Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | Tribuna

Integración escalonada: conjunción de CEU y facultades universitarias

Imagen aérea del campus de la UA

Imagen aérea del campus de la UA / Alex Dominguez

Inaugurado el 4 de noviembre de 1968, transcurrido un septenio, el Colegio Universitario de Alicante no solo se hallaba enteramente consolidado sino que había más que duplicado su oferta, al añadir a las divisiones iniciales de Filosofía y Letras y Ciencias las de Derecho, Medicina y Ciencias Económicas. Por entonces, en cumplimiento y desarrollo de la disposición final cuarta de la Ley 22/1972, por la que se aprobó el III Plan de Desarrollo, el decreto 2219/1975, de 23 de agosto, dispuso la creación en Alicante, dependientes de la Universidad de Valencia, de una Facultad de Ciencias, limitada en principio a una Sección de Químicas, y de otra de Filosofía y Letras, que comenzaría impartiendo los estudios de Geografía e Historia y Filología.

Regía en esas fechas la universidad española el ministerio de Cruz Martínez Esteruelas, con gestores del prestigio de Federico Mayor Zaragoza, como Subsecretario y, en calidad de Director General de Universidades, Felipe Lucena Conde; con anterioridad, habían desempeñado destacadamente los rectorados de las universidades de Granada y Salamanca respectivamente.

Por desgracia, la coyuntura económica distaba de ser favorable, de manera que se pretendía crear los nuevos centros con el menor coste posible. Este obligado planteamiento restrictivo motivó que la absorción de las correspondientes divisiones del Colegio Universitario no se hiciera de una sola vez, sino de forma escalonada y gradual, durante tres años académicos: en 1975-1976 las Facultades recibieron primer curso e implantaron cuarto; el año académico siguiente acogieron segundo curso e incorporaron quinto y último curso de ambas licenciaturas; finalmente, en 1977-1978 tercero, finalizando así la integración.

Suplementadas las retribuciones del profesorado contratado por el Patronato Alicantino de Estudios Superiores (PAES), las dos Facultades funcionaron, primordialmente, con encargos de curso y, en menor medida, ayudantías de clases prácticas. De entrada, en cada Facultad tan solo se dotó una cátedra: de Química Técnica (Ingeniería Química) en Ciencias y Geografía en Filosofía y Letras. Es de notar que aquellas cátedras universitarias diferían notoriamente de las actuales por su reducido número, procedimiento de acceso y relevancia administrativa.

Basten un par de referencias: el decreto-ley 5/1968, de 6 de junio, sobre medidas urgentes de reestructuración universitaria, cuyos cuatro primeros artículos creaban nuevas universidades (las Autónomas) en Madrid y Barcelona, la Universidad de Bilbao (luego del País Vasco), al tiempo que autorizaba el establecimiento de una Facultad universitaria en Santander, San Sebastián y Badajoz; y para atender todo ello, en particular las nuevas Universidades de Madrid (Facultades de Ciencias, Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales, Derecho, Filosofía y Letras y Medicina) y Barcelona (autorizando al Gobierno para determinar las Facultades que habrían de integrarla), el artículo 7º incrementaba en doscientas plazas la plantilla del Cuerpo de Catedráticos numerarios de Universidad. Por ello no puede extrañar que cuando se dotaron las dos cátedras universitarias, en 1975, para las Facultades alicantinas, las disponibles en la Dirección General de Universidades para el conjunto de España no excedieran de la quincena.

Cubiertas las cátedras de Ingeniería Química y Geografía por numerarios, ambos fueron nombrados, en 1976, Decanos en funciones de sus respectivas Facultades. Elegido en abril de ese año Rector de la Universidad de Valencia el Profesor Manuel Cobo del Rosal, resolvió designar un Vicerrector para el Campus Universitario de Alicante (San Vicente del Raspeig). Ha de subrayarse la trascendencia de esta decisión, en la medida que desbloqueaba la situación y suponía un paso firme e inequívoco en favor de la creación de la Universidad de Alicante, que se produciría cuando Cobo del Rosal desempeñaba, en octubre de 1979, la Subsecretaría del Ministerio de Universidades e Investigación y la Dirección General de Universidades el Profesor Vicente Gandía Gomar, que le había sucedido en el Rectorado de la Universidad de Valencia.

