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Opinión | Vuelva usted mañana

Quién da la vez para cobrar

Pedro Sánchez declaró la pasada semana en el Senado, otra máquina del “fango” para este señor que deja solo libre de toda mancha a las instituciones que domina.

Pero vamos a lo que interesa.

El derecho de defensa permite a cualquier investigado o a quien presume que puede llegar a serlo, idear sin límite coartadas que avalen su ajenidad respecto de hechos que presentan la apariencia de tipicidad penal. Y la práctica judicial está colmada de creativas inventivas que, aunque carecen de credibilidad, se articulan con ingenio, sin ser conscientes sus diseñadores de la fragilidad de sus argumentos y de que los jueces poseen un nivel de inteligencia y una profesionalidad que capta al detalle la estulticia. Algunos llegan a asumir como verdad lo que idean y caen en la trampa que ellos mismos se tienden.

Lo esencial en la defensa y la creatividad, dejando de lado el aspecto jurídico, es que se sostenga en hechos verosímiles, no en narraciones absurdas, esperpénticas y, sobre todo, no perder la dignidad, conservar el decoro y no dar lugar a la mofa y el escarnio en un país muy dado a ello.

Nuestro presidente, ajeno a todo, ignorante de todo, modelo de rectitud, aunque propenso a rodearse de los peores de la clase, ha caído en ese espacio de la pérdida de la memoria que tantos frutos concede ante quienes no la exigen, salvo la histórica o democrática, creada y reescrita para ser disciplinadamente repetida.

Y ha entrado de lleno en lo imperdonable, en el relato vulgar que vulgariza un partido centenario y un gobierno. Imaginar o ver la representación de un presidente del gobierno pasando por la caja de su partido o a un motorista llevándole a Moncloa ciento veintitrés con cuarenta euros de un almuerzo en acto de servicio, en monedas contantes y sonantes, es zafio. Que lo hagan ministros que pasan tickets de meriendas, penoso.

La imagen, propia de latitudes lejanas, aunque cercanas a estas prácticas, daña la razón y la autoridad moral de quienes así dicen actuar. Máxime si como se comenta -me suena un poco a chirigota, aunque en ese marco cutre todo es posible-, los perceptores recogían del suelo de bares y tabernas tickets para recibir en efectivo su importe. Y nadie controlaba la realidad que era fiscalizada, curioso, por los recolectores ambulantes de las facturas. Dos para Ábalos, una para Sánchez etc….

Primero dijeron que los justificantes de abonos en efectivo eran lícitos porque se trataba de cantidades con céntimos. Pero ahora, pillados in fraganti, dicen que sí, que cobraban de aquel modo, pero el ideólogo de la estrategia, sin mucho cuidado, ha evidenciado las sospechas de un posible blanqueo de capitales al tener que demostrar la tenencia de dinero en la caja.

Y para eso no se les ocurre otra operación que realizar un reintegro bancario de un millón de euros y llevarlo a la caja del partido. No pagaban por medio de transferencia a los que ya pagaban sus sueldos de este modo, sino que lo hacían en efectivo. Un procedimiento que se opone, precisamente, al argumento de tratarse de cantidades con céntimos, que son más difíciles de pagar en moneda que por medio de transferencia. Y todo ello, claro está, sin aportar los justificantes de los pagos cubiertos con ese millón de destino tan rudimentario en un partido que maneja cientos de millones.

A todo ello deben sumarse los casi doce millones obtenidos por el PSOE a través de micro créditos y donaciones de pequeñas cantidades. Una fortuna que tampoco han acreditado en su origen en una modalidad que suele el modo de ocultar fondos ilícitos en los delitos de blanqueo en el ámbito de los partidos políticos. Muy utilizado en países en los que Zapatero se mueve con gran soltura y donde hay cientos de procesos abiertos por esta causa. Donaciones de cantidades pequeñas en efectivo que hacen los militantes y cuyo origen es lo ilícito porque la donación no es tal, sino mero blanqueo de lo que se posee.

La alternativa, posible y que debe investigarse, a la luz de las sospechas sobre cantidades de origen aparentemente ilícito, es otra diferente a la que se expone, excesivamente forzada, difícilmente admisible como modo de conducta común y lógico, máxime en un entorno en el que se investigan hechos de corrupción que no pueden desligarse, en este momento, de comportamientos no transparentes.

El argumento defensivo, atolondrado, da para una película tipo Torrente. Poca imaginación y escasa sutileza en quienes dirigen el país.

Me quedo, resumiendo, con una escena esperpéntica, pero posible: decenas de ministros, cargos en general y asesores, haciendo cola en la caja para cobrar cantidades anecdóticas. ¿Quién es el último? Servidor. ¿Cuántos tickets traes tú hoy? Cuatro. Dos del McDonald´s; uno del bar de enfrente; y otro del chino de la esquina que me los guarda. Pero hombre, son todos de la misma hora y ese día estabas en Torrelodones. Nada. No pasa nada. Si los autorizo yo. Y traigo tres más para el presidente, aunque de mejor calidad, limpios y de sitios de más empaque. Es que sufre mal de amores y necesita mucho cariño.

Y luego hablan de lawfare. Es que por mucho que no se quiera es inevitable, por pura curiosidad morbosa, conocer este enredo. Y se conocerá con seguridad.

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