Opinión | Sin aspereza
Nos sobran los motivos

Para ver este vídeo suscríbete a Información o inicia sesión si ya eres suscriptor
Suscríbete¿Ya eres premium? Inicia tu sesión aquí aquí
Sabina en su penúltimo concierto en Alicante / Rafa Arjones
Teníamos el cuerpo hecho a «ese amor por quien llora su hija/ese ladrón que os desvalija de su amor soy yo, señora», al recuerdo del día en que «nos fuimos a bañar/aquel agua tan fría/y tu forma de nadar en el río aquel» suplicando que «no te demores, no sea que llegues a la hora al almacén/llámame el día que puedas/date prisa, que ya son las cuatro y diez», sin olvidar que «yo no te pido que me bajes una estrella azul/solo te pido que mi espacio llenes con tu luz».
Por entonces un bala perdida, que había salido por piernas de la ciénaga interior, andaba dando tumbos en Londres. Muerta la rabia cogió el petate y se las ingenió para volver en busca de los pasos perdidos. Clavó los tacones con decisión y abrió el barril de tinta. De la mano del arsenal compuesto a punto de explotar emprendió la ruta. Se juntó con otros de la especie y desenfundaron las seis cuerdas en tugurios que nadie sabía si adonde llevaban era a ninguna parte. Sonó algo más que la flauta y desde el sótano salieron despedidos hacia trayectos impensables a bordo de algún que otro programa de culto. Quiso mudarse al barrio de la alegría, pero fue en el número siete de la calle Melancolía desde donde nos atrapó en su enredadera subiéndose al carro de los de los juglares y trovadores que le precedieron y de ese modo puso fin al viaje en sucios trenes que iban hacia el norte.
En costumbres, como diría uno de sus colegas íntimos, no resultaba un buen ejemplo para los niños. Ni lo pretendía. Y sin embargo, con la maestría acumulada en delicados momentos, recogía a los talluditos cuando se arrastraban, los acompañaba, cantaba las verdades por peteneras, hacía que se balancearan entre estrofas, los llevaba del otoño a la primavera y viceversa bajándoles y subiéndoles el ánimo hasta alcanzar la luna plena. Una tras otra, las composiciones del hombre del traje gris, que en absoluto salen del bombín, iban convirtiéndose en animales de compañía. Una droga cómo no. La de una poesía, hijo mío, que agita los sentidos.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Generalitat impulsa la demolición del chalé ilegal de Cabezo Mortero en el corazón de Sierra de Escalona de San Miguel de Salinas
- Absueltos siete acusados de tráfico de drogas al declarar ilegal el registro de una nave en San Vicente donde había marihuana
- La posidonia de Santa Pola se convertirá en ingrediente para el sector cosmético
- Personas vinculadas al promotor de la cooperativa se repartieron la mitad de los áticos protegidos de Les Naus en Alicante
- Muere un conductor tras caer de una moto y ser arrollado por varios vehículos en Alicante
- Alfonso Muñoz, funcionario de la Seguridad Social: “La pensión de jubilación hay que solicitarla, no se concede automáticamente”
- El retraso en la urbanización del macroproyecto de La Hoya en Torrevieja deja en el aire la construcción de 775 viviendas protegidas del Plan Vive
- La primera piscifactoría de lecholas terrestre del mundo empieza a funcionar en Alicante