En junio de 1979 el claustro votó Rector al Vicerrector del Campus de Alicante Profesor Joaquín Colomer Sala, quien, al mes siguiente, nombró ya Vicerrector de Campus a un catedrático del mismo, que tan solo lo sería cuatro meses, al producirse, el 30 de octubre de 1979, la creación de la Universidad de Alicante. En el trienio inmediatamente anterior, desde octubre de 1976, figuraban como autoridades académicas en el Campus de Alicante (Rabasa, San Vicente del Raspeig) el Vicerrector de la Universidad de Valencia adscrito al Campus, los Decanos de las Facultades de Filosofía y Letras y Ciencias, el Director del Colegio Universitario -siempre un Catedrático numerario de Universidad- y los responsables de las Divisiones o Secciones de Filosofía y Letras, Ciencias, Derecho, Medicina y Ciencias Económicas del Colegio Universitario. Entre las autoridades académicas -mis recuerdos se remontan a octubre de 1976- imperó siempre armonía y cordialidad, sin discrepancias serias ni enfrentamientos.

Particularmente grata es la memoria de la convivencia y sana camaradería imperante en la Facultad de Filosofía y Letras, cuyo decanato tuve el honor de desempeñar de octubre de 1976 a julio de 1979, compartiendo decisiones con mi amigo Manuel Moragón Maestre, que había organizado y puesto en funcionamiento la División de Letras del Colegio Universitario. Me viene a la memoria el espíritu de hermandad con que se compartían los reducidos despachos en que se habían convertido las habitaciones de la antigua Residencia de suboficiales del clausurado aeropuerto militar de Rabasa.

Pedaladas por una buena causa en la UA

Pedaladas por una buena causa en la UA / Alex Domínguez

La solidaridad llegó al máximo cuando los profesores ubicados en el sector central del edificio hubieron de acoger en sus exiguas dependencias a los compañeros del ala derecha, cuya techumbre, rotas las vigas, amenazaba ruina. Afortunadamente, dado el excelente buen funcionamiento y cumplimiento enteramente satisfactorio de profesorado y personal de administración y servicios, los problemas más serios y urgentes que hube de enfrentar entre octubre de 1976 y enero de 1980, como Decano de Filosofía y Letras primero y más tarde Vicerrector de Campus, tuvieron por causa las carencias y deficiencias de infraestructura.

Nada más llegar, hube de enfrentar la grave preocupación e inaplazable urgencia que constituía el mal estado de la cubierta del edificio que albergaba la División de Letras del Colegio Universitario y a la recién creada Facultad de Filosofía y Letras. Al margen de un preocupante contratiempo meteorológico, el problema pudo resolverse en el menor tiempo posible: la mutación demanial de terrenos formalizada en 1975, que desafectó los casi 200.000 m2 atribuidos al Colegio Universitario del Ministerio del Aire y los adscribió al de Educación y Ciencia, hizo posible que, legalmente, el Rectorado de la Universidad de Valencia pudiera asignar 10.000.000 de pesetas para desmontar y renovar la referida techumbre.

Concluido el período lectivo, se procedió sin demora a retirar la cubierta dañada; todo iba según lo previsto hasta que junio de 1977 se reveló singularmente lluvioso. Uno de los días que, más que jarrear, llovía a mares, una de las señoras de la limpieza, María Dolores Amorós, "Fina" para nosotros, ejemplar y excedida siempre en el cumplimiento de sus obligaciones, sin indicación alguna, por su cuenta y riesgo, con impermeable y katiuskas, armada solo de un mocho, arreaba el agua escaleras abajo, para evitar que se acumulase y calase a la primera planta. Traigo aquí el episodio como muestra singular del extraordinario esfuerzo colectivo que, a despecho de todas las dificultades y carencias materiales, constituyó la sólida base sobre la que se asentaría la Universidad de Alicante.

Actuaciones de similar calidad y entidad se registraron en el ámbito docente e investigador. Una sobresaliente se produjo cuando, en el curso 1983-1984, la Facultad de Medicina de la Universidad de Alicante proporcionó a sus alumnos programas con especificación de la materia de cada hora lectiva y del profesor/a que la impartiría; sinceramente, no creo que quepa mayor organización docente, cuando el centro carecía aún de edificio propio. En efecto, el buen funcionamiento de una Facultad de Medicina no es cuestión esencial de instalaciones, aunque estas hayan de ser las mejores posibles; aspectos capitales son selección exigente al máximo del profesorado, planes de estudio actualizados y armónicos, amplia conexión asistencial y hospitalaria, con acabada y muy precisa organización docente.

La rápida consolidación y maduración de la Universidad de Alicante fue ampliamente tributaria de la realidad socioeconómica de la provincia, aportación básica del Colegio Universitario e incorporación de jóvenes y prestigiosos profesores foráneos. Asistidas y apoyadas las actividades docentes e investigadoras por una estructura administrativa eficaz e impecable; al frente de la cual se hallaba doña Fantina Sansano Falcó, la primera mujer que desempeñó la Gerencia de una universidad española, nombrada, con el mayor acierto y el mejor resultado, por su inteligencia, integridad, dedicación y lealtad, cuarenta y cinco años atrás.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents