lo largo de los años pulsando la actualidad turística de la provincia de Alicante se produjeron al sentarme con un café, una cerveza o, simplemente, una botella de agua frente a José María Caballé. El empresario es uno de los pioneros del desarrollo turístico de la Costa Blanca y Benidorm, y de cualquier conversación con él, por corta que sea, se aprende. El presidente de la cadena Servigroup llegó a estas tierras, como tantos españoles, buscando un futuro, y nunca olvida esa primera mañana del otoño de 1969 en la que se despertó en Benidorm. Subió la persiana del apartamento en el que había pernoctado, y se topó de bruces con esa luz imponente de las que pocas ciudades europeas pueden presumir. Esa mañana decidió quedarse para siempre y con sus socios comenzó algo así como "la conquista de oeste", contribuyendo a levantar el municipio turístico más popular de Europa: Benidorm. Esa ciudad en la que cabe todo el mundo y, por supuesto, los turistas británicos se sienten como en casa. En estos últimos 50 años los ingleses solo han dejado de venir cuando así lo obligaron las restricciones impuestas frente al covid pero desde junio se observa una ralentización
Vienen con la camiseta de su equipo y sus cánticos jaleando a sus equipos en la zona guiri de Benidorm, quizá fastidien la siesta a más de uno, pero que nos sigan eligiendo sigue siendo una gran noticia. El turista británico ha sido, es y será clave para explicar el fenómeno turístico de la Costa Blanca, y, no digamos, de Benidorm, pero el modelo necesita dar el paso definitivo hacia una revisión antes de que sea tarde.
El apego de los británicos es tal, que muchos llegan a identificar sus vacaciones en España con el solo hecho de haber pasado un par de semanas en Benidorm. La mayoría procede de los cinturones industriales de Manchester, Liverpool y Londres , pero prácticamente se puede afirmar que no hay ciudad inglesa que no tenga un aeropuerto cercano con conexiones directas con la provincia
De ahí que uno no entiende que se demonice a un turista sin el que, por ejemplo, el aeropuerto no sería esa “fábrica” en la que trabajan tres mil personas, con buenos y malos turnos pero sacándose un jornal. Lo digo por esos discursos tiznados de “turismofobia”. De la memoria no se ha borrado, por ejemplo, aquel mensaje que lanzó hace ya casi cuatro años alguna mente privilegiada de las que entonces estaba en el Consell (ignoro si seguirá) cuando a pocas semanas para la Semana Santa se le ocurrió lanzar una campaña en la mismísima comunidad de Madrid invitando a los madrileños a quedarse en casa y no pisar la playa de San Juan, Benidorm o Torrevieja. Menos mal que la realidad y el sentido común al final suelen imponerse al politiqueo barato. En la la provincia de Alicante nunca sobra nadie, ni siquiera aquellos que nos niegan el agua, de actualidad permanente y básica para el turismo.
Hace ya bastantes años, en el que fuera mi primer viaje a Londres, una de las visitas obligadas era pasarse por la Torre de Londres y toparse con esos populares guardas de la antigua cárcel. Obligada la visita y obligada la fotografía junto a esos simpáticos personajes. Una vez inmortalizada la instantánea, el hombre nos preguntó de dónde veníamos. Cuando respondimos España, el “beefeater” no nos preguntó si de Madrid, Sevilla, Barcelona o Bilbao. Simplemente se le iluminó la cara y exclamó: ¡Benidorm!, hermoso lugar. Seguro que alguno de ellos ha disfrutado de la Fancy Dress Party, de los pubs de la calle Mallorca, o sencillamente, de unas cervezas heladas en la piscina de su hotel porque, créanme, algunos ni pisan la playa. Qué quieren que les diga, pues que así siga. Así que controlemos esa percepción de que no les queremos que ya ha llegado a Baleares. Con Dubai no vamos a competir, pero con Turquía podemos y debemos.
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