Opinión | La curiosa impertinente
Octubre sin presupuestos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Eduardo Parra - Europa Press
Octubre es mes decadente o iniciático, según el grado de optimismo o pesimismo de cada cual. Mes de empezar el curso, cuadrar horarios, volver a Pilates, organizar actividades, programar viajes, renovar propósitos, apuntarse a cursos, rectificar o emprender lo que el año pasado se hizo mal o no se hizo. Mes de que se caiga el moreno, olvidar el verano, curarse de una vez el catarro playero, sacar la rebeca, poner la mantita, recoger el edredón de la tintorería, sustituir sandalias por botines y encender de vez en cuando el calefactor. Mes de olor a humedad en la ropa que no se seca, de trombas de agua, de alertas y de que no vuelva a pasar lo que pasó. Mes de cambiar los armarios, de la Hispanidad, de las tardes más cortas y de acabar con Halloween en vez de con Don Juan. Y es también el mes de los presupuestos generales del Estado.
Hoy, perdida toda credibilidad y sacrificada gran parte de su galanura, él vive en La Moncloa, donde se dice que también vivió su hermano mientras Hacienda lo situaba en Elvas
Parece casi seguro que el Gobierno por tercer año no va a presentarlos y que eso que tanto perturbaba al mucho más joven Sánchez, que siete años no es nada pero a la vez es mucho: «Sin presupuestos el gobierno no gobierna nada, que gobernar no es vivir en La Moncloa», decía cuando aún era guapísimo.
Hoy, perdida toda credibilidad y sacrificada gran parte de su galanura, él vive en La Moncloa, donde se dice que también vivió su hermano mientras Hacienda lo situaba en Elvas -qué poco investiga esta a los familiares del presidente y cuánto a cualquier angustiado ciudadano incluido el novio de la presidenta madrileña- ya no es octubre mes de Presupuestos, que estos eran indispensables cuando Rajoy, pero hoy no. Ahora lo esencial es el gobierno progresista y que no gobierne la derecha. Todo lo demás, cualquier imprevisto a los que nos tiene acostumbrados la experiencia más cercana, catástrofes naturales, apagones, deterioro de estructuras, crisis sanitarias, aumento sobrevenido en Defensa y demás lindezas solo el cielo -y Sánchez- saben cómo se financiarán.
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