Opinión | Tribuna
Benidorm: Una "Fancy Dress Party" al trimestre
¿Qué nos queda para evitar el cierre de muchos hoteles y apartamentos de esos que no solían hacerlo antaño? Sí, guste más o menos a algunos, nos queda la baza de los visitantes británicos

La Fancy Dress Party vuelve un año más a Benidorm en su versión más salvaje / Rafa Arjones
Tres millones de turistas, 21 millones de pernoctaciones y un volumen de negocio de 3.500 millones de euros dejará este año el turismo británico en la provincia de Alicante. Ni en Marbella, ni en Tenerife, ni en Calviá, ni en Dubai: Benidorm. Este jueves, 30.000 británicos, siete mil llegados, como si tuviéramos un AVE aéreo con Gran Bretaña el día anterior, han vuelto a llenar la zona del Rincón de Loix en la 31 de edición de la Fancy Dress Party, ese festival de disfraces inspirado en el Mardi Gras de Nueva Orleans, único en el mundo que durante 24 horas convierte Benidorm en una especie de carnaval de Venecia y pone el punto y final a la temporada alta.
Ocupaciones del 90% de media para una ciudad que a partir de hoy entra en una especie de letargo hasta el paréntesis de la Navidad. ¿Qué nos queda para evitar el cierre de muchos hoteles y apartamentos de esos que no solían hacerlo antaño? Sí, guste más o menos a algunos, nos queda la baza de los visitantes británicos, un mercado potente, pero que aún se sitúa todavía un 10% por debajo de las cifras del recordado exitoso 2019 y que proviene de un país que, ojo, en recesión y con los tipos de interés por las nubes.
Afortunadamente, muchos de estos turistas son tan fieles a la Costa Blanca que prefieren priorizar sus vacaciones en nuestra tierra a renovar el vestuario o salir a comer o a cenar en sus ciudades de origen. Por eso digo que, sin ellos, este próximo invierno volverá a tener sus altibajos
El descontrol de la energía y de las materias primas ha disparado los precios y provocado una importante pérdida del poder adquisitivo de los británicos que, en consecuencia, reducen sus presupuestos para gastar.
El 70% de los ingleses ha suprimido el dinero que consumían comiendo en restaurantes, mientras que un 60% asegura que reducirá este año su gasto en ropa de invierno y al final, por mucho que en la Costa Blanca estén como en casa e incluso les salga la vida más barata que encendiendo la calefacción de su casa y comprando en su supermercado de confianza, el invierno turístico que arranca ahora no será fácil para el sector, como lo demuestra el hecho de que la principal preocupación del ciudadano británico en este momento sea económica. En concreto, llegar a final de mes.
La inflación golpea donde más duele. Por ejemplo, el kétchup, salsa clave en la dieta de los ingleses, ha subido un 57% -perdonen la ironía- y las familias son de media unos 2.500 euros al año más pobres, la mayor caída de la calidad de vida desde mediados del siglo XX.
El hecho de que destinos como la Costa Blanca y, sobre todo Benidorm, continúen entre los lugares del mundo con mejor relación calidad/precio han consolidado a la provincia como un lugar refugio para las vacaciones en medio de la tempestad económica. Pero que a nadie se le escape que Turquía y el norte de África vuelven a estar en el mercado y la posición privilegiada que ostentamos puede cambiar si nos dormimos de éxito.
El turista británico ha sido, es y será estratégico para explicar el fenómeno turístico de la provincia, y, no digamos, de Benidorm. El apego es tal que muchos llegan a identificar sus vacaciones en España con el solo hecho de haber pasado una semana en Benidorm. Y eso no quita que el modelo necesite dar el paso definitivo hacia una revisión antes de que sea tarde, algo que no solo se arregla con inteligencia artificial.
Porque no se puede mirar al futuro ignorando la trayectoria. Muchas cosas han cambiado desde que a principios de los años 70 del siglo XX un grupo de emprendedores, apoyados por los turoperadores, se lanzara a la transformación de bancales en hoteles para crear la Florida europea, pero hasta ahora solo el covid consiguió detenerla económica y psicológicamente aquel infausto marzo de 2020 en el que todo saltó por los aires e incluso hubo aviones británicos que se dieron la vuelta en pleno vuelo al conocer que el Gobierno español cerraba fronteras. Pero, aunque hemos conseguido remontar, y está más que demostrado que en la provincia de Alicante sabemos hacer un turismo de calidad, el sector todavía ha de permanecer alerta, pues vivimos en la incertidumbre de saber cuál será el comportamiento de los turistas ingleses hasta el próximo marzo. Es lo que hay.
Esta semana la cátedra Vectalia ha celebrado una jornada a caballo entre el transporte, los servicios y el turismo. ¿Llegaron los turistas para quedarse? La respuesta está clara y solo hay que acercarse a cualquier localidad de la franja costera de la provincia, desde Dénia a Pilar de la Horadada para comprobar que sí: Miles de personas llegadas de Gran Bretaña, el centro y norte de Europa atraídos por la luz y el buen tiempo que decidieron, deciden y decidirán quedarse en la Costa Blanca o en el interior porque no solo hace falta llegarse hasta Torrevieja o Altea. Residentes extranjeros hay hasta en Hondón de las Nieves en el corazón del Medio Vinalopó.
Pero ya no solo basta con el buen tiempo para asegurarnos los turistas e, incluso, elevar un poco más los precios. La calidad no se discute pero a ella hay que sumar otro tipo de ingredientes. Eventos como la “Fancy Dress Party” demuestran que cuando se hacen cosas pasan cosas y como sostenía el hotelero José María Caballé mientras contemplaba la marabunta de personas disfrazadas en torno al hotel Calypso. Habría que buscar la fórmula para que este evento se promocionara más y mejor por toda Europa. Añado: o que se buscara algo parecido cada trimestre sobre todo en temporada baja. Es lo que hay hasta que algún fabricante de coches eléctricos decida apostar por la provincia de Alicante para abrir una planta.
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