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Opinión | En pocas palabras

Un caso singular

El alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez.

El alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez. / Perales Iborra

Lo del caso del alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez, es algo único. Mi negociado no es la política, pero hace años que sigo la evolución de este hombre joven y poderoso que ha sido capaz de ser presidente de la Diputación de Valencia, de crear un partido propio con el que alcanza unas mayorías insólitas, que es el marajá de la Vall de Albaida, y que gobernando una población de 34.000 habitantes (similar a Villena, la mitad que Elda y que Alcoy), tiene una capacidad de influencia insólita en la política valenciana.

Para demostrarlo, nada mejor que el termómetro que suponen las fiestas de moros y cristianos de la localidad, que se celebran el tercer fin de semana de agosto. La tribuna de autoridades desde donde se presencia el paso de las Entradas se asemeja a una sucursal de las Cortes Valencianas. Están todos los que son y son todos los que están. Ojo, que está representado el mapa político al completo. Cada formación envío a sus cabezas visibles. Si hay algún ministro valenciano en el gobierno, no faltará a la cita. A pesar de celebrarse en el mes de agosto.

Viendo estas imágenes uno se pregunta cómo es posible que desde Alicante no haya salido un político tan carismático. Alguien capaz de inspirar respeto con su sola presencia en las instituciones señeras del cap i casal. Comentaba uno de los políticos invitados a las pasadas fiestas en la retransmisión que de los desfiles hizo la televisión autonómica que Jorge Rodríguez era capaz de hacer independiente la comarca de la Vall de Albaida. No sé si es por eso, pero yo lo veo como la versión amable y valenciana de Puigdemont. Alguien a quien se mira con mucho respeto y cariño, pero con celo hacia sus movimientos tácticos.

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