Opinión | Palabras gruesas

Doctor en Sociología y Analista Político
Sociología política de la suciedad en Alicante

INFORMACIÓNTV
La ciudad de Alicante tiene, desde hace tiempo, un serio problema de suciedad que con el paso del tiempo, el aumento de su población y la turistificación no ha parado de aumentar, alcanzando su máximo nivel de visibilidad e incomodidad durante los veranos, cuando las altas temperaturas en una ciudad reseca por la falta de lluvias, junto a deficiencias crónicas en los servicios agravan la situación. Es algo que cualquier vecino reconoce, viva donde viva, y de lo que se asombran quienes nos visitan al contemplar situaciones de porquería impensables en otros lugares.
Pero el primer paso para poder resolver un problema es reconocerlo, algo que niega en este caso quien gobierna la ciudad, al rechazar con cinismo lo que se contempla en cualquiera de sus calles y barrios. De hecho, el gobierno municipal del PP, por boca de su concejal de Limpieza, Manuel Villar, acaba de asegurar tras la primera manifestación vecinal celebrada ante las puertas del Ayuntamiento reclamando más limpieza que el servicio que se presta “está en orden”. Y así van pasando los años, con una ciudad cada vez más degradada, inhóspita y mugrienta.
Mientras el alcalde y su equipo de gobierno municipal no asuman la necesidad de una estrategia municipal de limpieza distinta para Alicante que con carácter multidisciplinar sea capaz de revisar a fondo el ciclo completo en todas sus fases y participantes, delimitando e identificando la responsabilidad de cada uno de los actores que intervienen, el problema de la suciedad en Alicante no mejorará. Y no parece que vaya a suceder porque desde el Ayuntamiento son incapaces de comprender, en toda su dimensión, la magnitud del problema y los factores que intervienen en el mismo.
En todas las ciudades, las contratas de limpieza son las más costosas para el presupuesto municipal, adjudicándolas a importantes consorcios por un largo período de tiempo. Se privatiza la prestación de un servicio a cambio de cantidades muy elevadas de dinero que, en el caso de Alicante, se concedió a la UTE Netial (FCC y PreZero) por un importe de 323 millones de euros para ocho años. El poder de estas contratas es tan grande que los equipos municipales están en sus manos durante este tiempo, siendo complicado intervenir en su ejecución si no hay un estrecho control y seguimiento, algo que en Alicante no sucede. Basta con ver la exigua nómina de inspectores.
Al mismo tiempo, desde el Ayuntamiento se ha aprobado una Ordenanza de Limpieza redactada de espaldas a la realidad y sin medios para su implantación, vigilancia y sanción. ¿De qué sirven ordenanzas sin capacidad ni medios para su ejecución? Son simples brindis al sol, como sucede en Alicante con esta normativa. El problema en Alicante no es solo que se limpie poco sino que se ensucia demasiado. Diariamente se pueden contemplar situaciones increíbles de incivismo que no se ven en ningún otra ciudad en materia de vertidos, suciedad y acumulación de todo tipo de porquería y excrementos en nuestras calles que forman parte del paisaje alicantino. Como ejemplo, no puede ser que si a un chaval le pillan con un cigarro de maría en el bolsillo le impongan una sanción administrativa de 601 a 10.400 euros, pero si el mismo chaval ensucia, vandaliza y estropea bancos, parques y juegos infantiles semana tras semana, dejándolos como un estercolero, no pase nada porque jamás nadie le sancionará y todos vean como normal que los servicios municipales de limpieza tengan que retirar la basura que arroja día tras día.
Por si todo ello fuera poco, la derecha que nos gobierna busca el individualismo promoviendo un capitalismo de desigualdad que vacía de competencias y sentido todo lo público. Por eso no les importa la destrucción de espacios comunes, trasvasando competencias desde las instituciones públicas a las empresas privadas junto a reducciones de impuestos, para dejar a las administraciones que gobiernan en los huesos con el falso mantra de que donde mejor está el dinero es en los bolsillos particulares. Todo ello rompe con las dinámicas de solidaridad social, de cuidado de lo público, de preocupación sobre los espacios de todos, dinamitando la construcción de una pedagogía de aprecio y atención sobre lo que compartimos. Y esto afecta, también, a la limpieza, aseo y cuidado de la ciudad.
Desde el mismo Ayuntamiento que debería mantener el máximo esmero hacia toda la ciudad, sus calles, plazas y espacios comunes, velando por su escrupulosa conservación, hay una política deliberada de abandono, dejadez y desidia que se observa con pasear y ver el grado de deterioro al que está sometida, pudiendo comprobar la falta de atención y de mantenimiento en lo más elemental. Si nuestro Ayuntamiento maltrata Alicante hasta extremos inconcebibles, los vecinos que ven y conviven con tanta desidia institucional tampoco sienten la obligación moral de amar una ciudad tan lastimada por la institución que debería dar ejemplo en su cuidado. Y por ello, tantas personas que ven una ciudad tan maltrecha desde hace tanto tiempo, tampoco la sienten como suya y no les importa ensuciarla. Años de destrozar el sentido de lo público y el orgullo de lo común tiene como resultado que muchos vecinos no sienten la ciudad, de puertas para afuera de sus casas, como algo colectivo que nos pertenece a todos y que todos tenemos que cuidar porque la máxima institución que debería dar ejemplo de ello no lo hace. Es una especie de sociología política del abandono y de la suciedad que se retroalimenta, fomentando calles sucias, malolientes y pegajosas, una sociología que nos interpela a todos y, en primer lugar, a quienes más obligaciones tienen.
De manera que nuestros responsables municipales deberían cambiar de estrategia, reconociendo la necesidad de mejorar el cuidado de la ciudad como paso fundamental para que la ciudadanía actúe con mayor civismo, aumentando así la calidad de vida y el bienestar en la ciudad.
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